Ayahuasca

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24 de diciembre de 2018

El samsara, la impermanencia y la muerte

Si contemplamos nuestra vida veremos claramente cuántas tareas sin importancia, a las que llamamos «responsabilidades», se acumulan para llenarla. Un maestro las compara a «hacer la limpieza de la casa en sueños». Nos decimos que queremos dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tenemos tiempo. El mero hecho de levantarnos por la mañana supone una multitud de tareas: abrir la ventana, hacer la cama, ducharse, limpiarse los dientes, dar de comer al perro o al gato, fregar los platos de la noche anterior, descubrir que te has quedado sin azúcar o café, salir a comprarlo, preparar el desayuno... Es una lista interminable. Luego hay que buscar la ropa, elegirla, plancharla, volverla a guardar. ¿Y el cabello? ¿Y el maquillaje? Desvalidos, vemos cómo se nos llenan los días de llamadas telefónicas y proyectos triviales, de responsabilidades y responsabilidades... ¿O no deberíamos llamarlas «irresponsabilidades»?

Parece que nuestra vida nos vive, que posee su propio impulso imprevisible, que se nos lleva; en último término, nos parece que no tenemos elección ni control sobre ella. Naturalmente, esto a veces nos hace sentir mal, tenemos pesadillas y despertamos sudorosos, preguntándonos: «¿Qué estoy haciendo de mi vida?». Pero nuestros temores sólo duran hasta la hora del desayuno; aparece el maletín y volvemos a estar donde empezamos.

La palabra «cuerpo» en tibetano es , que quiere decir «algo que se deja atrás», como el equipaje. Cada vez que decimos , recordamos que sólo somos viajeros refugiados temporalmente en esta vida y este cuerpo.

Me gusta mucho el siguiente consejo de Patrul Rimpoché:

Ten presente el ejemplo de una vaca vieja,
que se da por satisfecha durmiendo en un cobertizo. Tienes que comer, dormir y cagar,
eso es inevitable,
lo demás no es asunto tuyo.

A veces pienso que el mayor logro de la cultura moderna es su brillante manera de vender el samsara y sus distracciones estériles. La sociedad moderna me parece una celebración de todas las cosas que alejan de la verdad, que hacen difícil vivir para la verdad y que inducen a la gente a dudar incluso de su existencia. Y pensar que todo esto surge de una civilización que dice adorar la vida, pero en realidad la priva de todo sentido real; que habla sin cesar de «hacer feliz» a la gente, pero que de hecho obstruye su camino a la fuente de la auténtica alegría.

Este samsara moderno se alimenta de la misma ansiedad y depresión que induce en todos nosotros y que fomenta cuidadosamente con una maquinaria de consumo que necesita mantenernos deseosos para continuar funcionando. El samsara es muy organizado, versátil y refinado; nos asalta con su propaganda desde todos los ángulos y crea a nuestro alrededor un entorno de adicción casi inexpugnable. Cuanto más intentamos escapar, parece que más caemos en las trampas que con tanto ingenio nos tiende. Jikmé Lingpa, maestro tibetano del siglo XVIII, dijo: «Hipnotizados por la variedad misma de las percepciones, los seres vagan perpetuamente errantes por el círculo vicioso del samsara».

Así obsesionados por falsas esperanzas, sueños y ambiciones que prometen felicidad pero sólo conducen a la desdicha, somos como personas que se arrastran por un desierto sin fin, muertas de sed. Y todo lo que este samsara nos ofrece para beber es un vaso de agua salada que intensifica nuestra sed.

Hacer planes para el futuro
es como ir a pescar en un barranco seco;
nada sale jamás como quieres;
renuncia pues a todos tus proyectos y ambiciones. Si has de pensar en algo, que sea
en la incertidumbre de la hora de tu muerte...

Hemos de darnos una sacudida de vez en cuando y preguntarnos seriamente: «¿Y si muriera esta noche? Entonces, ¿qué?». No sabemos si mañana despertaremos, ni dónde. Si después de espirar el aire no podemos volver a inspirar, nos morimos. Así de sencillo.

Que nos tomemos la vida en serio no quiere decir que debamos pasarla toda meditando como si viviéramos en las montañas del Himalaya o en el Tíbet de los antiguos tiempos. En el mundo moderno hemos de trabajar y ganarnos la vida, pero no debemos enredarnos en una existencia «de nueve a cinco» sin prestar ninguna consideración al sentido profundo de la vida. Nuestra tarea consiste en encontrar un equilibrio, encon- trar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más. La clave para encontrar un equilibrio feliz en la vida moderna es la sencillez.

