Ayahuasca Info

6 de septiembre de 2010

UN ARTE

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder  
las llaves de las puertas, las horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.
Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.
Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.
Elizabeth Bishop

5 de septiembre de 2010

El auténtico corazón de la tristeza

Bodhi significa “despertar” o “alerta” y chitta quiere decir “corazón”, de modo que bodhichitta significa “corazón despierto”. El corazón despierto adviene cuando estamos dispuestos a afrontar nuestro propio estado anímico. Quizá esto parezca una gran exigencia, pero resulta absolutamente indispensable. Debemos examinarnos y preguntarnos cuántas veces hemos intentado entrar en contacto, plena y verdaderamente, con nuestro corazón.

Cuando nos encorvamos, estamos intentado ocultar nuestro corazón y tratando de protegerlo ahuecándonos sobre él. Pero cuando nos sentamos erguidos y tranquilos, en la postura de meditación, nuestro corazón está desnudo y todo nuestro ser se haya expuesto tanto a nosotros mismos como a los demás. Simplemente con dejarnos ser, tal como somos, comenzaremos a sentir, poco a poco, verdadera amistad por nosotros mismos.

Si buscamos el corazón despierto, si nos metemos la mano en el pecho en busca de él, no encontraremos nada, sólo una sensación dolorida. Sentimos algo sensible y tierno y, si abrimos los ojos al resto del mundo, sentimos una inmensa tristeza, una tristeza que no procede del hecho de haber sido maltratados. No estamos tristes porque alguien nos haya insultado ni porque nos sintamos desposeídos. Esta experiencia de tristeza es, más bien, algo incondicional que tiene lugar porque nuestro corazón se haya completamente al descubierto. No hay piel ni tejido que lo protejan. Nuestra experiencia es cruda, tierna y exclusivamente personal.

El auténtico corazón de la tristeza proviene de la sensación de que nuestro inexistente corazón está lleno a rebosar.

La verdadera intrepidez procede de la ternura. Proviene de dejar que el mundo roce ligeramente nuestro corazón, nuestro corazón bello y palpitante. Estamos dispuestos a abrirnos, sin resistencia ni timidez, para afrontar el mundo. Estamos dispuestos a compartir nuestro corazón con los demás.

Trungpa, Chogyam. Enseñanzas esenciales.