Ayahuasca

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24 de febrero de 2016

El moderno mercado de la espiritualidad y la evasión espiritual

En la cultura contemporánea existe tal cantidad de especialidades espirituales mal definidas, tal exceso de egos disfrazados de espiritualidad, tal abundancia de superficialidad y engaño que se hacen pasar por auténtica espiritualidad, que se ha vuelto cada vez más difícil identificar prácticas que sean verdaderamente legítimas y transformadoras. Una sociedad como la nuestra que busca la gratificación instantánea, es especialmente susceptible a promesas de autosuperación de “rápido apaño” y esto se extiende al mundo del progreso espiritual.


Es posible que muchos de nosotros nos encontremos ansiosos por escapar del continuo dolor de nuestras heridas no resueltas y necesidades insatisfechas a través de métodos que prometen librarnos de nuestro sufrimiento lo más fácil y mágicamente posible. 

Quienes somos propensos a la credulidad espiritual tendemos a confundir el escepticismo con el cinismo. Creemos que confiar en la gente es un estado espiritual más ideal, y nuestra falta de discernimiento tiene la desafortunada consecuencia de meter en el mismo saco tanto elementos descabellados como auténticos de la espiritualidad contemporánea.

Tenemos la tendencia a confundir amor con sentimentalismo, rabia con agresividad, compasión con lástima, ser amables con ser buenos, ser inteligentes con ser listos, la aceptación con la tolerancia exagerada y la receptividad con pasividad, sin límites saludables. Sin embargo, una vez que los crédulos espirituales se dan cuenta de la locura en la están pueden irse al otro extremo y tachar de charlatanes a la gran mayoría de quienes practican y enseñan la espiritualidad saliéndose de lo corriente. 

La credulidad espiritual supone un gran negocio en nuestra economía consumista. Lo queremos todo rápido, sea lo que sea lo que incluya ese “todo”. Quienes quieren hacer negocio a nuestra costa lo saben bien y basan su publicad en ello, contando con nuestra credulidad (que normalmente se adorna como “estar abiertos” o “ser receptivos”). Sus promesas son a menudo tan escandalosas como, por ejemplo, los eslóganes tipo “tú puedes manifestar lo que quieras” de los vendedores del pensamiento positivo. El hecho de que las recibamos sin cuestionarlas, e incluso con entusiasmo, demuestra una profunda ingenuidad impregnada con un anhelo de un mañana mejor con las mínimas molestias y dolor posibles. 

Es tal la abundancia de credulidad espiritual que existe en nuestra cultura que aquellos que se sientan atraídos a sacar provecho de ella pronto tendrán seguidores o una clientela que compre incondicionalmente lo que vendan, y eso tiende a reforzar la creencia de que son personas muy especiales. Quienes se ponen a la venta en el mercado de los crédulos espirituales no son, en su mayor parte, timadores, ya que por lo general, creen en si mismos y en lo que están haciendo. Hasta puede que consideren que sus más flagrantes manipulaciones no son más que pasos necesarios para ayudar a sanar a los demás. 

Sin embargo, el antídoto no consiste en volvernos recelosos o sentir repugnancia por la espiritualidad y la metafísica, sino en desarrollar un agudo sentido del discernimiento que no restrinja nuestra capacidad de abrirnos al mundo. 

La idea de que creamos nuestra propia realidad y podemos controlar todos los aspectos de nuestra vida solo con desearlo con la suficiente fuerza se ha popularizado a través de gran parte de la espiritualidad de la Nueva Era, sobre todo a través del evangelio de la conciencia de la prosperidad y las leyes de la atracción, difundido en libros como El Secreto. Pero no deberíamos subestimar la parte sombría de estos conceptos flamantes de “puedes tenerlo todo”: han engendrado creencias como la noción de que somos completamente responsables de nuestra enfermedad o de cualquier otra cosa que nos suceda, simplemente, porque nosotros, y solo nosotros, lo hemos creado. 

Quienes se aferran a semejante sistema de creencias se dejan muy poco espacio de maniobra cuando descubren que tienen una enfermedad seria: creen que son ellos los que han hecho que se manifieste, que son responsables de la misma. Esto genera unas potentes contradicciones para la aparición de la culpabilidad. En lugar de investigar a fondo la naturaleza de nuestra enfermedad, podemos quedar aún más debilitados por la culpabilidad que sentimos por haberla creado.

La creencia de que nosotros creamos literalmente nuestra realidad conlleva a menudo una cierta grandiosidad, al atribuir sin ningún sentido crítico un poder desmesurado o imposible a nuestra capacidad para desear, querer e imaginar. Los practicantes espirituales que se hallan atrapados en esta creencia, pueden sentirse “inflados” con la idea que solo ellos crean su realidad.  

Cuando estamos atrincherados en la evasión espiritual tenemos tendencia a que las relaciones nos gusten sólo por el lado bueno: ni confrontaciones, ni rabia, ni sentimientos enrevesados, nada que nos haga “quedar mal”. Por eso, en el menú de las relaciones predominan a menudo las sonrisas y una amabilidad incesante: todo el mundo hace todo lo posible para que todo sea agradable. No sólo hay negación, sino también disociación que se hace pasar por desapego y ecuanimidad espiritualizados. Esta desconexión nos aísla de la vulnerabilidad y profundidad necesarias para que pueda haber una auténtica intimidad.

Puede ocurrir lo contrario: en lugar de emprender simplemente una huida hacia la disociación, la emprendemos hacia la fusión. En este caso, los límites personales pueden debilitarse o marginarse lo suficiente como para llegar a disolver las diferencias entre los miembros de la pareja. Dicha fusión, sean cuales sean sus trampas románticas, es una especie de homogeneización interpersonal. Así pues, nuestras relaciones pueden estar dominadas por la disociación (separación malsana) o por la fusión (conexión malsana), dos caras de la misma moneda de límites disfuncionales.  La primera se hace pasar por un “no apego” y la segunda, por una “comunión”, intimidad, “ser uno”. 

Exactamente como en las relaciones convencionales. 

(Extractos de La evasión espiritual. Dr. Robert Augustus Masters)


2 de enero de 2015

No existen los pensamientos iluminados - Adyashanti

Buda mismo dijo que todos los dharmas están vacíos. Los dharmas son las enseñanzas, las verdades mismas que él enseñaba. Una de las verdades que decía es que todos los dharmas, todas esas verdades que contaba a sus discípulos, estaban vacías. 


La verdad de quién eres está mucho más allá de incluso los mayores dharmas, los mayores sutras, las mayores ideas que jamás se puedan decir, escribir o leer. 


Internamente esto se experimenta como destrucción. Suelo decir a la gente que no se equivoque: la iluminación es un proceso destructivo. 


No tiene nada que ver con ser mejor, ni con ser más o menos feliz. La iluminación es el desmoronamiento de la no-verdad. Es mirar más allá de la fachada del fingimiento, la completa erradicación de todo lo que imaginábamos que era verdad, desde nosotros mismos hasta el mundo. En este proceso descubrimos que incluso los mayores inventos de las grandes mentes de la historia humana no son sino sueños de niños. Empezamos a ver que todas las grandes filosofías y todos los grandes filósofos son parte del sueño. 


El despertar en el plano mental es como abrir la cortina, como Dorothy en El Mago de Oz. Ella espera ver al Gran Oz, pero cuando se abre la cortina, el Gran Oz es un hombrecito que pulsa palancas. Ver la naturaleza de la mente es parecido. Es algo radical. No esperábamos ver que todo lo que considerábamos verdadero en realidad forma parte del estado onírico y mantiene dicho estado. 


No existen los pensamientos iluminados. Ver esto puede ser un gran shock para nuestro sistema. De hecho, la mayoría de nosotros nos protegemos de esta verdad. Decimos que queremos la verdad, pero ¿la queremos realmente? Decimos que deseamos ver la realidad, pero cuando aparece, es muy diferente de lo que habíamos pensado. No encaja en nuestro contexto ni en nuestras imágenes. Es algo que está absolutamente más allá de ellos. Y no sólo eso, sino que en realidad destruye nuestra capacidad de ver el mundo como lo veíamos antes. Convierte nuestro mundo en escombros. 