En el budismo, este es el verdadero sentido de la palabra disciplina. Así pues, la disciplina consiste en hacer lo que es justo o apropiado; es decir, en una época excesivamente complicada, simplificar nuestra vida. Lo que hayamos hecho con nuestras vidas es lo que somos cuando morimos. Y cuenta todo, absolutamente todo.

Cuando se acercaba a la muerte, Buda dijo:

De todas las huellas de pisadas,
la del elefante es suprema;
de todas las meditaciones sobre la presencia mental,
la de la muerte es suprema.

Siempre que perdemos la perspectiva o nos dejamos llevar por la pereza, reflexionar sobre la muerte y la impermanencia nos devuelve de una sacudida a la verdad.

A veces, cuando enseño estas cosas, se me acerca alguien al terminar y me dice: «¡Todo eso es evidente! Siempre lo he sabido. Explíqueme algo nuevo». Entonces le pregunto: «¿Ha comprendido y captado realmente la verdad de la impermanencia? ¿La ha integrado hasta tal punto en todos sus pensamientos, respiraciones y movimientos, que su vida ha quedado transformada? Hágase estas dos preguntas: ¿Recuerdo en todo momento que estoy muriendo, y que todas las demás personas y cosas también mueren, de modo que trato a todos los seres en todo momento con compasión? Mi comprensión de la muerte y de la impermanencia, ¿es tan aguda y urgente que dedico hasta el último segundo a la búsqueda de la Iluminación? Si puede responder "sí" a estas dos preguntas, entonces ha comprendido de verdad la impermanencia».

El libro tibetano de la vida y de la muerte. Sogyal Rimpoche.

 




26 de noviembre de 2013

La propia verdad

El Buda no elogió a los que creían en otras personas. No alabó a quienes dependían de las palabras de otros y estaban eufóricos o deprimidos por ellas. Después de comprender las enseñanzas de alguien, no hemos de apegarnos a ellas, porque son las palabras de otro. Aunque sean correctas, lo son para esa persona. Si no las interiorizamos y hacemos que sean correctas en nuestro propio corazón, nunca llegarán a serlo para nosotros y las dudas nunca cesarán de surgir. “¿Es correcto? ¿Tiene el maestro razón? ¿Está equivocado?”, pensaremos. Lo cual significa que no hemos practicado hasta el punto de comprender.

Si alguien dice que algo es correcto, no le creas. Y si dice que incorrecto, tampoco le creas. “Correcto” e “incorrecto” no son más que palabras dichas por otro. Sea cual sea la enseñanza que escuches, interiorízala y practica para comprender su verdad, en el momento presente.
La misma práctica será distinta para diferentes personas, porque cada una tiene distintos grados de sabiduría. Vamos a ver a maestros e intentamos comprender su forma de actuar. Observamos sus métodos y su conducta, pero al hacerlo sólo nos estamos fijando en las cosas exteriores. Lo que podamos ver de su práctica sólo es su aspecto exterior. Si los abordamos de esta forma, nuestras dudas seguirán existiendo. “¿Por qué este maestro practica de este modo? ¿Por qué aquel otro emplea ese método? ¿Por qué uno enseña muchas cosas miestras que el otro apenas enseña?” Todas esas preguntas pueden realmente confundirte. 


Encontrar el camino correcto no depende de estas cosas, sino de cada uno de nosotros. Podemos tomar a otros como buenos ejemplos, pero hemos de mirar con más profundidad en nuestro interior para eliminar las dudas. Así fue como el Buda enseñó a aquel anciano a contemplar el momento presente, a no dejar que la mente se distrajera con el pasado o con el futuro.
De modo que él se dedicó a observar su mente en cualquier situación. Fueran cuales fueran las condiciones en las que se encontrara, no le importaba, lo veía todo como inseguro, como impermanente. El Buda no le enseñó más que esto y él, al ponerlo en práctica, logró comprender el Dharma. 


La rueda del samsara, la ronda de la existencia, da vueltas sin cesar, pero no es necesario que gires con ella. Gira en círculos. ¿Acaso deseas intentar seguirla? Va muy rápida. Si una rueda gira a gran velocidad, puedes permanecer en el centro y dejar que gire a tu alrededor. Una lagartija quizá intente correr tras ella, pero tú puedes mantenerte en el centro y ver cómo la lagartija pasa una y otra vez frente a ti mientras gira la rueda sin haber de perseguirla.


Todo llega, todo pasa. Ajahn Chah.

