Ayahuasca

Mostrando entradas con la etiqueta karma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta karma. Mostrar todas las entradas

30 de diciembre de 2013

ASANGA Y EL BUDA MAITREYA

Uno de los santos budistas más famosos de India fue Asanga, eremita del siglo IV que se marchó a la montaña para hacer un retiro en solitario, concentrando su práctica meditativa en el Buda Maitreya, con la ferviente esperanza de ser bendcido con una visión de este Buda y recibir enseñanzas de él.

    Asanga meditó durante seis años con suma austeridad pero no tuvo ni siquiera un sueño auspicioso. Desalentado, llegó a creer que nunca vería cumplida su aspiración de conocer al Buda Maitreya, de modo que interrumpió el retiro y abandonó su ermita. No llevaba mucho tiempo andando por el camino cuando vio a un hombre que pulía una enorme barra de hierro con un retazo de seda. Asanga se acercó y le preguntó qué hacía.


    -Necesito una aguja -respondió el hombre-, y me estoy haciendo una con esta barra de hierro.
    Asanga lo miró atónito; aunque el hombre acabará cumpliendo su cometido al cabo de cien años, reflexionó, ¿qué sentido tendría? De modo que se dijo: . Giró en redondo y regresó a la ermita.

    Pasaron tres años más, durante los cuales siguió sin recibir ninguna señal del Buda Maitreya. , pensó. Así que volvió a marcharse, y pronto llegó a una curva del camino en la que había un enorme peñasco, tan alto que parecía tocar el cielo. Al pie de la roca había un hombre que la frotaba afanosamente con una pluma empapada en agua. Asanga le preguntó qué hacía.


    -Esta roca es tan grande que impide que dé el sol en mi casa, así que he decidido librarme de ella.
    Asanga se sintió asombrado por la energía incansable de aquel hombre, y avergonzado por su propia falta de dedicación. Así que regresó a su retiro.

    Transcurrieron otros tres años sin que tuviera ni un buen sueño. Al fin decidió de una vez por todas que su empresa era desesperada y abandonó el retiro definitivamente. Fueron pasando las horas y, entrada ya la tarde, se encontró con un perro tendido en la cuneta. Sólo tenía las patas delanteras , y la mitad trasera del cuerpo estaba descomponiéndose y cubierta de gusanos. Pese a su lamentable estado, el animal no cesaba de ladrar a los transeúntes y hacía patéticos intentos de morderlos, arrastrándose por el suelo con las patas buenas.


    Asanga quedó abrumado por un vivo e insoportable sentimiento de compasión, y se cortó un pedazo de carne de su propio cuerpo para dar de comer al perro. Después se agachó para quitarle los gusanos que le consumían el cuerpo, pero de pronto se le ocurrió que podía hacerles daño si los cogía con sus dedos, y se dio cuenta de que la única manera de quitarlos era con la lengua. Se arrodilló y, tras mirar la repulsiva masa culebreante, cerró los ojos. Se acercó más, sacó la lengua... y cuando se dio cuenta estaba tocando el suelo con la lengua. Abrió los ojos y miró hacia arriba. El perro había desaparecido; en su lugar estaba el Buda Maitreya, envuelto en un aura de luz trémula.


    -Por fin -dijo Asanga- ¿Por qué no te has aparecido antes?
    -No es verdad que no me haya aparecido antes -le dijo Maitreya dulcemente-. He estado siempre contigo, pero tu karma negativo y tus oscurecimientos te impedían verme. Tus doce años de práctica los disolvieron levemente, y por eso al menos has podido ver al perro. Luego, gracias a tu auténtica y sincera compasión, todos esos oscurecimientos han quedado completamente eliminados y ahora puedes verme ante ti con tus propios ojos. Si no crees que haya ocurrido así, cárgame al hombro y comprueba si alguien más puede verme.

    Asanga se cargó a Maitreya al hombro derecho y se dirigió al mercado, donde empezó a preguntar a todos: <¿Qué llevo en el hombro derecho?> La mayoría de los interpelados respondía que nada y seguía su camino. Sólo una anciana que había purificado ligeramente su karma respondió:
    -Llevas el cadáver putrefacto de un perro viejo, nada más.

    Asanga comprendió por fin el poder ilimitado de la compasión que había purificado y transformado su karma, convirtiéndolo así en un recipiente digno de recibir la visión y la instrucción de Maitreya. A continuación el Buda Maitreya, nombre que significa , condujo a Asanga a un reino celestial donde le dio muchas enseñanzas sublimes que se cuentan entre las más importantes de todo el budismo.



6 de junio de 2012

I GOT IT, I LOST IT

With each step you go, you have less and less tendency to look down. You have less tendency to act in ways you know aren´t true or to speak in ways you know aren´t true or do things you know aren´t coming from truth. You start to realize that the consequences have become greater; the more awake we get, the greater the consequences are. Finally, the consequences of acting outside of truth become inmense; the slightest action or behavior that´s not in accordance with the truth can be unbearable to us.

This type of responsability is not something we count on when we imagine awakening. We thinkthat awakening will be a get-out-of-jail-free card. Initially we have a relationship with the spiritual freedom of awakening that is infantile.

We thin that freedom is a personal thing, that it is about feeling extraordinarily good and free. But freedom is much more nuanced than that. It is not a personal thing; it is not an acquisition for us.

As we become more conscious, we begin to see that there are consequences. There are consequences to every thing, and they get bigger and bigger the more we behave in ways that are not in harmony with what we know is true. This is actually a wonderful thing. It is what i call fierce grace. It is not a soft grace; it is not the kind of grace that is beautiful and uplifting. But it is a grace nonetheless. We know that when we act from what is not true, we will only be causing ourselves pain. That knowing is a grace.

Reality is always true to itself. When you´re in harmony with it, you experience bliss. As soon as you are not in harmony with it, you experience pain. This is the law of the universe; it is the way things are. Nobody gets out of this law. To me, this knowledge is a grace. Reality is consistent. Argue with it, go against it, and it will hurt -every single time. It will hurt you, it will hurt others, and it will contribute to the general conflict of all beings.

But this fierceness is also beautiful. It helps orient us deeper and deeper  into our true nature. We realize that to behave from any place other than our true nature is destructive to ourselves and, just as important, to the world and others around us. The more we understand this, the more often we are able to right ourselves when we get off course.

The end of your world. Adyashanti.