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2 de noviembre de 2010

OM MANI PADME HUNG el mantra de la compasión

OM MANI PADME HUNGel mantra de la compasión

El mantra de la compasión, OM MANI PADME HUNG encarna la compasión y la bendición de todos los budas y bodhisattvas, e invoca en especial la bendición de Avalokiteshvara, el Buda de la Compasión. El mantra se considera la esencia de la compasión del Buda hacia todos los seres.

Se cuenta que, hace innumerables eras, mil príncipes hicieron el voto de convertirse en budas. Uno de ellos decidió llegar a ser el Buda que conocemos con el nombre de Gautama Siddharta; Avalokiteshvara, empero, hizo el voto de no alcanzar la iluminación hasta que los otros mil príncipes se hubieran convertido en budas. Además, en su infinita compasión, hizo también el voto de liberar a todos los seres conscientes de los sufrimientos de los distintos reinos del samsara, y formuló la siguiente plegaria antes los budas de las diez direcciones: “Que pueda ayudar a todos los seres, y si alguna vez me canso de esta gran obra, que mi cuerpo se destruya en mil pedazos”. En primer lugar, se dice, descendió a los reinos infernales, y luego fue ascendiendo gradualmente, pasando por el mundo de los espíritus hambrientos, y así sucesivamente hasta llegar al reino de los dioses. Una vez allí, casualmente volvió la vista hacia abajo y consternado descubrió que, aunque había salvado a innumerables seres del infierno, seguían cayendo en numero igualmente incalculable. Esto lo sumió en el más profundo pesar y por un momento casi perdió la fe en el noble voto que había hecho, de manera que su cuerpo estalló en mil pedazos. En su desesperación, Avalokiteshvara pidió ayuda a todos los budas, que acudieron a socorrerlo desde todas las direcciones del universo, en forma de una suave ventisca de copos de nieve. Con su gran poder, los budas volvieron a reunir los pedazos, y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas y mil brazos, y un ojo en la palma de cada mano, como símbolo de esa unión de sabiduría y medios útiles que es la marca de la auténtica compasión.

Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos del samsara le cayeron dos lágrimas de los ojos, lágrimas que, por la bendición de los budas, se convirtieron en las dos Taras. Una es Tara Verde, que es la fuerza activa de la compasión, y la otra es Tara en su forma blanca, que es el aspecto maternal de la compasión. El nombre Tara significa “la que libera”; la que nos transporta a la otra orilla del océano del samsara.
Está escrito en los sutras del Mahayana que Avalokiteshvara dio su mantra al propio Buda, y Buda a su vez le concedió la tarea noble y especial de ayudar a todos los seres del universo a alcanzar la budeidad. En aquel momento, todos los dioses hicieron caer una lluvia de flores sobre ellos, la tierra tembló y el aire resonó con el sonido OM MANI PADME HUM HRIH.

Dice un poema:

Avalokiteshvara es como la luna cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del samsara; bajo sus rayos, el loto de la
compasión de floración nocturna abre por completo sus pétalos.

Las enseñanzas explican que cada una de las seis sílabas que componen el mantra, OM MA NI PAD ME HUM, tiene una virtud específica y poderosa para provocar la transformación en distintos aspectos de nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente las seis ponzoñosas emociones negativas, que son manifestación de la ignorancia y que nos hacen obrar de un modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así el samsara y los sufrimientos que en él experimentamos. Por mediación del mantra, el orgullo, los celos, el deseo, la ignorancia, la codicia y la ira se transforman en su verdadera naturaleza, las sabidurías de las seis familias de budas que se manifiestan en la mente iluminada.

Así pues, cuando recitamos OM MANI PADME HUM, se purifican las seis emociones negativas que son la causa de los seis reinos del samsara. Es así como la recitación de las seis sílabas evita el renacimiento en los seis reinos, y disipa además el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al mismo tiempo, recitar OM MANÍ PADME HUM purifica por completo los agregados del yo, los skandas, y perfecciona las seis clases de acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las paramitas de la generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia, el entusiasmo, la concentración y la sabiduría. Se dice también que OM MANÍ PADME HUM confiere una poderosa protección contra toda clase de influencias negativas y contra varias formas distintas de enfermedad.

A menudo se añade al mantra la sílaba HRIH, la «sílaba semilla» de Avalokiteshvara, de modo que se convierte en OM MANÍ PADME HUM HRIH. HRIH, la esencia de la compasión de todos los Budas, es el catalizador que activa la compasión de los Budas para transformar nuestras emociones negativas en su naturaleza de sabiduría.

Pensando en quienes están familiarizados con el mantra y lo han recitado con fe y fervor durante toda la vida, el Libro tibetano de los muertos reza porque: «Cuando (en el bardo) el sonido de dharmata ruge como un millar de truenos, pueda todo convertirse en el sonido de las seis sílabas». De un modo semejante, en el Surangama Sutra leemos:

Cuan dulcemente misterioso es el sonido trascendental de Avalokiteshvara. Es el sonido primordial del universo. [...] Es el murmullo apagado de la marea que se retira. Su sonido misterioso trae liberación y paz a todos los seres conscientes que en su dolor piden ayuda, y les da una estabilidad serena a todos los que buscan la paz ilimitada del Nirvana.

