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24 de febrero de 2016
El moderno mercado de la espiritualidad y la evasión espiritual
2 de enero de 2015
No existen los pensamientos iluminados - Adyashanti
Buda mismo dijo que todos los dharmas están vacíos. Los dharmas son las enseñanzas, las verdades mismas que él enseñaba. Una de las verdades que decía es que todos los dharmas, todas esas verdades que contaba a sus discípulos, estaban vacías.
La verdad de quién eres está mucho más allá de incluso los mayores dharmas, los mayores sutras, las mayores ideas que jamás se puedan decir, escribir o leer.
Internamente esto se experimenta como destrucción. Suelo decir a la gente que no se equivoque: la iluminación es un proceso destructivo.
No tiene nada que ver con ser mejor, ni con ser más o menos feliz. La iluminación es el desmoronamiento de la no-verdad. Es mirar más allá de la fachada del fingimiento, la completa erradicación de todo lo que imaginábamos que era verdad, desde nosotros mismos hasta el mundo. En este proceso descubrimos que incluso los mayores inventos de las grandes mentes de la historia humana no son sino sueños de niños. Empezamos a ver que todas las grandes filosofías y todos los grandes filósofos son parte del sueño.
El despertar en el plano mental es como abrir la cortina, como Dorothy en El Mago de Oz. Ella espera ver al Gran Oz, pero cuando se abre la cortina, el Gran Oz es un hombrecito que pulsa palancas. Ver la naturaleza de la mente es parecido. Es algo radical. No esperábamos ver que todo lo que considerábamos verdadero en realidad forma parte del estado onírico y mantiene dicho estado.
No existen los pensamientos iluminados. Ver esto puede ser un gran shock para nuestro sistema. De hecho, la mayoría de nosotros nos protegemos de esta verdad. Decimos que queremos la verdad, pero ¿la queremos realmente? Decimos que deseamos ver la realidad, pero cuando aparece, es muy diferente de lo que habíamos pensado. No encaja en nuestro contexto ni en nuestras imágenes. Es algo que está absolutamente más allá de ellos. Y no sólo eso, sino que en realidad destruye nuestra capacidad de ver el mundo como lo veíamos antes. Convierte nuestro mundo en escombros.
Cuando todo está dicho y hecho, no nos queda nada. Tenemos las manos totalmente vacías, no tenemos nada a lo que agarrarnos. Como dijo Jesús: «Los pájaros tienen sus nidos en los árboles y los zorros sus madrigueras en la tierra, pero el hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza». No hay concepto, no hay estructura de pensamiento en la que puedas descansar.
Cuando despertamos en el plano de la mente, empezamos a pensar: «Dios mío, mi manera de ver el mundo era totalmente imaginaria; literalmente estaba hecha de sueños. No tenía la menor base en la realidad. La forma de verme a mí mismo también era completamente imaginaria». No importa que te veas como iluminado o no, como bueno o malo, digno o indigno. La no división mental hace que todas estas estructuras del ego sean barridas completamente. Casi me resulta imposible expresar con coherencia lo completa que es esta destrucción del mundo mental. Es ver que no existe algo como un pensamiento verdadero y entenderlo en el plano más profundo, para ver que todos los modelos que creamos, incluso los espirituales y las enseñanzas, están literalmente hechos de sueños.
Adyashanti. El final de tu mundo.
26 de diciembre de 2014
¿Qué significa no estar dividido? - Adyashanti
28 de noviembre de 2014
Lo importante es soltar - Adyashanti
26 de noviembre de 2014
La sinceridad es la clave - Adyashanti
18 de octubre de 2013
LA DESAPARICION DEL PASADO (Adyashanti)
Pero ¿acaso no resulta muy evidente? Lo que ha pasado, aunque haya sido hace un segundo, ya no está pasando ahora ni volverá a pasar nunca. Lo que pasó hace un minutos, o hace una semana, o hace un mes, terminó casi tan pronto como pasó. Pero nosotros lo grabamos en nuestra mente, claro está. Nuestras mentes son semejantes a una grabadora, en el sentido de que graban el pasado y lo vuelven a reproducir en el presente. Pero lo que está reproduciendo la mente no es el pasado real mismo, sino una representación mental del pasado. Cuando dejamos de pensar, lo único que hay es el ahora. Para que existe el ayer tienes que evocar una idea del ayer; y cuando recordamos el ayer, cuando recordamos un momento del pasado, llegamos a creernos que existe de verdad. Peor todavía: ¡nos creemos que recordamos el pasado con exactitud! Pero todos los estudios que se han realizado sobre la memoria y sobre la exactitud con que recordamos los hechos pasados nos muestran que nuestras mentes empiezan a distorsionar el pasado casi desde el primer momento.