Cuando todo está dicho y hecho, no nos queda nada. Tenemos las manos totalmente vacías, no tenemos nada a lo que agarrarnos. Como dijo Jesús: «Los pájaros tienen sus nidos en los árboles y los zorros sus madrigueras en la tierra, pero el hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza». No hay concepto, no hay estructura de pensamiento en la que puedas descansar. 


Cuando despertamos en el plano de la mente, empezamos a pensar: «Dios mío, mi manera de ver el mundo era totalmente imaginaria; literalmente estaba hecha de sueños. No tenía la menor base en la realidad. La forma de verme a mí mismo también era completamente imaginaria». No importa que te veas como iluminado o no, como bueno o malo, digno o indigno. La no división mental hace que todas estas estructuras del ego sean barridas completamente. Casi me resulta imposible expresar con coherencia lo completa que es esta destrucción del mundo mental. Es ver que no existe algo como un pensamiento verdadero y entenderlo en el plano más profundo, para ver que todos los modelos que creamos, incluso los espirituales y las enseñanzas, están literalmente hechos de sueños. 


Adyashanti. El final de tu mundo.



26 de diciembre de 2014

¿Qué significa no estar dividido? - Adyashanti

¿Qué significa no estar dividido? En estas enseñanzas he hablado de no estar dividido, y he equiparado el despertar con hallarse en el estado no dividido. Pero quiero asegurarme de que nadie se equivoque con respecto a la idea de qué significa no estar dividido. La no división es el efecto del despertar, la expresión de la realización de nuestra verdadera naturaleza. Como he dicho, no estar dividido no tiene nada que ver con ser perfecto ni con ser santo. Asimismo, después del despertar no hay garantía de que en un momento particular no vuelvas a experimentar la división de alguna manera; no hay garantía de que la división no vuelva a aparecer. De hecho, ser libre, estar despierto, es soltar la preocupación por este tipo de cosas, por lo despierto que está o deja de estar uno. 

Uno de los grandes poemas de la tradición zen acaba con esta descripción del estado del despertar: «Estar libre de ansiedad con respecto a la imperfección». Así, no estar dividido no significa ser perfecto. No estar dividido no se adecua a las imágenes que podemos tener en nuestra mente sobre la santidad o la perfección. Si alguien examinase mi vida, estoy seguro de que se le ocurriría muchas razones para decir cosas como: «Oh, eso no encaja con mi idea de lo que es un ser iluminado. Eso no encaja con la idea de cómo es un ser no dividido». Estoy seguro de que mi vida no encajaría con muchas de las ideas que tiene la gente sobre la iluminación. Porque, en realidad, soy una persona mucho más común de lo que la mayoría de la gente se imagina. Para mí, parte del despertar es morir en lo ordinario, en la no ansiedad. 

Independientemente de lo que alguien pudiera decir al mirar a mi vida o a la vida de cualquier otra persona, el estado de no división no es algo que puedas entender hasta que empieza a despertar dentro de ti. Únicamente puedo animarte a no creer en ninguna imagen de santidad o de perfección que pueda surgir en tu mente, porque dichas imágenes sólo son un obstáculo. No estar dividido —ver y actuar desde la no separación, desde la unidad— es algo que cada uno de nosotros debe descubrir por sí mismo. 

¿Cómo es ver más allá del amor y del odio, más allá del bien y del mal, más allá de lo correcto y lo equivocado? Tenemos que descubrir todo esto en nuestra propia experiencia. Evaluar la experiencia que tienen otros de la no división no es útil. Lo único que importa es dónde estás tú. En cualquier momento dado, ¿experimentas y actúas desde la división, o experimentas y actúas desde la unidad? ¿Cuál es cuál? 

Puede ser fácil malinterpretar lo que digo y creer que significa que todas las emociones negativas son indicadoras de división. No es esto lo que quiero decir. Uno puede estar triste o apenado, o sentir ira, sin estar dividido. En nuestra cultura occidental no tenemos mucho contexto para esta idea. Sin embargo, en Oriente hay toda una letanía de deidades iracundas. Por ejemplo, en las tradiciones hindú y budista tibetana, las personificaciones de Dios y de lo Divino no siempre están sentadas en un loto celestial sonriendo beatíficamente. En esas tradiciones, así como en otras tradiciones del mundo, la espiritualidad incluye una gran variedad de las experiencias emocionales humanas. Así, uno no debería concluir que la presencia de emociones negativas —o de lo que nosotros llamamos emociones negativas— es un indicativo de ilusión. La clave radica en ver si la emoción se deriva de la división o no. Si lo hace, la emoción se basa en una ilusión. Si indagas sinceramente y descubres que una emoción no es producto de la división, no se basa en la ilusión. Ver esto nos abre una amplia variedad de emociones. Nos abrimos y nos convertimos en un gran espacio en el que los vientos de las distintas emociones pueden viajar por nuestro sistema.

Adyashanti. El final de tu mundo


28 de noviembre de 2014

Lo importante es soltar - Adyashanti

Demasiada gente abdica de ser responsable de sí misma. En la espiritualidad, demasiada gente quiere que alguien le diga qué hacer. Quieren que el maestro les diga: “Haz esto o no hagas eso. Medita tanto tiempo o tanto otro”. Si nos vemos atrapados en este hábito, podemos quedarnos en una especie de infancia espiritual. En un momento dado necesitamos crecer; necesitamos mirar dentro de nosotros y encontrar nuestro guía interior. Hay cosas que la mayoría de los seres humanos saben, aunque no quieran saberlas. Saben profundamente que ciertos aspectos de sus vidas funcionan o no, que ciertas partes de su existencia son funcionales y otras no lo son. Sin embargo, a veces, como seres humanos, no queremos saber lo que no nos conviene. Entonces fingimos que no sabemos.

Lo más importante es salir del fingimiento. Hay un momento y un lugar para cada cosa. Hay un tiempo para hacer esfuerzos y ser disciplinado, para soltar y darte cuenta de que no puedes hacerlo solo, de que depende de la gracia, de que el esfuerzo y la lucha no forman parte del proceso.


Pero entiende una cosa: la trayectoria de nuestra vida espiritual y de todo despertar espiritual -cualquiera que sea nuestra vía, tanto si es progresiva o directa como si es devociones o de otro tipo- nos lleva hacia la rendición. En definitiva, ése es el objetivo del camino espiritual. Todo lo que hacemos nos lleva a un estado espontáneo de rendición, de dejar ir. Ahí es donde todo nos conduce, cualquiera que sea el camino, cualquiera que sea la práctica. Cuando sabes esto, te das cuenta de que cada paso del camino es la siguiente oportunidad de rendirte. Es posible que requiera mucho esfuerzo llegar allí, que requiera mucho esfuerzo llevarte al punto en el que estés dispuesto a rendirte a la gracia, pero, al final, toda la espiritualidad se resume en soltar la ilusión del yo separado, soltar lo que pensamos que es el mundo y cómo creemos que debería ser. Tenemos que estar dispuestos a perder nuestro mundo. Ese estar dispuestos es la rendición; ese estar dispuestos es soltar. Y cada uno de nosotros tiene que ver lo que ese soltar significa para nosotros, qué tenemos que soltar. Que esto nos resulte fácil o difícil no importa lo más mínimo. En definitiva, lo importante es soltar.

El Final de tu Mundo, Adyashanti.



26 de noviembre de 2014

La sinceridad es la clave - Adyashanti

Lo verdaderamente importante es que seas sincero contigo mismo. Si puedes serlo, puedes serlo con cualquiera. No resulta realmente útil centrarse por completo en ser sincero con los demás. Aunque eso es necesario, el lugar por el que tienes que empezar eres tú mismo. ¿Puedes ir a ese lugar que está más allá de la culpa, más allá del juicio, más allá del “debería” o del “no debería”?

En realidad es una cuestión de sinceridad. Inicialmente, ser así de sincero contigo mismo puede no resultar fácil. Es posible que veas cosas de ti que no quieres ver. Es posible que contrasten agudamente con toda tu realización. 

Salir completamente del escondrijo, estar dispuesto a ver cada uno de los puntos de fijación te permite seguir adelante en el viaje. 

La sinceridad es la clave. Tienes que estar dispuesto, tienes que querer verlo todo. Cuando quieras verlo todo, lo verás todo. 

Muchos tienen una idea inconsciente de que la iluminación es felicidad total, dicha total y libertad total en cualquier situación. Es otra percepción errónea. La iluminación no nos permite evitar nada. No podemos dar la espalda a ningún aspecto de nuestra vida. 