 

10 de octubre de 2012

ORACIONES PARA MEDITAR


Refugio
Yo y todos los seres sintientes nos refugiamos en Buda, el Dharma y la Sangha hasta que alcancemos la iluminación. (x3, x7, x100 o más) .
Generación de bodhichita
Que por los méritos que acumule
con la práctica de la generosidad y otras perfecciones,
alcance el estado de Buda
para poder beneficiar a todos los seres sintientes. (x3)
Generación de los cuatro deseos inconmensurables
Que todos los seres sean felices,
que todos los seres se liberen del sufrimiento,
que nadie sea desposeído de su felicidad,
que todos los seres logren ecuanimidad, libres de odio y de apego.
Visualización del campo de méritos
Al igual que la luna llena está circundada de estrellas,
ante mí en el espacio se halla Buda Shakyamuni
rodeado de todos los Budas y Bodhisatvas.
Oración de las siete ramas
Respetuosamente me postro con cuerpo, palabra y mente,
os presento ofrendas materiales e imaginadas,
confieso mis malas acciones del pasado,
y me regocijo de las virtudes de los Seres Superiores y ordinarios.
Por favor, permaneced junto a nosotros hasta el fin del samsara,
y girad la Rueda del Dharma a los seres migratorios.
Dedico todas las virtudes para la gran iluminación.
Ofrecimiento del mandala
Os ofrezco esta base con flores y ungida de incienso,
con el Monte Meru, los cuatro continentes, el sol y la luna,
percibida como una tierra pura de Buda.
Que todos los seres puedan disfrutar de una tierra pura.
Aceptad, por favor, los objetos de mi apego, odio e ignorancia,
mi amigo, enemigo y desconocido, así como mi cuerpo y posesiones,
que sin sentimiento de pérdida os ofrezco.
Y bendecidme para que me libere de los tres venenos mentales.
IDAM GURU RATNA MANDALAKAM NIRIATAYAMI
Oración de las etapas del camino
Bendecidme para que comprenda
que generar fe sincera en el bondadoso maestro espiritual,
fuente de toda virtud, es la raíz del camino.
Y así le siga siempre con gran devoción.
Bendecidme para que comprenda
que este excelente renacimiento humano dotado de libertad
es muy valioso y difícil de conseguir.
Y así dedique el día y la noche a extraer su esencia.
Mi cuerpo es frágil como una burbuja en el agua,
rápidamente decae y se destruye.
Y así como la sombra siempre sigue al cuerpo,
el resultado de mis acciones proseguirá a la muerte.
Con este entendimiento firme en la memoria
bendecidme para que, con extrema cautela,
evite siempre la mínima acción indebida
y acumule virtud en abundancia.
Los placeres del samsara son ilusorios,
no producen satisfacción sino tormentos.
Por ello, bendecidme para que solo me esfuerce
en lograr el gozo sublime de la liberación.
Bendecidme para que, con gran cuidado y atención,
inducido por este pensamiento puro,
mantenga el pratimoksha, la raíz de la doctrina,
como mi práctica esencial.
Al igual que yo, todos los maternales seres
están hundidos en el océano del samsara,
bendecidme para que me adiestre en la bodhichita
y pueda liberar pronto a todos los seres.
Pero si solo cultivo esta mente
sin aplicarme en las tres moralidades,
no alcanzaré la iluminación.
Por ello, bendecidme para que guarde los votos del Bodhisatva.
Pacificando mis distracciones
e investigando el significado real,
bendecidme para que logre la unión
de la permanencia apacible y la visión superior.
Bendecidme para que, a través del camino común,
me convierta en un recipiente puro 
y entre en el camino de los seres afortunados,
el vajrayana, el camino supremo.
Las dos realizaciones dependen
de mis sagrados votos y promesas.
Bendecidme para que lo entienda con claridad,
y siempre los mantenga aunque mi vida peligre.
Realizando a diario las cuatro sesiones
tal como indican los maestros sagrados,
bendecidme para que pronto alcance
las dos etapas del camino del tantra.
Que los Guías que me muestran el buen camino
y las amistades que me ayudan tengan larga vida,
y bendecidme para que pacifique por completo
todos los obstáculos, externos e internos.
Que siempre encuentre maestros perfectos
y disfrute del Dharma sagrado,
y que realizando las etapas del camino
pronto alcance el estado de Vajradhara.
Bendiciones y purificación
De los corazones de todos los seres sagrados fluye un torrente de luz y néctar, que nos bendice y purifica.
Puedes realizar ahora tu contemplación y meditación. Al final de la meditación dedica los méritos con la siguiente oración:
Dedicación
Que gracias a las virtudes que he acumulado
practicando las etapas del camino,
tengan también los demás seres sintientes
la oportunidad de realizar esta práctica.
Que todos los seres sintientes disfruten
de los gozos divinos y humanos,
y pronto alcancen la felicidad última,
cesando toda existencia en el samsara.
Colofón: 
Esta sadhana ha sido recopilada a partir de fuentes tradicionales por el venerable Gueshe Kelsang Gyatso y ha sido traducida bajo su compasiva guía.
http://kadampa.org/es/buddhism/oraciones-para-meditar