Si queremos encontrar un camino que nos lleve más allá del sufrimiento, tendremos que estudiar este sentido del yo que, en realidad, no es más que una colección de recuerdos que se proyectan, primero, en el momento presente, y después en el futuro. Tendremos que empezar a advertir que lo que pensamos que somos, en realidad no es más que eso, un pensamiento. Es imaginación. Ni nuestros pensamientos ni nuestra imaginación nos pueden decir quiénes somos.
El fin del sufrimiento. Adyashanti.
12 de agosto de 2013
The only price - Adyashanti
As soon as the mind pulls out an agenda and decides what needs to change, that's unreality. Life doesn't need to decide who's right and who's wrong. Life doesn't need to know the "right" way to go because it's going there anyway. Then you start to get a hint of why the mind, in a deep sense of liberation, tends to get very quiet. It doesn't have its job anymore. It has its usefulness, but it doesn't have its full-time occupation of sustaining an intricately fabricated house of cards.
This stillness of awareness is all there is. It's all one. This awareness and life are one thing, one movement, one happening, in this moment -- unfolding without reason, without goal, without direction. The ultimate state is ever present and always now. The only thing that makes it difficult to find that state and remain in that state is people wanting to retain their position in space and time. "I want to know where I'm going. I want to know if I've arrived. I want to know who to love and hate. I want to know. I don't really want to be; I want to know. Isn't enlightenment the ultimate state of knowing?" No. It's the ultimate state of being. The price is knowing.
This is the beautiful thing about the truth: ever-present, always here, totally free, given freely. It's already there. That which is ever-presently awake is free, free for the "being." But the only way that there's total and final absolute homecoming is when the humanness presents itself with the same unconditionality. Every time a human being touches into that unconditionality, it's such peace and fulfillment.
In your humanity, there's the natural expression of joy and love and compassion and caring and total unattachment. Those qualities instantly transmute into humanness when you touch into emptiness. Emptiness becomes love. That's the human experience of emptiness, that source, that ever-present awakeness. For the humanness to lay itself down -- your mind, your body, your hopes, your dreams, everything -- to lay itself down in the same unconditional manner in which awareness is ever present, only then is there the direct experience of unity, that you and the highest truth are really one thing. It expresses itself through your humanity, through openness, through love. The divine becomes human and the human becomes divine -- not in any "high and mighty" sense, but just in the sense of reality. That's the way it is.
The only price is all of our positions. The only price is that you stop paying a price.
19 de julio de 2013
La espiritualidad es estar dispuesto a caer de bruces - Adyashanti
ADYA: Es posible que no puedas hacer nada al respecto. Esto es lo que la gente evita más, ¿correcto? Dame algo; dame una enseñanza; dame algo de esperanza. Por supuesto, dentro de nosotros hay maneras totalmente inconscientes de aferrarnos, pautas de apego a las que no tenemos acceso. Tal vez no tengas acceso a ellas, punto. Fin de la historia. Eso es todo. Tendrás acceso a ello en el momento exacto en que debas tenerlo. Es posible que esto no nos guste. Es posible que a la gente no le guste oír esto, pero miremos nuestras vidas, no las filosofías o enseñanzas, lo que hemos elegido contarnos, ¿correcto?
Al menos en mi vida puedo mirar y ver que ha habido momentos en los que aún no tenía ciertas capacidades. Simplemente no estaban ahí. No tengo ni idea de qué podría haber hecho para sacarlas a la luz. En ciertos momentos, ni siquiera habría podido escuchar a alguien que me dijera cómo desarrollarlas.
Mi maestro me repitió ciertas cosas cientos de veces a lo largo de los años. Y sólo después de diez años llegué a pensar: “Oh... Ahora lo entiendo. Ahora ha calado en mí”. ¿Cómo iba a forzarlos diez años antes? ¿Podría haberlo forzado? No parece que pudiese haberlo hecho.
Es posible que esta no sea la enseñanza energetizante que buscabas, pero todo tiene su momento, todo tiene su lugar. El ego no controla lo que sucede. La vida controla lo que sucede. Insistir en que algo puede darnos el poder de manera inmediata para sumergirnos en nosotros mismos y ver todo lo que necesitamos ver para despertar es trabajar en sentido contrario a las experiencias de la gente.
Todo ocurre en su momento. Tú no lo controlas. Pero esto no es algo que queramos oír, ¿o sí? No es lo que nuestra mente desea. En general, queremos oír cosas que fortalezcan nuestra sensación de control. Y rechazamos radicalmente cualquier cosa que no fortalece nuestra sensación de control. Se lo digo a la gente constantemente. Cuando empiezas a aceptar lo que ves como verdadero -no lo que yo digo, sino tu experiencia- todo empieza a cambiar.
