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5 de enero de 2014

Chamanismo, psicopatología e iniciaciones chamánicas (Mircea Eliade)

Desde que principió el siglo, los etnólogos adoptaron la costumbre de emplear indistintamente los términos chamán, hombre-médico (medicine-man), hechicero o mago, para designar a determinados individuos dotados de prestigios mágico-religiosos y reconocidos en toda sociedad "primitiva".
Estimamos que merece la pena limitar el uso de los vocablos "chamán" y "chamanismo", justamente para evitar los equívocos y poder ver con más claridad en la propia historia de la "magia" y de la "hechicería". Porque, desde luego, el chamán es, él también, un mago y un hombre-médico: se cree que puede curar, como todos los médicos, y efectuar milagros fakíricos, como todos los magos, sean primitivos o modernos. Pero es, además, psicopompo, y puede ser también sacerdote, místico y poeta. El vocablo nos a través del ruso, del tungús shaman. Una primera definición de tan complejo fenómeno y quizá la menos aventurada, sería ésta: Chamanismo es la técnica del éxtasis.


Por no anticipar demasiado el contenido de los capítulos siguientes, contentémonos con decir que los chamanes son seres que se singularizan en el seno de sus respectivas sociedades por determinados rasgos que, en las sociedades de la Europa moderna, representan los signos de una "vocación" o, al menos, de una "crisis religiosa". Los separa del resto de la comunidad la intensidad de su propia experiencia religiosa. Esto equivale a decir que sería más razonable situar al chamanismo entre las místicas que en lo que habitualmente se llama una "religión".


El chamán es el gran especialista del alma humana; sólo él la "ve", porque conoce su "forma" y su destino. Y donde no interviene la suerte inmediata del alma, donde no se trata de enfermedad (perdida del alma) o de muerte, o de mala suerte, o de un gran sacrificio que entraña una experiencia extática cualquiera (viaje místico al Cielo o a los Infiernos), el chamán no es indispensable. Una gran parte de la vida religiosa se desenvuelve sin él.


En muchos pueblos primitivos se admite la posibilidad de obtener los poderes mágico-religiosos, ya espontáneamente (enfermedad, sueño, tropiezo fortuito con una fuente de "poder", etc.), ya voluntariamente (busca). Puede observarse que la obtención no hereditaria de los poderes mágico-religiosos ofrece un número casi ilimitado de formas y variantes.

Según el padre Housse, (...) los que se quieren dedicar al chamanismo "son siempre individuos enfermizos o sensitivos de corazón débil, estómago delicadísimo y propensos a padecer desvanecimientos. Suponen que para ellos es irresistible el llamamiento de la divinidad y que una muerte prematura castigaría inevitablemente su infidelidad o su resistencia". A veces, como entre los Jívaros, el futuro chamán es solamente un ser reservado y taciturno, o, como entre los Selk'nam y los Yámana de la Tierra del Fuego, seres predispuestos a la meditación y al ascetismo. Paul Radin evidencia la estructura epileptoide o histeroide de la mayoría de los hombres- médico que cita en apoyo de su tesis acerca del origen psicopatológico de los hechizeros y los sacerdotes. 


Métraux ha visto mejor el fondo del problema al escribir, a propósito de los chamanes suramericanos, que los individuos neuróticos o religiosos por temperamento "se sienten atraídos hacia un género de vida que les procura una unión íntima con el mundo sobrenatural y que les permite emplear libremente su fuerza nerviosa. Los inquietos, los inestables, o simplemente los meditativos hallan en el chamanismo una atmósfera propicia".


No tiene nada de sorprendente que determinadas enfermedades aparezcan casi siempre en relación con la vocación de los hombres-médico. El hombre religioso, como el enfermo. se siente proyectado sobre un nivel vital que le revela los datos fundamentales de la existencia humana, esto es, la soledad, la inseguridad y la hostilidad del mundo que le rodea. Pero el mago primitivo, el hombre-médico o el chamán no es sólo un enfermo; es, ante todas las cosas, un enfermo que ha conseguido curar, y que se ha curado a sí mismo. Muchas veces, cuando la vocación del chamán o del hombre-médico se manifiesta a través de una enfermedad o de un ataque epiléptico, la iniciación del candidato equivale a una curación. 