Por supuesto la mayoría de seres humanos tienen miedo al cambio. Es posible que queramos cambiar, pero el cambio siempre conlleva cierta incertidumbre; nunca sabes cómo va a salir. Tememos que si salimos del escondrijo -si salimos de la negación- podríamos perder un amante, un amigo, una pareja. Lo cierto es que podríamos. Nunca se sabe.

Digo constantemente que la iluminación no es una garantía de que tu vida vaya a ir como tienes planeado. Tu existencia será mucho mejor de lo que era, pero eso no significa que vaya a ir por donde tú quieres. Al final todo tiene que ver con la verdad, con ser sincero en todos los aspecto en todos los niveles de nuestro ser.

Si tratas de esconderte de algo -si estás en una relación decepcionante, o en un trabajo tremendamente insatisfactorio, y eliges no lidiar con ello- la consecuencia de esa negación es que no estarás verdaderamente liberado. Nunca podrás ser completamente libre porque cualquier área en la que elijamos mantenernos inconscientes acabará teniendo un impacto en nosotros, y también en los demás.

Despertar llama a una transformación en nuestra vida interna y externa. Por favor, no pienses que esta transformación tiene que ver con tener la vida, el trabajo, la pareja, el matrimonio o la amistad perfectos. Esto no tiene que ver con la perfección; tiene que ver con la plenitud, con la totalidad. Aceptar las cosas exactamente como son.

Si estamos dispuestos a mirar, veremos que la vida siempre está en proceso de despertarnos. Si no estamos en armonía con la vida, el viaje suele ser duro y la vida incrementará la intensidad hasta que estemos dispuestos a ver lo que tenemos que ver. En este sentido la vida es nuestra mayor aliada. Pero sólo podemos saber lo que esto significa cuando hemos pasado por ello. Lo cierto es que casi todos los que dicen que quieren despertar, en realidad no lo desean. Quieren su propia versión del despertar. Lo que realmente buscan es ser muy felices dentro del sueño. Y eso está muy bien, si es hasta ahí hasta donde uno ha evolucionado. 

No obstante, el impulso sincero y real hacia el despertar es algo más allá del deseo de hacer nuestro sueño mejor. El auténtico impulso es esa oración interna que pide cualquier cosa que nos lleve a un despertar completo, independientemente de si acaba siendo maravilloso o terrible. No pone condiciones.

Este verdadero impulso puede ser atemorizante. Cuando has soltado cómo quieres que sea tu propio despertar, como quieres que sea tu viaje, has soltado la ilusión de controlar.

De hecho, debemos estar dispuestos a perder todo nuestro mundo. Esto puede sonar romántico cuando lo oyes por primera vez: "¡Oh, sí, firmo! Estoy dispuesto a perder mi mundo". Sin embargo cuando todo tu mundo empieza a venirse abajo y comienzas a emerger de estados de negación increíblemente profundos, la cosa cambia. Es algo por lo que algunos están dispuestos a firmar y otros no.

¿Cuántos de nosotros queremos entrar en la incertidumbre, en lo desconocido, en lo incontrolable?

Este viaje no tiene que ver con llegar a ser algo. Tiene que ver con no convertirnos en lo que no somos, con dejar de engañarnos a nosotros mismos. Finalmente, el proceso es paradójico. Acabamos donde siempre hemos estado, sólo que percibimos ese lugar de un modo completamente diferente. Nos damos cuenta de que el cielo es donde siempre hemos estado. Ya somos todo lo que podemos llegar a ser. Ahora la pregunta es: ¿lo sabemos? ¿lo hemos realizado? ¿si no lo hemos realizado, qué es lo que nos hace percibir  de otra manera? Y si lo hemos realizado, ¿estamos viviéndolo? ¿plasmándolo? ¿está funcionando en nuestras vidas? 

El Final de tu Mundo. Adyashanti. Ed. Sirio. 

Para adquirir el libro  








18 de octubre de 2013

LA DESAPARICION DEL PASADO (Adyashanti)

Si te pones a examinar de verdad lo que sucede cuando no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás separado, que ya no eres “otro”; y en esos momentos advertirás que desaparece todo tu pasado. A algunos les puede asustar comprobar que, cuando no están pensando en su pasado, este literalmente no está.

Pero ¿acaso no resulta muy evidente? Lo que ha pasado, aunque haya sido hace un segundo, ya no está pasando ahora ni volverá a pasar nunca. Lo que pasó hace un minutos, o hace una semana, o hace un mes, terminó casi tan pronto como pasó. Pero nosotros lo grabamos en nuestra mente, claro está. Nuestras mentes son semejantes a una grabadora, en el sentido de que graban el pasado y lo vuelven a reproducir en el presente. Pero lo que está reproduciendo la mente no es el pasado real mismo, sino una representación mental del pasado. Cuando dejamos de pensar, lo único que hay es el ahora. Para que existe el ayer tienes que evocar una idea del ayer; y cuando recordamos el ayer, cuando recordamos un momento del pasado, llegamos a creernos que existe de verdad. Peor todavía: ¡nos creemos que recordamos el pasado con exactitud! Pero todos los estudios que se han realizado sobre la memoria y sobre la exactitud con que recordamos los hechos pasados nos muestran que nuestras mentes empiezan a distorsionar el pasado casi desde el primer momento.

Si queremos encontrar un camino que nos lleve más allá del sufrimiento, tendremos que estudiar este sentido del yo que, en realidad, no es más que una colección de recuerdos que se proyectan, primero, en el momento presente, y después en el futuro. Tendremos que empezar a advertir que lo que pensamos que somos, en realidad no es más que eso, un pensamiento. Es imaginación. Ni nuestros pensamientos ni nuestra imaginación nos pueden decir quiénes somos.

El fin del sufrimiento. Adyashanti.

12 de agosto de 2013

The only price - Adyashanti


Life without a reason, a purpose, a position... the mind is frightened of this because then "my life" is over with, and life lives itself and moves from itself in a totally different dimension. This way of living is just life moving. That's all.
As soon as the mind pulls out an agenda and decides what needs to change, that's unreality. Life doesn't need to decide who's right and who's wrong. Life doesn't need to know the "right" way to go because it's going there anyway. Then you start to get a hint of why the mind, in a deep sense of liberation, tends to get very quiet. It doesn't have its job anymore. It has its usefulness, but it doesn't have its full-time occupation of sustaining an intricately fabricated house of cards. 

This stillness of awareness is all there is. It's all one. This awareness and life are one thing, one movement, one happening, in this moment -- unfolding without reason, without goal, without direction. The ultimate state is ever present and always now. The only thing that makes it difficult to find that state and remain in that state is people wanting to retain their position in space and time. "I want to know where I'm going. I want to know if I've arrived. I want to know who to love and hate. I want to know. I don't really want to be; I want to know. Isn't enlightenment the ultimate state of knowing?" No. It's the ultimate state of being. The price is knowing. 

This is the beautiful thing about the truth: ever-present, always here, totally free, given freely. It's already there. That which is ever-presently awake is free, free for the "being." But the only way that there's total and final absolute homecoming is when the humanness presents itself with the same unconditionality. Every time a human being touches into that unconditionality, it's such peace and fulfillment. 

In your humanity, there's the natural expression of joy and love and compassion and caring and total unattachment. Those qualities instantly transmute into humanness when you touch into emptiness. Emptiness becomes love. That's the human experience of emptiness, that source, that ever-present awakeness. For the humanness to lay itself down -- your mind, your body, your hopes, your dreams, everything -- to lay itself down in the same unconditional manner in which awareness is ever present, only then is there the direct experience of unity, that you and the highest truth are really one thing. It expresses itself through your humanity, through openness, through love. The divine becomes human and the human becomes divine -- not in any "high and mighty" sense, but just in the sense of reality. That's the way it is. 

The only price is all of our positions. The only price is that you stop paying a price. 