A veces las experiencias que apartamos de nosotros contienen las comprensiones más transformadoras y que más necesitamos. ¿Quién sospecharía que el hecho de ver que no hay nada, absolutamente nada que uno pueda hacer va a ser transformador? No se nos enseña a pensar así. Se nos enseña a evitar este conocimiento a toda costa. Incluso si forma parte de nuestra experiencia, año tras año, década tras década -incluso si continúas experimentando lo mismo una y otra vez- tienes el impulso de evitarlo, de no dejarlo entrar, de alejarlo. ¿Ves lo que digo?
Todos somos adictos. Verdaderamente todos somos adictos y lo que queremos es “estar colocados” y sentirnos libres. Es la misma dinámica. El alcohólico que trata de superar su adicción se da cuenta de que “no puedo hacer nada”. Mientras la persona continúe diciéndose: “Puedo hacer esto. Yo controlo. Puedo encontrar la manera de superar esto”, no va a ocurrir ninguna transformación. Tocar fondo no es más que salir de la negación. No puedo hacer nada y mira dónde estoy. Necesitamos tener un espejo delante de nosotros para poder ver lo que vemos.
Para mí, la espiritualidad es estar dispuesto a caer de bruces. Por eso, a mis discípulos les digo constantemente: “Mi camino era el camino del fracaso”. Todo lo que intenté fracasó. Eso no significa que el intento no tuviera un papel importante. El esfuerzo tuvo su papel. La lucha tuvo su papel.
Pero tuvo un papel porque me llevó al final. Bailé ese baile hasta que se acabó. Sin embargo, fracasé. Fracasé en el intento de meditar bien, de hallar la verdad. Todo aquello que usé para tener éxito espiritualmente fracasó. Pero en el momento del fracaso es cuando todo se abre.
(Entrevista a Adyashanti. pp 185-186. El final de tu mundo. Ed. Sirio).
12 de febrero de 2013
Tres modos de sufrimiento - Adyashanti
6 de febrero de 2013
Lo que tú eres es más fundamental que lo que dices que eres
18 de enero de 2013
¿QUÉ SOY YO EN REALIDAD?
Lo que se abre dentro de ti cuando estás dispuesto a asumir la posibilidad de que las cosas sean distintas de lo que creías es lo que yo llamo “el gran espacio interno”. Es el lugar donde llegas a saber que no sabes. Cuando eres consciente del hecho de que verdaderamente no sabes, has llegado al verdadero punto de entrada al final del sufrimiento. Quiero decir que eres consciente de que verdaderamente no sabes nada, de que verdaderamente no entiendes el mundo, de que verdaderamente no te entiendes con los demás ni te entiendes a ti mismo. Esto resulta muy evidente en cuanto dedicamos en serio un momento a mirar a nuestro alrededor. Cuando miramos el mundo que hemos creado los seres humanos, y cuando miramos cómo nos relacionamos unos con otros, resulta muy evidente que no sabemos nada en absoluto. Esa fue una de las cosas que vi cuando era niño: que este mundo de los adultos tiene algo de locura. Todos van por ahí haciendo como que saben las cosas de verdad, haciendo como que saben lo que es cierto y lo que no, que saben lo que es correcto o quién se equivoca; pero en realidad, nadie lo sabe de verdad. Ello, sin embargo, nos da miedo porque en realidad no queremos reconocer que nadie sabe nada de verdad.
Por otro lado, vemos que existe muy poca disposición por parte de la mayoría de nosotros a dejarnos afectar de esta manera. Pero si has sufrido lo suficiente (y me imagino que has sufrido bastante), entonces puede que sí estés dispuesto a dejarte afectar. Puede que tu sufrimiento te haya creado un anhelo de este gran espacio interno. Puede que estés dispuesto a abrirte a la idea de que quizá seas algo completamente distinto de lo que te imaginabas, de que los demás pueden ser completamente distintos de lo que tú creías, de que el mundo puede ser completamente distinto de lo que te habías imaginado nunca. El punto de partida, como siempre, eres tú mismo. Este es el punto de entrada. Porque, al fin y al cabo, este gran espacio interno está dentro de nosotros. Sin embargo, tenemos una tendencia a empezar por alguna otra persona. “¡Cambia! ¡Cambia tú, y entonces yo seré feliz!”. “Si cambia el mundo, seré feliz”. “Si cambia mi entorno, o cambia mi situación de trabajo, o cambia mi pareja, entonces seré feliz!”. Pero la verdad es que tenemos que empezar por nosotros mismos; no intentando “cambiarnos” a nosotros mismos, porque, si ni siquiera sabemos quienes somos, tampoco sabremos cómo cambiarnos. Lo primero que tenemos que mirar es nuestro propio yo, quién somos de verdad. Lo primero que tenemos que mirar es nuestro propio ser, quiénes somos de verdad. Antes de intentar cambiar nada de nosotros, debemos empezar por saber quiénes somos y qué somos; porque, al descubrir qué es lo que somos, pasamos a una dimensión de la conciencia que pone fin al sufrimiento innecesario.