El famoso chamán yakuto Tüsput (esto es, "Caído del Cielo") cayó enfermo a los veinte años, rompió a cantar y notó una gran mejoría. Cuando Sieroszewski lo encontró, tenía setenta años y daba pruebas de una incansable energía. "Si fuera preciso, podría tocar el tambor, danzar y saltar durante toda una noche". Era, además un hombre que había viajado; incluso había trabajado en las minas de oro de Siberia. Pero sentía la necesidad de dedicarse al chamanismo: enfermaba si dejaba de practicarlo durante mucho tiempo.


Un chamán golde le contaba a Sternberg: "Los viejos dicen que hace algunas generaciones había tres grandes chamanes en mi familia. No se sabe que haya habido chamanes entre mis antepagados más próximos. Mis padres gozaban de una salud perfecta. Tengo cuarenta años; estoy casado y no tengo hijos. Estuve muy bien hasta los veinte años; más tarde, caí enfermo, me dolía el cuerpo y padecía unos espantosos dolores de cabeza. Unos chamanes intentaron curarme y no lo consiguieron. Mejoré cuando empecé yo mismo a dedicarme al chamanismo, Me convertí en chamán hace diez años, pero al principio ejercitaba mis facultades sólo en mí mismo; sólo hace tres años que me dedico a curar al prójimo. La profesión de chamán es sumamente fatigosa”.


Sternberg señala también que la elección del chamán se manifiesta por una enfermedad bastante grave que coincide generalmente con la madurez sexual. Pero el futuro chamán acaba por curarse con la ayuda de esos espíritus que serán después sus espíritus protectores y auxiliares. Algunas veces estos son antepasados que desean trasmitirle los espíritus que quedan disponibles. Se trata siempre de una curación, de un dominio, de un equilibrio realizados por el ejercicio mismo del chamanismo. Por ejemplo, no se debe al hecho de padecer ataques de epilepsia el que un chamán esquimal o indonesio posea su fuerza y su prestigio sino al hecho de que puede dominar su propia epilepsia.


Según los Yakutes, el chamán perfecto "debe ser serio, tener tacto, saber convencer a los que le rodean; sobre todo, no debe parecer nunca presumido, orgulloso, violento. Debe sentirse en él una fuerza interior que no ofenda, pero que tenga conciencia de su poder".


Entre los Buriatos los chamanes son los principales custodios de la rica literatura heroica oral. El vocabulario poético de un chaman yakuto abarca 12000 palabras, mientras que su lenguaje usual –el único que comprende el resto de la comunidad– no pasa de las 4000. 


Todos estos ejemplos explican, de una o de otra manera, la singularización del hombre-médico en el seno de la sociedad. Bien sea escogido por los dioses o los espíritus para ser su portavoz, bien esté predispuesto para semejante función a consecuencia de algunas taras físicas, o bien sea portador de una herencia que equivale a una vocación mágico-religiosa, de cualquier modo el hombre-médico se separa del mundo de los profanos justamente porque se halla en relación más directa con lo sagrado y manipula más eficazmente con sus manifestaciones. Debilidad, enfermedad nerviosa, vocación espontánea o por herencia son otros tantos signos de una "elección". A veces estos signos son físicos (debilidad connatural o adquirida), en otras ocasiones se trata de un accidente, incluso de los más comunes (por ejemplo, caer de un árbol, ser mordido por una serpiente, etc.); pero, habitualmente, como veremos con todo detalle en el capitulo siguiente, la elección se anuncia por medio de un accidente insólito; rayo, aparición. sueño, etc.