19 de julio de 2013

La espiritualidad es estar dispuesto a caer de bruces - Adyashanti

TS: Has mencionado que todos los caminos espirituales acaban por llevarnos a un estado de rendición completa. Pero, ¿qué sucede si las partes de nosotros que no quieren rendirse están escondidas, muy adentro en la psique? Conscientemente, podríamos rendirlo todo, pero alguna parte de nosotros, en nuestro inconsciente, aún podría aferrarse. ¿Cómo conseguimos que esos lugares ocultos salgan a la superficie? Puedo imaginar que escucho tus enseñanzas sobre la rendición y pienso: de acuerdo, básicamente entiendo. Ya sé lo que significa estar de rodillas. Ya sé lo que significa tirarme al suelo. Pero ¿qué ocurre con las partes de mí que no quieren rendirse? No son evidentes para mí.

ADYA: Es posible que no puedas hacer nada al respecto. Esto es lo que la gente evita más, ¿correcto? Dame algo; dame una enseñanza; dame algo de esperanza. Por supuesto, dentro de nosotros hay maneras totalmente inconscientes de aferrarnos, pautas de apego a las que no tenemos acceso. Tal vez no tengas acceso a ellas, punto. Fin de la historia. Eso es todo. Tendrás acceso a ello en el momento exacto en que debas tenerlo. Es posible que esto no nos guste. Es posible que a la gente no le guste oír esto, pero miremos nuestras vidas, no las filosofías o enseñanzas, lo que hemos elegido contarnos, ¿correcto?

Al menos en mi vida puedo mirar y ver que ha habido momentos en los que aún no tenía ciertas capacidades. Simplemente no estaban ahí. No tengo ni idea de qué podría haber hecho para sacarlas a la luz. En ciertos momentos, ni siquiera habría podido escuchar a alguien que me dijera cómo desarrollarlas.

Mi maestro me repitió ciertas cosas cientos de veces a lo largo de los años. Y sólo después de diez años llegué a pensar: “Oh... Ahora lo entiendo. Ahora ha calado en mí”. ¿Cómo iba a forzarlos diez años antes? ¿Podría haberlo forzado? No parece que pudiese haberlo hecho.

Es posible que esta no sea la enseñanza energetizante que buscabas, pero todo tiene su momento, todo tiene su lugar. El ego no controla lo que sucede. La vida controla lo que sucede. Insistir en que algo puede darnos el poder de manera inmediata para sumergirnos en nosotros mismos y ver todo lo que necesitamos ver para despertar es trabajar en sentido contrario a las experiencias de la gente.

Todo ocurre en su momento. Tú no lo controlas. Pero esto no es algo que queramos oír, ¿o sí? No es lo que nuestra mente desea. En general, queremos oír cosas que fortalezcan nuestra sensación de control. Y rechazamos radicalmente cualquier cosa que no fortalece nuestra sensación de control. Se lo digo a la gente constantemente. Cuando empiezas a aceptar lo que ves como verdadero -no lo que yo digo, sino tu experiencia- todo empieza a cambiar.

A veces las experiencias que apartamos de nosotros contienen las comprensiones más transformadoras y que más necesitamos. ¿Quién sospecharía que el hecho de ver que no hay nada, absolutamente nada que uno pueda hacer va a ser transformador? No se nos enseña a pensar así. Se nos enseña a evitar este conocimiento a toda costa. Incluso si forma parte de nuestra experiencia, año tras año, década tras década -incluso si continúas experimentando lo mismo una y otra vez- tienes el impulso de evitarlo, de no dejarlo entrar, de alejarlo. ¿Ves lo que digo?

Todos somos adictos. Verdaderamente todos somos adictos y lo que queremos es “estar colocados” y sentirnos libres. Es la misma dinámica. El alcohólico que trata de superar su adicción se da cuenta de que “no puedo hacer nada”. Mientras la persona continúe diciéndose: “Puedo hacer esto. Yo controlo. Puedo encontrar la manera de superar esto”, no va a ocurrir ninguna transformación. Tocar fondo no es más que salir de la negación. No puedo hacer nada y mira dónde estoy. Necesitamos tener un espejo delante de nosotros para poder ver lo que vemos.

Para mí, la espiritualidad es estar dispuesto a caer de bruces. Por eso, a mis discípulos les digo constantemente: “Mi camino era el camino del fracaso”. Todo lo que intenté fracasó. Eso no significa que el intento no tuviera un papel importante. El esfuerzo tuvo su papel. La lucha tuvo su papel.

Pero tuvo un papel porque me llevó al final. Bailé ese baile hasta que se acabó. Sin embargo, fracasé. Fracasé en el intento de meditar bien, de hallar la verdad. Todo aquello que usé para tener éxito espiritualmente fracasó. Pero en el momento del fracaso es cuando todo se abre.


(Entrevista a Adyashanti. pp 185-186. El final de tu mundo. Ed. Sirio).



12 de febrero de 2013

Tres modos de sufrimiento - Adyashanti


La ilusión del control

Vamos a estudiar tres modos comunes en que nuestros egos nos hacen sufrir, más allá de la observación básica de que son los pensamientos los que producen nuestro sufrimiento. El primero de estos modos es, probablemente, el más arraigado de los tres: nuestro deseo de tener el control. En cuanto nos imaginamos que somos alguien separado de todos los demás, de la vida que vemos a nuestro alrededor, la consecuencia natural será que tendremos una sensación interior de que la vida es una cosa que tenemos que controlar. Para mantenernos a salvo, seguros y separados, no sólo tenemos que controlarnos a nosotros mismos, sino a los demás y todas las circunstancias que nos rodean. Pero dado que la verdad es que no tenemos ningún control, es inevitable que nos encontremos en un aprieto. 

La realidad es que no tenemos ningún control; el ego no controla el modo en que se despliega y se presenta la realidad. ¿A qué se debe que el ego no tenga el control? Simplemente a que el ego no es más que un pensamiento que tienes en la mente. Es una imagen. Es un modo en que tu mente se refiere a sí misma, piensa en sí misma y crea, para empezar, un sentido del yo. Si todo tu yo egoico no es más que un producto de la imaginación, un resultado mecánico de la vinculación de diversos pensamientos entre sí, entonces es evidente que un pensamiento no tiene ningún control. Un pensamiento no es más que una cosa que sucede, sin más. Sucede, y después pasa. 

Ver esto es muy difícil, y a veces da miedo, sobre todo si nos creemos que nosotros somos nuestros egos. Pero la vida nos enseña constantemente, una y otra vez, que en realidad no tenemos ese control que deseamos tener o que creemos tener. Mira dentro de tu mente. No tienes un verdadero control de si te entra o te sale de la mente un pensamiento determinado. Y si ni siquiera tienes control de los pensamientos que te aparecen en la cabeza, ¿cuánto control tienes de verdad, en general? Si tuvieras verdaderamente el control, ¿no optarías, sin más, por sentirte bien todo el tiempo, por sentirte abierto, llenos de amor y feliz? Y ¿no resulta extraño que, a pesar de que la vida nos enseña constantemente que el ego no tiene el control, nosotros seguimos creyéndonos que lo tiene? ¡Nos empeñamos en que lo tiene, porque, si no lo tuviera, eso sería demasiado abrumador! Nos parece que el peor descubrimiento que puede llegar a hacer un ego es que no tiene el control; porque, si un ego no tiene el control, entonces es que no tiene esperanza. No tiene salida. No tiene manera de hacer que la vida sea como él quiere.

Sería verdaderamente terrible que nosotros fuésemos nuestros egos, que fuésemos de verdad ese yo creado en nuestra mente por los pensamientos. Pero no lo somos. Lo que somos en realidad, más bien, es lo que observa a la mente, lo que advierte a la mente y lo que es consciente de toda la actividad mental, incluso del deseo de controlar. Si empiezas a plantearte de manera auténtica todo el concepto del control, se abrirá tu mente de verdad. Y eso es lo que hace falta si queremos poner fin a nuestro sufrimiento persistente: tenemos que abrir nuestra manera de pensar. Tenemos que abrirnos en lo que estamos dispuestos a pensar y en la conclusiones a las que estamos dispuestos a llegar. Cuando estamos en nuestros egos, intentamos controlar a los demás y controlarnos a nosotros mismos. Intentamos controlar la vida. Pero ya habrás caído en la cuenta de que no puedes controlar la vida. Nosotros nos creemos que tenemos el control, pero es una ilusión. Es un engaño.