De modo que empezamos a mirar hacia dentro de nosotros mismos, ahora mismo, en este mismo momento, estemos donde estemos. Yo estoy aquí sentado en un taburete, y en el lugar exacto donde estoy, cuando miro dentro de lo que soy, la verdad es que no lo sé. Descubro que soy un misterio insondable. Descubro que podría asignarle un nombre, que podría asignarme nombres de todo tipo, que podría proponer muchas descripciones de lo que soy; pero que, en realidad, todas ellas no son más que pensamientos. Cuando me asomo por debajo del velo del pensamiento, lo que descubro es que soy un misterio. En cierto sentido, desaparezco. Desaparezco en forma de pensamiento. Desaparezco en forma de persona imaginada. Lo que descubro es que, si soy alguien, soy un punto de consciencia que reconoce que todo lo que pienso sobre mi mismo no es en realidad lo que soy; reconozco que el próximo pensamiento que tenga no podría llegar a describirme de verdad.
¿Qué es lo que encuentras tú cuando te asomas por debajo del velo de tus pensamientos? ¿Qué es lo que descubres de verdad cuando te abres a algo que está más allá de tu mente? ¿Qué pasa cuando te quedas en calma e inquieres, sin limitarte a saltar al pensamiento siguiente? Pregúntate en silencio: “¿Qué soy yo en realidad?”. ¿No es ese un momento de quietud absoluta? ¿Y no eres completamente consciente de esa quietud? ¿Y no es evidente que, si no vamos a nuestras mentes, lo que somos es algo espacioso y de un misterio maravilloso, de un asombro maravilloso; que somos un punto quieto e inmóvil de consciencia y de conciencia? Dentro de esta conciencia, pueden aparecer muchos pensamientos, y de hecho aparecen. También pueden aparecer, y aparecen, muchas emociones, muchos modos en que nos podemos imaginar en nuestras mentes que sabemos. Pero en realidad todo es imaginación. ¿Cómo sabemos que todo es imaginación? Porque, cuando dejamos de imaginar, desaparece. Cuando dejamos de atribuirnos un nombre, el que creemos ser desaparece hasta que empezamos a atribuirnos un nombre de nuevo. Pero cuando nos detenemos y observamos, lo que resulta evidente es que no hay más que el acto de mirar, un espacio abierto de consciencia, y nada más; porque lo que hay a continuación no es más que el pensamiento siguiente.
pp 29-32 El fin del sufrimiento. Adyashanti. Gaia Ediciones 2012
19 de agosto de 2012
Entrevista a Adyashanti
14 de agosto de 2012
El despertar en el plano de la mente - Adyashanti
¿Qué significa experimentar la no división en la mente? Todos sabemos cómo es estar divididos en nuestra mente, que nuestros pensamientos estén en conflicto entre sí, que una parte de la mente diga: “Debería hacer esto”, y la otra parte diga: “No lo debería hacer”. Tener una mente dividida es tener una mente en conflicto consigo misma.
6 de agosto de 2012
Life itself holds up a mirror for our awakening
14 de julio de 2012
El fuego de la verdad - Adyashanti
En mi opinión, poner la tele y escuchar al tipo que más odies, al que más te provoque, es una estupenda práctica espiritual. Cuando veas a Dios ahí, estarás acercándote a la iluminación. Si tienes que apagar la televisión cada vez que le veas y te subes por las paredes de rabia, aún estarás muy lejos de conseguirla.
6 de julio de 2012
Sincerity Is The Key
www.adyashanti.org
11 de junio de 2012
Trascendence As Avoidance
Awakening can be the ground from which we meet every person and situation. It can be the ground from which we relate to all the circumstances of life. But this takes a lot of courage and a lot of fearlessness. It also takes something I continue to emphasize: a very simple sincerity. This kind of sincerity arises from that which loves the truth and sees that the truth is the greatest good.
To be anything less than real, to be in avoidance of anything at all, diminishes our experience of who we are. As I often say to my students, to be less than truthful with the people and situations in your life is to withhold the expression of who you are. In the end, we must come to see that truth itself is the highest good, that truth itself is the greatest expression and manifestation of love. Ultimately, love and truth are identical; they are like two sides of a coin. You can´t have truth without love, and you can´t have love without truth.
Awakening calls forth a transformation in both our interior and exterior lives. Again, please don´t think this transformation is about having the perfect life, the perfect job, the perfect mate, the perfect marriage, or the perfect friendship. This is not about perfection; it is about wholeness. It is not about having things exactly as we want them, but about having things exactly as they are. When we allow things to be, a sense of harmony develops; the gap between our realization and who we are as a human being gets smaller and smaller. A seamless continuum begins to emerge between realization and expression, awakening and its actualization.