Las enfermedades, los sueños y los éxtasis más o menos patológicos, son, como hemos visto, otros tantos medios de acceso a la condición de chamán. En ocasiones estas singulares experiencias no significan otra cosa que una "elección" venida de lo alto y no hacen más que preparar al candidato para nuevas revelaciones. Pero, casi siempre, las enfermedades, los sueños y los éxtasis constituyen por sí mismos una iniciación; esto es, consiguen transformar al hombre profano de antes de la "elección" en un técnico de lo sagrado. Desde luego, esta experiencia de orden extático está siempre y en todas partes seguida por una instrucción teórica y práctica que procuran los viejos maestros. (...)
El candidato se trueca en un hombre meditativo, busca la soledad, duerme mucho, parece ausente, tiene sueños proféticos y, a veces, ataques. Todos estos síntomas no son más que el preludio de la nueva vida que espera, sin saberlo, al candidato. Pero se dan también "enfermedades", ataques, sueños y alucinaciones que deciden en poco tiempo la carrera de un chamán.


El mismo esquema iniciático se halla también en otros pueblos siberianos. El chamán tungús Iván Colko asegura que un futuro chamán debe estar enfermo, tener el cuerpo descuartizado y que los malos espíritus (saargi) hayan bebido su sangre. Estos malos espíritus –que son, en realidad, las almas de los chamanes muertos– echan mi cabeza en una caldera, donde la forjan con otras piezas metálicas que después serán parte de su vestidura ritual. Otro chamán tungús cuenta que él estuvo enfermo un año. Durante ese tiempo cantaba para aliviar su dolencia. Entonces, sus antepasados-chamanes se llegaron a él y lo iniciaron: lo acribillaron con flechas hasta que perdió el conocimiento y rodó por tierra; le cortaron la carne, le arrancaron los huesos y los contaron: si le hubiera faltado alguno, no hubiera podido ser chamán. Durante esta operación –que duró todo el verano– estuvo sin comer ni beber (Ksenofontov).


La experiencia estática del despedazamiento del cuerpo seguido de una renovación de los órganos es también conocida por los esquimales. Hablan de un animal (oso, caballo de mar, morsa, etc.) que hiere al candidato, lo despedaza o lo devora; después crece una carne nueva alrededor de sus huesos (Lehtisalo). A veces el animal que lo tortura es, con el tiempo, el espíritu auxiliar del futuro chamán.
Todos estos rituales y todas estas pruebas persiguen el mismo fin: que se olvide la vida pasada. Por eso en muchos lugares el candidato, cuando vuelve a la aldea después de la iniciación, hace como que ha perdido la memoria, y tienen que enseñarle a andar, a comer y a vestirse. Por lo común los neófitos aprenden una lengua nueva y llevan un nuevo nombre (desde Australia hasta Brasil). El resto de la comunidad cree que los candidatos, durante su permanencia en la maleza, están como muertos y enterrados, o que fueron devorados por un monstruo o por un dios, y cuando vuelven a la aldea se les considera como aparecidos.


No es hombre-médico el que simplemente lo desea: es indispensable la vocación, y ésta manifiéstase especialmente por una capacidad singular para la experiencia extática. Cuando el candidato no se atiene a las instrucciones recibidas en sus sueños o a sus esquemas tradicionales, esta condenado al fracaso (Park). En algunos casos el espíritu del chamán muerto aparece en el primer sueño de su heredero; pero en los sueños subsiguientes se le muestran espíritus superiores, que le otorgan el "poder". Si el heredero no acepta este poder, cae enfermo; recuérdese que hemos hallado la misma situación en todas partes.


"Por lo común, la persona acepta de mala gana el ser chamán, y no se decide a aceptar los poderes y a seguir las prescripciones del espíritu hasta que los demás chamanes le aseguran que, de no hacerlo, sobrevendrá su muerte" (Park). Es exactamente el caso de los chamanes siberianos y central-asiáticos y también de otros. Esta resistencia a la elección divina se explica, como ya se ha dicho, por la actitud ambivalente del hombre respecto a lo sagrado.


Mircea Eliade: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.