Este engaño se produce en nuestras mentes, y es, en varios sentidos, el engaño más convincente que existe, pues mientras pensemos que tenemos el control, mientras pensemos que podemos controlar las cosas, seguiremos encadenados al estado de la conciencia egoica. Superficialmente, la ilusión del control hace que nos sentamos capaces de crearnos una vida cómoda y segura, a fuerza de manipular nuestras vidas sobre la base de lo que creemos que necesitamos. A pesar de todo, la ilusión de tenerlo es asombrosa por su diseño y por su complejidad, que que, a  fin de cuentas, casi todos los seres humanos caemos en ella. Casi todos los seres humanos pensamos: “Yo controlo mi vida”, salvo en los momentos en que las cosas se ponen muy difíciles. 

Hay momentos en que casi te ves obligado a reconocer que no tienes el control. Surge una emoción dolorosa y no puedes huir de ella. No puedes hacerla desaparecer. De pronto te resulta evidente: “¡No tengo el control!”, y esto te suele provocar un pánico más profundo todavía. “¡Oh, no! ¡No tengo el control! ¡No puedo cambiar esta sensación! ¿Qué hago? ¿Cómo cambio esto?”. ¿No es paradójico que, a pesar de que vemos que no tenemos el control, sigamos aferrándonos a él? ¿No es una locura, por definición, seguir intentando hacer lo mismo de siempre, pero esperando obtener resultados distintos? Aún así, podemos pasarnos toda una vida intentado hacer uso de este sentido de un control que en realidad no tenemos.

Exigir que las cosas sean distintas

Otro modo en que nuestras mentes producen sufrimiento es por las exigencias que hacemos a la vida y a los demás. En cierto sentido, el ego es una máquina de exigir: “¡Quiero esto!”, “¡Quiero aquello!”, “¡No quiero esto!”, “¡No quiero aquello!”, “¡Tiene que ser de esta manera!”, “¡No deberías haberme hecho tal cosa!”, “¡No debería sentirme como me siento!”. Todas las exigencias, en esencia, son modos en que intentamos manipular la realidad, modos en que nos empeñamos en que la vida sea diferente de lo que es. No siempre se aprecia hasta qué punto abordamos la vida de esta manera. Pero, si lo observamos con detenimiento, podemos ver lo que extendida que está esta tendencia; en cualquier momento dado, es probable que estés haciendo exigencias inconscientes, sutiles, en el sentido de que la vida sea diferente.

Esperamos que todo en la vida nos haga felices, sin darnos cuenta de que la felicidad se encuentra, en realidad, en nuestro núcleo mismo. Es connatural a nuestro ser. No existe ninguna manera de hacerse felices. Lo único que tenemos que hacer es dejar de hacer las cosas que nos hacen infelices. Una de las cosas que nos hacen tremendamente infelices son las exigencias que nos hacemos a nosotros mismos y a los demás. En las relaciones humanas, es muy corriente que exijamos a alguien que cambie para que nosotros podamos ser felices o sentirnos realizados. En este proceso, desatendemos por completo lo que podría ser más beneficioso para la otra persona o para la comunidad en general. ¿Es esta una verdadera manifestación de amor? ¿Es esto lo que queremos, en último extremo? ¿Queremos de verdad que cambien todos los que nos rodean para hacernos felices a nosotros? ¿Queremos de verdad ser tan tiranos? ¿Nos llega esto de verdad a lo más hondo del corazón, al amor que todos tenemos dentro? 

Cuando nos empeñamos en que las cosas, las personas y los hechos de nuestro alrededor cambien para que nosotros podamos ser felices, en realidad estamos negando algo que está muy dentro de nosotros. Estamos negando la verdad de quienes somos. Estamos negando la verdad de los demás. Nos estamos imaginando que la felicidad depende de los hechos y de las circunstancias de la vida, y de las personas que intervienen en ellas. Nos creemos que si todas las personas que intervienen en nuestra vida fueran así, entonces estaríamos satisfechos. 

Así pues, este deseo de exigencias surge también, como el deseo de control, de ese estado de conciencia llamado estado egoico de la conciencia, en el que nos imaginamos que nosotros mismos y todos los demás somos distintos y separados. Pero repitamos que la noción de que somos entidades separadas no es verdadera; es una invención. Todo ello está trazado en nuestra mente. Es un gran sueño que tenemos. Lo difícil de este sueño es que casi todos los que nos rodean tienen el mismo sueño. Es, en esencia, el sueño colectivo de la humanidad.

De modo que quien sueña no eres sólo tú, ni soy sólo yo; casi todos los seres humanos tienen este mismo sueño de estar separados, de ser absolutamente otros del mundo que los rodea. Lo que esto supone es que tenemos que mirar muy hondo dentro de nosotros, porque no sólo estamos mirando mas allá de nuestra propia mente engañada, de nuestro propio error; estamos mirando más allá del engaño de toda la humanidad.

Discutir con lo que es

Otra cosa que hacemos cuando nos sentimos separados es discutir con lo que es y con lo que fue. Este es el tercer modo más común que tenemos de sufrir. De hecho, si quieres garantizarte el sufrimiento, discute con lo que es. La gente me suele preguntar:”¿Qué quieres decir con “lo que es?”. “Lo que es” es este momento mismo antes de que pienses en él siquiera. Eso es lo que es. Si discutes con este momento sufrirás. No hay manera de discutir con este momento sin sufrir. Lo mismo puede decirse del pasado. Si discutes con el pasado, si decides que lo ha sido no debería haber sido, sufrirás. 

Me doy cuenta que esto puede parecer demasiado simplista y de que casi hasta parece insultante. Al fin y al cabo, la mayoría de los seres humanos se sientes justificados al creer que lo que fue en el pasado no debería haber sido. Todos hemos vivido momentos difíciles. Todos hemos pasado momentos en que se nos ha hecho daño o incluso se nos ha maltratado. Todos hemos tenido momentos en que la gente nos ha tratado de manera desconsiderada o destructiva. Es natural que recordemos estos momentos y pensemos: “¡Ese momento no debería haber pasado! ¡Fulano no debería haberse portado así!”. Este pensamiento, esta conclusión, parecen muy justificados. Como todos los que nos rodean estarían de acuerdo con ello, nosotros ni siquiera lo ponemos en duda. De hecho, lo que sucedió en el pasado no es ni bueno ni malo de por sí. Simplemente, es lo que fue. Por eso, cuando discutimos con lo que fue y decimos: “No debería haber sucedido”, sufrimos. Así de sencillo.

No quiero proponer de ninguna manera que neguemos lo que fue. No estoy diciendo que tengas que fingir que una cosa del pasado no te hizo daño, que no te confundió o que no te causó un gran dolor. Lo que digo es que, cuando discutes con ello, cuando dices que una cosa que ha sucedido no debería haber sucedido, entonces sufres. Lo que pasó es lo que pasó. Ya fuera bueno o terrible, es lo que pasó. Lo que está pasando ahora es lo que está pasando. No tenemos por qué llamarlo “bueno” ni “malo”. Puede ser doloroso o puede no ser doloroso; puede gustarnos o puede no gustarnos. Lo que está pasando en este momento, sea lo que sea, es lo que está pasando. Cuando discutes con ello, cuando dices que lo que está pasando no debería estar pasando, entonces sufres.

A veces puede parecer peligroso abstenerse de discutir con el momento presente, o con el pasado. Hasta podemos temer: “Si no discuto con lo que está pasando ahora, quizá no cambie nunca”. Porque, si tenemos abiertos los corazones y las mentes, no podemos dejar de ver que en el mundo hay una cantidad tremenda de sufrimiento, de dolor y de conflicto. En vista de ello, ante esta verdad, casi podría parecer un insulto no proclamar: “¡Esto no debería pasar!”.

Pero cuando decimos que alguna cosa no debería estar pasando, nos encerramos en un esquema mental extremadamente estrecho, con muy pocas opciones. Cuando vemos de verdad que lo es no es bueno ni malo, que simplemente es, entonces tenemos abiertas todas las opciones. Entonces podemos reaccionar ante la vida de manera sabia y amorosa. Esto no quiere decir que nos limitemos a decirnos: “Lo que es, es”, y no hagamos nada más. (...) 

