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27 de octubre de 2011

Las penas creadas por la mente pueden ser desenredadas.


Cuando descubrimos como creamos las dolorosas historias de nuestra vida, entonces podemos aprender a desenredarlas. En la novela de Kurt Vonnegut Slaughter-house-five encontramos la descripción de lo que sucede cuando, una noche, una película de la Segunda Guerra Mundial se proyecta al revés.
Aviones americanos, llenos de agujeros, con heridos y cadáveres, aterrizan al revés en una pista de aterrizaje de Inglaterra. Sobre Francia, unos pocos aviones alemanes de combate vuelan hacia ellos al revés, recogen bombas y trozos rotos de algunos de los aviones y tripulación. Hacen lo mismo de bombarderos americanos destrozados en el suelo, y dichos aviones vuelan al revés uniéndose a la formación.
La formación vuela al revés hasta una ciudad alemana en llama. Los bombarderos abren sus compuertas y, con un magnetismo milagroso, tragan los fuegos, los recogen en contenedores en forma de cilindros de acero y dejan los contenedores en el vientre de los aviones. Los contenedores son colocados en filas... todavía hay unos pocos americanos heridos y algunos de los bombarderos están muy deteriorados. Sobre Francia, combatientes alemanes se levantan, dejándolo todo como nuevo.
Cuando los bombarderos regresan a la base, los cilindros de acero son cogidos de sus filas y embarcados de nuevo a los Estados Unidos, donde las fábricas trabajan día y noche, desmantelando los cilindros, separando los contenidos peligrosos en minerales. Curiosamente, las mujeres son mayoría en el trabajo. Los minerales son entonces enviados por barco a especialistas en zonas alejadas. Su trabajo consiste en meterlos en la tierra, para esconderlos inteligentemente, de modo que no puedan volver a hacer daño a nadie.
Las penas creadas por la mente pueden ser desenredadas. Podemos liberar nuestras penas y abrirnos al gran canto que está más allá de todas las historias, al dharma eterno. Podemos pasar por la vida cumpliendo nuestra parte, pero en cierto modo libres en medio de todas las cosas. Cuando las historias de nuestras vidas dejan de atarnos, descubrimos en ellas algo mayor. Descubrimos que, bajo cualquier limitación de forma, de nuestra masculinidad y feminidad, de ser padres e hijos, de la gravedad de la tierra y el cambio de las estaciones, existe la libertad y armonía que hemos buscado tanto tiempo. Nuestra vida individual es una expresión de todo el misterio, y en él podemos descansar en el seno del movimiento, en el centro de todos los mundos. 
Jack Kornfield. Camino con corazón.