(El libro tibetano de la vida y de la muerte. Sogyal Rimpoche)

www.nixipae.comel mantra de la compasión

El mantra de la compasión, OM MANI PADME HUNG encarna la compasión y la bendición de todos los budas y bodhisattvas, e invoca en especial la bendición de Avalokiteshvara, el Buda de la Compasión. El mantra se considera la esencia de la compasión del Buda hacia todos los seres.

Se cuenta que, hace innumerables eras, mil príncipes hicieron el voto de convertirse en budas. Uno de ellos decidió llegar a ser el Buda que conocemos con el nombre de Gautama Siddharta; Avalokiteshvara, empero, hizo el voto de no alcanzar la iluminación hasta que los otros mil príncipes se hubieran convertido en budas. Además, en su infinita compasión, hizo también el voto de liberar a todos los seres conscientes de los sufrimientos de los distintos reinos del samsara, y formuló la siguiente plegaria antes los budas de las diez direcciones: “Que pueda ayudar a todos los seres, y si alguna vez me canso de esta gran obra, que mi cuerpo se destruya en mil pedazos”. En primer lugar, se dice, descendió a los reinos infernales, y luego fue ascendiendo gradualmente, pasando por el mundo de los espíritus hambrientos, y así sucesivamente hasta llegar al reino de los dioses. Una vez allí, casualmente volvió la vista hacia abajo y consternado descubrió que, aunque había salvado a innumerables seres del infierno, seguían cayendo en numero igualmente incalculable. Esto lo sumió en el más profundo pesar y por un momento casi perdió la fe en el noble voto que había hecho, de manera que su cuerpo estalló en mil pedazos. En su desesperación, Avalokiteshvara pidió ayuda a todos los budas, que acudieron a socorrerlo desde todas las direcciones del universo, en forma de una suave ventisca de copos de nieve. Con su gran poder, los budas volvieron a reunir los pedazos, y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas y mil brazos, y un ojo en la palma de cada mano, como símbolo de esa unión de sabiduría y medios útiles que es la marca de la auténtica compasión.

Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos del samsara le cayeron dos lágrimas de los ojos, lágrimas que, por la bendición de los budas, se convirtieron en las dos Taras. Una es Tara Verde, que es la fuerza activa de la compasión, y la otra es Tara en su forma blanca, que es el aspecto maternal de la compasión. El nombre Tara significa “la que libera”; la que nos transporta a la otra orilla del océano del samsara.
Está escrito en los sutras del Mahayana que Avalokiteshvara dio su mantra al propio Buda, y Buda a su vez le concedió la tarea noble y especial de ayudar a todos los seres del universo a alcanzar la budeidad. En aquel momento, todos los dioses hicieron caer una lluvia de flores sobre ellos, la tierra tembló y el aire resonó con el sonido OM MANI PADME HUM HRIH.

Dice un poema:

Avalokiteshvara es como la luna cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del samsara; bajo sus rayos, el loto de la
compasión de floración nocturna abre por completo sus pétalos.

Las enseñanzas explican que cada una de las seis sílabas que componen el mantra, OM MA NI PAD ME HUM, tiene una virtud específica y poderosa para provocar la transformación en distintos aspectos de nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente las seis ponzoñosas emociones negativas, que son manifestación de la ignorancia y que nos hacen obrar de un modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así el samsara y los sufrimientos que en él experimentamos. Por mediación del mantra, el orgullo, los celos, el deseo, la ignorancia, la codicia y la ira se transforman en su verdadera naturaleza, las sabidurías de las seis familias de budas que se manifiestan en la mente iluminada.

Así pues, cuando recitamos OM MANI PADME HUM, se purifican las seis emociones negativas que son la causa de los seis reinos del samsara. Es así como la recitación de las seis sílabas evita el renacimiento en los seis reinos, y disipa además el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al mismo tiempo, recitar OM MANÍ PADME HUM purifica por completo los agregados del yo, los skandas, y perfecciona las seis clases de acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las paramitas de la generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia, el entusiasmo, la concentración y la sabiduría. Se dice también que OM MANÍ PADME HUM confiere una poderosa protección contra toda clase de influencias negativas y contra varias formas distintas de enfermedad.

A menudo se añade al mantra la sílaba HRIH, la «sílaba semilla» de Avalokiteshvara, de modo que se convierte en OM MANÍ PADME HUM HRIH. HRIH, la esencia de la compasión de todos los Budas, es el catalizador que activa la compasión de los Budas para transformar nuestras emociones negativas en su naturaleza de sabiduría.

Pensando en quienes están familiarizados con el mantra y lo han recitado con fe y fervor durante toda la vida, el Libro tibetano de los muertos reza porque: «Cuando (en el bardo) el sonido de dharmata ruge como un millar de truenos, pueda todo convertirse en el sonido de las seis sílabas». De un modo semejante, en el Surangama Sutra leemos:

Cuan dulcemente misterioso es el sonido trascendental de Avalokiteshvara. Es el sonido primordial del universo. [...] Es el murmullo apagado de la marea que se retira. Su sonido misterioso trae liberación y paz a todos los seres conscientes que en su dolor piden ayuda, y les da una estabilidad serena a todos los que buscan la paz ilimitada del Nirvana.

(El libro tibetano de la vida y de la muerte. Sogyal Rimpoche)