Para despertarnos, debemos aprender cómo alimentan el sufrimiento en nuestras vidas las tres tendencias que hemos citado (el deseo de controlar, las exigencias y el rechazo de “lo que es”). Debemos conseguir de alguna manera desear saber lo que es verdadero, en este momento, sin intentar controlarlo ni hacerle exigencias, porque lo que nos libra del sufrimiento es la verdad. La verdad es la que nos permite salir de este estado egoico de la conciencia en el que parece que estamos tan atrapados, pasando a otro estado de la conciencia completamente distinto, mucho más abierto, libre y amplio, e infinitamente más creativo. En el ego, nuestras opciones están muy limitadas, y todas se han ensayado ya; todas las soluciones que ha propuesto el ego han fracasado. Si no tienes claro que hayan fracasado, enciende el televisor. Lee el periódico. Sigue habiendo guerras. Sigue habiendo crueldad. Siguen existiendo en todas partes seres humanos que no son abiertos, ni amorosos, ni entregados a los demás. Está claro que lo que hace falta es algo distinto. Volver a hacer siempre una misma cosa esperando que produzca resultados diferentes es, literalmente, una manifestación de locura. Y así es, en muchos modos, el mundo en que vivimos.


Adyashanti. El fin del sufrimiento. Gaia Ediciones. 

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6 de febrero de 2013

Lo que tú eres es más fundamental que lo que dices que eres


Nadie nos ha dicho que lo que somos es un punto de consciencia, o de espíritu puro. Esta no es una cosa que se enseñe. Los que nos han enseñado, más bien, es a identificarnos con nuestro nombre. Nos han enseñado a identificarnos con nuestra fecha de nacimiento. Nos han enseñado a identificarnos con el próximo pensamiento que tengamos. Nos han enseñado a identificarnos con todos los recuerdos del pasado que acopia nuestra mente. Pero eso no eran más que pensamientos. Cuando te basas en tu propia autoridad, cuando te basas en tu propia experiencia directa, te encuentras con ese misterio último que eres tú. Aunque pueda resultar inquietante al principio asomarte a tu propio no-ser, lo haces, en todo caso. ¿Por qué? Porque no quieres sufrir más. Porque estás dispuesto a dejarte afectar. Estás dispuesto a quedarte asombrado. Estás dispuesto a quedarte sorprendido. Estás dispuesto a darte cuenta de que puede que todo lo que habías pensado de ti no sea verdad en realidad. 

Cuando estés abierto a todo eso, entonces, y sólo entonces, podrás basarte en tu propia autoridad, plantarte sobre tus propios pies. Sólo entonces podrás buscarte a ti mismo de verdad, por debajo de la mente y dentro del espacio entre los pensamientos siguientes, para ver claramente que lo que somos existe antes de que pensemos en ello. Lo que tú eres existe antes de que le asignes un nombre. Lo que tú eres existe antes siquiera de que lo llames “masculino” o “femenino”. Lo que eres existe antes de que digamos “bueno” o “malo”, “valioso” o “sin valor”. Lo que tú eres es más fundamental que lo que dices que eres. Lo que eres de verdad constituye toda una sorpresa cuando lo ves por primera vez, cuando lo sientes. Puedes empezar a sentir tu propia transparencia. Empiezas a reconocer que es posible que en realidad tú no seas un “alguien”, a fin de cuentas, a pesar de que surjan los pensamientos de un “alguien”, a pesar de que en tu vida te comportas con frecuencia como si fueras alguien. Es tu manera de desenvolverte en la vida. Respondes a un nombre, vas a trabajar, tienes tu profesión, te llamas marido, o esposa, o hermana, o hermano. Todos estos son nombres que nos asignamos unos a otros. Todos ellos son etiquetas, Todos ellos están bien. Ninguno de ellos tiene nada de malo, hasta que llegas a creerte que son de verdad. En cuanto te crees que una etiqueta que te has atribuido a ti mismo es verdadera, has limitado una cosa que es literalmente ilimitada; has limitado quien eres reduciéndolo a un mero pensamiento.



El fin del sufrimiento. Adyashanti.

18 de enero de 2013

¿QUÉ SOY YO EN REALIDAD?

El Gran Espacio Interno

Lo que se abre dentro de ti cuando estás dispuesto a asumir la posibilidad de que las cosas sean distintas de lo que creías es lo que yo llamo “el gran espacio interno”. Es el lugar donde llegas a saber que no sabes. Cuando eres consciente del hecho de que verdaderamente no sabes, has llegado al verdadero punto de entrada al final del sufrimiento. Quiero decir que eres consciente de que verdaderamente no sabes nada, de que verdaderamente no entiendes el mundo, de que verdaderamente no te entiendes con los demás ni te entiendes a ti mismo. Esto resulta muy evidente en cuanto dedicamos en serio un momento a mirar a nuestro alrededor. Cuando miramos el mundo que hemos creado los seres humanos, y cuando miramos cómo nos relacionamos unos con otros, resulta muy evidente que no sabemos nada en absoluto. Esa fue una de las cosas que vi cuando era niño: que este mundo de los adultos tiene algo de locura. Todos van por ahí haciendo como que saben las cosas de verdad, haciendo como que saben lo que es cierto y lo que no, que saben lo que es correcto o quién se equivoca; pero en realidad, nadie lo sabe de verdad. Ello, sin embargo, nos da miedo porque en realidad no queremos reconocer que nadie sabe nada de verdad.

Por otro lado, vemos que existe muy poca disposición por parte de la mayoría de nosotros a dejarnos afectar de esta manera. Pero si has sufrido lo suficiente (y me imagino que has sufrido bastante), entonces puede que sí estés dispuesto a dejarte afectar. Puede que tu sufrimiento te haya creado un anhelo de este gran espacio interno. Puede que estés dispuesto a abrirte a la idea de que quizá seas algo completamente distinto de lo que te imaginabas, de que los demás pueden ser completamente distintos de lo que tú creías, de que el mundo puede ser completamente distinto de lo que te habías imaginado nunca. El punto de partida, como siempre, eres tú mismo. Este es el punto de entrada. Porque, al fin y al cabo, este gran espacio interno está dentro de nosotros. Sin embargo, tenemos una tendencia a empezar por alguna otra persona. “¡Cambia! ¡Cambia tú, y entonces yo seré feliz!”. “Si cambia el mundo, seré feliz”. “Si cambia mi entorno, o cambia mi situación de trabajo, o cambia mi pareja, entonces seré feliz!”. Pero la verdad es que tenemos que empezar por nosotros mismos; no intentando “cambiarnos” a nosotros mismos, porque, si ni siquiera sabemos quienes somos, tampoco sabremos cómo cambiarnos. Lo primero que tenemos que mirar es nuestro propio yo, quién somos de verdad. Lo primero que tenemos que mirar es nuestro propio ser, quiénes somos de verdad. Antes de intentar cambiar nada de nosotros, debemos empezar por saber quiénes somos y qué somos; porque, al descubrir qué es lo que somos, pasamos a una dimensión de la conciencia que pone fin al sufrimiento innecesario.

De modo que empezamos a mirar hacia dentro de nosotros mismos, ahora mismo, en este mismo momento, estemos donde estemos. Yo estoy aquí sentado en un taburete, y en el lugar exacto donde estoy, cuando miro dentro de lo que soy, la verdad es que no lo sé. Descubro que soy un misterio insondable. Descubro que podría asignarle un nombre, que podría asignarme nombres de todo tipo, que podría proponer muchas descripciones de lo que soy; pero que, en realidad, todas ellas no son más que pensamientos. Cuando me asomo por debajo del velo del pensamiento, lo que descubro es que soy un misterio. En cierto sentido, desaparezco. Desaparezco en forma de pensamiento. Desaparezco en forma de persona imaginada. Lo que descubro es que, si soy alguien, soy un punto de consciencia que reconoce que todo lo que pienso sobre mi mismo no es en realidad lo que soy; reconozco que el próximo pensamiento que tenga no podría llegar a describirme de verdad.

¿Qué es lo que encuentras tú cuando te asomas por debajo del velo de tus pensamientos? ¿Qué es lo que descubres de verdad cuando te abres a algo que está más allá de tu mente? ¿Qué pasa cuando te quedas en calma e inquieres, sin limitarte a saltar al pensamiento siguiente?  Pregúntate en silencio: “¿Qué soy yo en realidad?”. ¿No es ese un momento de quietud absoluta? ¿Y no eres completamente consciente de esa quietud? ¿Y no es evidente que, si no vamos a nuestras mentes, lo que somos es algo espacioso y de un misterio maravilloso, de un asombro maravilloso; que somos un punto quieto e inmóvil de consciencia y de conciencia? Dentro de esta conciencia, pueden aparecer muchos pensamientos, y de hecho aparecen. También pueden aparecer, y aparecen, muchas emociones, muchos modos en que nos podemos imaginar en nuestras mentes que sabemos. Pero en realidad todo es imaginación. ¿Cómo sabemos que todo es imaginación? Porque, cuando dejamos de imaginar, desaparece. Cuando dejamos de atribuirnos un nombre, el que creemos ser desaparece hasta que empezamos a atribuirnos un nombre de nuevo. Pero cuando nos detenemos y observamos, lo que resulta evidente es que no hay más que el acto de mirar, un espacio abierto de consciencia, y nada más; porque lo que hay a continuación no es más que el pensamiento siguiente.

pp 29-32  El fin del sufrimiento. Adyashanti. Gaia Ediciones 2012 

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19 de agosto de 2012

Entrevista a Adyashanti


PREGUNTA: Has mencionado que todos los caminos espirituales acaban por llevarnos a un estado de rendición completa. Pero, ¿qué ocurre si las partes de nosotros que no quieren rendirse están escondidas, muy enterradas en la psique? ¿Cómo conseguimos que esos lugares ocultos salgan a la superficie?
RESPUESTA: Es posible que no puedas hacer nada al respecto. Esto es lo que la gente evita más, ¿correcto? Dame algo; dame una enseñanza; dame algo de esperanza. Por supuesto, dentro de nosotros hay maneras totalmente inconscientes de aferrarnos, pautas de apego a las que no tenemos acceso. Tal vez no tengas acceso a ellas, punto. Fin de la historia. Eso es todo.
Tendrás acceso a ello en el momento exacto en que debas tenerlo. Es posible que esto no nos guste. Es posible que a la gente no le guste oír esto, pero miremos nuestras vidas, o las filosofías o enseñanzas, lo que hemos elegido contarnos, ¿correcto?
Al menos en mi vida puedo mirar y ver que ha habido momentos en los que aún no tenía ciertas capacidades. Simplemente no estaban ahí. No tengo ni idea de qué podría haber hecho para sacarlas a la luz. En ciertos momentos, ni siquiera habría podido escuchar a alguien que me dijera cómo desarrollarlas.
Mi maestro me repitió ciertas cosas cientos de veces a lo largo de los años. Y sólo después de diez años llegué a pensar: “Oh… Ahora lo entiendo…”
Es posible que esta no sea enseñanza espiritual energética que buscabas, pero todo tiene su momento, todo tiene su lugar. El ego no controla lo que sucede. La vida controla lo que sucede. Insistir en que algo puede darnos el poder de manera inmediata para sumergirnos en nosotros mismos y ver todo lo que necesitamos ver para despertar es trabajar en sentido contrario a las experiencias de la gente.
Todo ocurre en su momento. Tú no lo controlas. Pero esto no es algo que queramos oír, ¿o sí? No es lo que nuestra mente desea. En general, queremos oír cosas que fortalezcan nuestra sensación de control. Y rechazamos radicalmente cualquier cosa que no fortalece nuestra sensación de control.
Cuando empiezas a aceptar lo que ves como verdadero –no lo que yo digo, sino tu experiencia- todo empieza a cambiar.
Muchas veces vienen y me dicen: “No puedo hacer nada con respecto a esto, esta parte de mis ilusiones, esta parte de mi personalidad”. Me preguntan: ¿Qué puedo hacer? Yo les digo: ¿Qué ocurriría si aceptaras esa parte de tu experiencia que te dice que no puedes hacer nada? ¿Qué sucedería si le dejaras un sitio dentro de ti en lugar de intentar expulsarla?
A menudo, cuando lo aceptan permitiendo que cale en el cuerpo, esta comprensión de cómo es vivir sin resistencia empieza a cambiarlo todo. A veces las experiencias que apartamos de nosotros contienen las comprensiones más transformadoras y que más necesitamos. ¿Quién sospecharía que el hecho de ver que no hay nada, absolutamente nada que uno pueda hacer va a ser transformador?
Todos somos adictos. Verdaderamente todos somos adictos y lo que queremos es “estar colocados” y sentirnos libres. Es la misma dinámica. Mientras la persona continúe diciéndose: “Puedo hacer esto. Yo controlo. Puedo encontrar la manera de superar esto”, no va a ocurrir ninguna transformación.
Para mí, la espiritualidad es estar dispuesto a caer de bruces. Por eso, aunque a veces mis discípulos me ponen en un pedestal y piensan que he descubierto algo maravilloso, yo les digo constantemente: “Mi camino era el camino del fracaso”. Todo lo que intenté fracasó. El esfuerzo tuvo su papel. La lucha tuvo su papel. Pero tuvo un papel porque me llevó al final. Fracasé en el intento de meditar bien, de hallar la verdad. Todo aquello que intenté usé para tener éxito espiritualmente fracasó. Pero en el momento del fracaso es cuando todo se abre.
(Entrevista a Adyashanti. El final de tu mundo).

14 de agosto de 2012

El despertar en el plano de la mente - Adyashanti


¿Qué significa experimentar la no división en la mente? Todos sabemos cómo es estar divididos en nuestra mente, que nuestros pensamientos estén en  conflicto entre sí, que una parte de la mente diga: “Debería hacer esto”, y la otra parte diga: “No lo debería hacer”. Tener una mente dividida es tener una mente en conflicto consigo misma.

La mayoría de nuestras mentes se hallan en un gran conflicto. Nuestras pautas de pensamiento van y vienen entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo correcto y lo equivocado, lo santo y lo profano, lo que merece la pena y lo que no, e incluso entre lo iluminado y lo no iluminado.

A medida que despertamos vemos que en la estructura del pensamiento nada es una verdad definitiva. No me malinterpretes, no estoy diciendo que la mente no tenga valor o que sea algo malo. La mente, que no es otra cosa que los pensamientos, es una herramienta como todas las demás, tal como un martillo, una sierra o un ordenador lo son.

Hemos olvidado que la mente es una herramienta útil y poderosa. Todo empieza en ella. Cada coche que conduces, cada edificio, centro comercial, todo ello comenzó como un pensamiento en la mente de alguien.

Pero la conciencia humana no considera que la mente sea sólo una herramienta. Lo que ha ocurrido es que la mente ha usurpado la realidad. Se ha convertido en su propia realidad hasta tal punto que los seres humanos encontramos nuestro sentido de identidad –quienes creemos ser, nuestra autoimagen- en nuestro proceso de pensamiento.

En y por sí mismo, un pensamiento sólo es un pensamiento. No es intrínsecamente verdadero. Puedes pensar en un vaso de agua, pero si tienes sed, no te puedes beber el pensamiento. En nuestra conciencia humana, muchos pensamientos sólo piensan sobre otros pensamientos.

A medida que despertamos en el plano de la mente, empezamos a percibir desde más allá de ella. Nos damos cuenta de que la mente misma está vacía de realidad. Ver que la mente está vacía de realidad resulta radical. Es radical ver que todo nuestro sentido de identidad y el mundo mismo son creados por la mente. Esto es como un terremoto; el yo que percibimos que somos no tiene realidad.

Supone la destrucción de todo tu mundo. Y esto es algo que nunca podemos prever. Lo que se destruye es toda nuestra visión del mundo: todas las maneras en que estamos condicionados, todas nuestras estructuras de creencia y las de la humanidad… Todas estas estructuras y condicionamientos participan en la creación de este mundo particular, de este consenso que han acordado los seres humanos, de este considerar que las cosas son verdaderas… como “el mundo tiene que ser de una manera en particular”.

Cuando despertamos en el plano de la mente, empezamos a pensar: “Dios mío, mi manera de ver el mundo era totalmente imaginaria; literalmente estaba hecha de sueños”. No importa que te veas como iluminado o no, como bueno o malo, digno o indigno. La no división mental hace que todas esas estructuras del ego sean barridas completamente.

Buda dijo que todos los dharmas están vacíos.

Suelo decir que a la gente que no se equivoque: la iluminación es un proceso destructivo. No tiene nada que ver con ser mejor, ni con ser más o menos feliz. La iluminación es el desmoronamiento de la no verdad. Es mirar más allá de la fachada del fingimiento, la completa erradicación de todo lo que imaginábamos que era verdad. Es algo radical. No esperábamos ver que todo lo que considerábamos verdadero en realidad forma parte del estado onírico y mantiene dicho estado.

No existen los pensamientos iluminados. Ver esto puede ser un gran shock para el sistema. De hecho, la mayoría de nosotros nos protegemos de esta verdad. Decimos que queremos la verdad, pero ¿la queremos realmente? Decimos que deseamos ver la realidad, pero cuando aparece, es muy diferente de lo que habíamos pensado. No encaja en nuestro contexto ni en nuestras imágenes. Convierte nuestro mundo en escombros.

Cuando todo está dicho y hecho, no nos queda nada. Tenemos la manos totalmente vacías, no tenemos nada a lo que agarrarnos. No hay concepto, no hay estructura de pensamiento en la que puedas descansar. No podemos ver las cosas en su verdadera naturaleza hasta que dejamos de verlas en su naturaleza falsa.

El final de tu mundo. Adyashanti.

6 de agosto de 2012

Life itself holds up a mirror for our awakening

Many of us are using our spirituality as a way to avoid life, to avoid seeing things we really need to see, to avoid being confronted with our own misunderstandings and illusions. It is very important to know that life itself is often our greatest teacher. Life is full of grace, sometimes it’s wonderful grace, beautiful grace, moments of bliss and happiness and joy, and sometimes it’s fierce grace, like illness, losing a job, losing someone we love, or a divorce. Some people make the greatest leaps in their consciousness when addiction has them on their knees, for example, and they find themselves reaching out for a different way of being. Life itself has a tremendous capacity to show us truth, to wake us up. And yet, many of us avoid this thing called life, even as it is attempting to wake us up.

The divine itself is life in motion. The divine is using the situations of our lives to accomplish its own awakening, and many times it takes the difficult situations to wake us up.

The irony is that most human beings spend their lives avoiding painful situations. We are not successful, but we are always trying to avoid pain. We have an unconscious belief that our greatest growth in consciousness and awareness comes through beautiful moments. We may, indeed, make great leaps in consciousness through beautiful moments, but I’ d say that most people make their greatest leaps in consciousness in the difficult times.

This is something a lot of people don’t want to acknowledge, that our greatest difficulties, suffering, and pain are a form of fierce grace. They are potent and important components of our awakening, if we’re ready for them. Whether the circumstance is illness, the death of a loved one, divorce, addiction, problems at work, it’s important to face our life situations in order to see the inherent gifts that are available.

I saw that what happens in the body and mind ultimately can’t be avoided. Everything has to be dealt with-everything. Everything has to be seen through.

I tell you this because everybody has a story. We all have our own ways in which life is attempting to hold up a mirror, to squeeze the conditioned self out of us, to squeeze out of us the holding and grasping, to squeeze out all of our beliefs and ideas and concepts and self-images.

If we are willing to look, we will see that life is always in the process of waking us up. If we are not in harmony with life, if we are working in opposition to it, then it is a rough ride indeed.

When we are not willing to see what life is trying to show us, it will keep ramping up the intensity until we are willing to see what we need to see. In this way, life itself is our greatest ally. It is almost a spiritual cliché to say that life is your greatest teacher. We can only know what it means when we have been through it, when we have allowed ourselves to have life hold up a mirror so we can see ourselves clearly.

To think that enlightenment only comes through wonderful experiences is to delude yourself. For most of us, the path to enlightenment is not rosy. We need to acknowledge this, because otherwise we’re only going to let ourselves travel toward that which feels good, that which supports our image of what the path of awakening should be. The truth of the matter is that most people who say they want awakening don’t actually want to awaken. They want their version of awakening. What they actually wants is to be really happy in their dream state. And that’s okay, if that’s as far as they’ve evolved.

The authentic impulse toward enlightenment is that internal prayer asking for whatever it is that will bring us to a full awakening, regardless of whether it turns out to be wonderful or terrible. It is an impulse that puts no conditions on what we have to go through.

This authentic impulse can be a bit frightening, because when you feel it, you know it is real. When you have let go of all conditions you have let go of your illusion of control.
This isn’t a journey about becoming something. This is about to unbecoming who we are not, about undeceiving ourselves. In the end, it’s ironic. We don’t end up anywhere other than where we have always been, except that we perceive where we have always been completely differently. We realize that the heaven everyone is seeking is where we have always been.

 The end of your world. Adyashanti.


14 de julio de 2012

El fuego de la verdad - Adyashanti

Las palabras son una ínfima parte de lo que sucede. la Verdad no se puede expresar mediante palabras. Es realmente silenciosa, y no podemos explicarla. Por tanto, eso que es muy poderoso y transformador en nuestro interior influye también en el mundo más allá de las palabras. Nuestra palabras y cualquier cosa que digamos dan igual, ya sea "paz, paz, paz para el mundo" o "alimentad a los hambrientos y a los pobres". Si esa lucha existe en nuestro interior, con cada palabra de paz estaremos transmitiendo conflicto, conflicto, conflicto. Aunque las palabras no digan "conflicto", será inevitable. Transmitimos lo que somos. Esto es muy importante.

En mi opinión, poner la tele y escuchar al tipo que más odies, al que más te provoque, es una estupenda práctica espiritual. Cuando veas a Dios ahí, estarás acercándote a la iluminación. Si tienes que apagar la televisión cada vez que le veas y te subes por las paredes de rabia, aún estarás muy lejos de conseguirla.

El fuego de la verdad. Adyashanti.

6 de julio de 2012

Sincerity Is The Key


The most important thing is not that you try to convince anybody of the truth that you see. What is really important is that you are truthful with yourself. If you can be truthful with yourself, then you can be truthful with anybody. There is no real usefulness in becoming overly focused on being truthful with everybody else. Although that´s necessary, the place to start is with yourself: Can you be totally sincere with yourself? Can you go to that place that is beyond blame, beyond judgment, beyond should and shouldn´t? Can you go to that place that is so sincere you won´t shy away from any part of yourself that is still in conflict; you won´t use the perception of truth to hide from something that feels less than liberating?
It is really a question of sincerity. As I said, this is not a self-improvement program. Once you discover the level of sincerity and honesty I am describing, you find that sincerity and honesty are manifestations of the absolute nature of being. To be this sincere with yourself may not be easy, initially. You may see things about yourself you don´t want to see. You may see the parts of yourself that stand in seemingly stark contrast to everything you have realized. Nonetheless, this is where awakening moves: toward and into that which is not awake. Sincerity is what allows this movement to happen, and it does happen if you are real with yourself. 
Sincerity is the key. You have to be willing; you have to want to see everything. When you want to see everything, you will see everything. 

(The End Of Your World. Adyashanti).

www.adyashanti.org

11 de junio de 2012

Trascendence As Avoidance

I want to emphasize this. If you avoid those aspects of your life that are not in harmony -those where you may still be in denial- that kind of avoidance is going to hinder your spiritual awakening- In the early stages, it may not have much of an effect. But later, as we get more into the more mature opening of realization, there is no more room for denial. This is something that a lot of people don´t count on. A lot of us think that somehow enlightenment is going to allow us to avoid dealing with those things in ourselves that we find uncomfortable.

Awakening can be the ground from which we meet every person and situation. It can be the ground from which we relate to all the circumstances of life. But this takes a lot of courage and a lot of fearlessness. It also takes something I continue to emphasize: a very simple sincerity. This kind of sincerity arises from that which loves the truth and sees that the truth is the greatest good.

To be anything less than real, to be in avoidance of anything at all, diminishes our experience of who we are. As I often say to my students, to be less than truthful with the people and situations in your life is to withhold the expression of who you are. In the end, we must come to see that truth itself is the highest good, that truth itself is the greatest expression and manifestation of love. Ultimately, love and truth are identical; they are like two sides of a coin. You can´t have truth without love, and you can´t have love without truth.

Awakening calls forth a transformation in both our interior and exterior lives. Again, please don´t think this transformation is about having the perfect life, the perfect job, the perfect mate, the perfect marriage, or the perfect friendship. This is not about perfection; it is about wholeness. It is not about having things exactly as we want them, but about having things exactly as they are. When we allow things to be, a sense of harmony develops; the gap between our realization and who we are as a human being gets smaller and smaller. A seamless continuum begins to emerge between realization and expression, awakening and its actualization.
(The End Of Your World. Adyashanti)