Ayahuasca

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4 de diciembre de 2016

La verdad de la impermanencia - Sogyal Rimpoche

No hay lugar en la tierra donde la muerte no pueda encontrarnos, por mucho que volvamos constantemente la cabeza en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra extraña y sospechosa. Si hubiese alguna manera de resguardarse de los golpes de la muerte, no soy yo aquel que no lo haría. Pero es una locura pensar que se pueda conseguir eso. Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación!

Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. [...] No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.
(Montaigne)

La muerte es, en efecto, un enorme misterio, pero de ella se pueden decir dos cosas: es absolutamente cierto que moriremos, y es incierto cuándo y cómo moriremos. La única certeza que tenemos, pues, es esta incertidumbre sobre la hora, la cual nos sirve de excusa para postergar el afrontar la muerte directamente.

Somos como niños que se tapan los ojos jugando al escondite y se figuran que nadie puede verlos.


Quizá la razón más profunda de que temamos a la muerte es que ignoramos quiénes somos. Creemos en una identidad personal, única e independiente, pero, si nos atrevemos a examinarla, comprobamos que esta identidad depende por completo de una interminable colección de cosas que la sostienen: nuestro nombre, nuestra «biografía», nuestras parejas y familiares, el hogar, los amigos, las tarjetas de crédito... Es de este frágil y efímero sostén de lo que depende nuestra seguridad. Así que, cuando se nos quite todo eso, ¿tendremos idea de quiénes somos en realidad?

Parece que nuestra vida nos vive, que posee su propio impulso imprevisible, que se nos lleva; en último término, nos parece que no tenemos elección ni control sobre ella. Naturalmente, esto a veces nos hace sentir mal, tenemos pesadillas y despertamos sudorosos, preguntándonos: «¿Qué estoy haciendo de mi vida?». Pero nuestros temores sólo duran hasta la hora del desayuno; aparece el maletín y volvemos a estar donde empezamos.

Milarepa cantaba:

Cuando estás vigoroso y sano no piensas en la llegada de la enfermedad, pero ésta cae con fuerza repentina como la descarga de un rayo. Cuando estás absorto en cosas mundanas no piensas en la venida de la muerte; rápida llega como un relámpago que estalla sobre tu cabeza.

Que nos tomemos la vida en serio no quiere decir que debamos pasarla toda meditando como si viviéramos en las montañas del Himalaya o en el Tíbet de los antiguos tiempos. En el mundo moderno hemos de trabajar y ganarnos la vida, pero no debemos enredarnos en una existencia «de nueve a cinco» sin prestar ninguna consideración al sentido profundo de la vida. Nuestra tarea consiste en encontrar un equilibrio, encontrar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más. La clave para encontrar un equilibrio feliz en la vida moderna es la sencillez.

Esta existencia nuestra es tan pasajera como las nubes de otoño. Observar el nacimiento y muerte de los seres Es como contemplar los movimientos de un baile. La vida entera es como un relámpago en el cielo; Se precipita a su fin como un torrente por una empinada montaña.
(Buda)

En nuestra mente los cambios siempre equivalen a pérdida y sufrimiento. Y, cuando se producen, procuramos anestesiarnos en la medida de lo posible. Reflexione sobre esto: la percepción de la impermanencia es, paradójicamente, la única cosa a que podemos aferramos, quizá nuestra única posesión duradera. Siempre que perdemos la perspectiva o nos dejamos llevar por la pereza, reflexionar sobre la muerte y la impermanencia nos devuelve de una sacudida a la verdad:

Lo que ha nacido morirá, lo que se ha recogido se dispersará, lo que se ha acumulado se agotará, lo que se ha construido se derrumbará y lo que ha estado en alto descenderá.

A veces, cuando enseño estas cosas, se me acerca alguien al terminar y me dice: «¡Todo eso es evidente! Siempre lo he sabido. Explíqueme algo nuevo». Entonces le pregunto: «¿Ha comprendido y captado realmente la verdad de la impermanencia? ¿La ha integrado hasta tal punto en todos sus pensamientos, respiraciones y movimientos, que su vida ha quedado transformada? Hágase estas dos preguntas: ¿Recuerdo en todo momento que estoy muriendo, y que todas las demás personas y cosas también mueren, de modo que trato a todos los seres en todo momento con compasión? Mi comprensión de la muerte y de la impermanencia, ¿es tan aguda y urgente que dedico hasta el último segundo a la búsqueda de la Iluminación? Si puede responder “sí” a estas dos preguntas, entonces ha comprendido de verdad la impermanencia».

Sogyal Rimpoche. 
El libro tibetano de la vida y de la muerte.



27 de mayo de 2016

La liana del muerto o el camino del no ser - Alonso del Río

La palabra ayawaska está compuesta por dos voces: aya, que quiere decir “muerto” o “espíritu”, y waska que significa soga, liana. Puede traducirse entonces como la “liana del muerto” o “la soga del espíritu”. Lo primero que hay que notar es su relación con la muerte. Mucha gente cuenta que, desde su primera toma -y otra en experiencias posteriores- sintió que literalmente “se moría”. Esto es algo bastante frecuente. De hecho, yo mismo he sentido más de una docena de veces que realmente me moría. Pero este viaje hasta la frontera de la misma muerte es solo la aproximación más cercana que podrás tener, consciente y voluntariamente, a ella. Ahora bien, en el momento del trance nadie puede convencerte de que no te estás muriendo. Parece totalmente real, y tienes que aprender a sobrellevarlo si quieres continuar este camino. No todas las experiencias tienen que ser obligatoriamente “de muerte”. Estamos hablando de una situación especial, muy intensa. Este encuentro con la muerte te deja lo bastante cerca para que después reflexiones sobre muchas cosas.

Recordemos alguna situación que nos haya acercado mucho a la muerte, como el fallecimiento de un ser muy querido. Toda la seriedad, la humildad, la sinceridad, el amor y el dolor que en esos momentos se sienten no dejan espacio para que nuestros tontos patrones mentales estén manipulándonos, por lo menos durante un tiempo. Esto nos da la clave para entender -al menos un poco- cómo y por qué cura. El ayahuasca es para mí un ritual de muerte y resurrección; te desarma y luego te vuelve a armar. Si estamos enfermos -y de hecho todos lo estamos, por lo menos de ignorancia- lo más probable es sentir dolor, y esos momentos finales hacen que busquemos con máxima sinceridad todos nuestros errores y pidamos perdón, desde un lugar muy profundo. Hay un deseo innato e inevitable de querer partir en paz. Finalmente, cuando vamos saliendo de ese estado y vemos que sólo fue un gran susto, regresamos con la mente en calma y un sentimiento de profunda paz y gratitud sin límites.

He podido ver casos de gente que antes de terminar la ceremonia ya habían vuelto a caer en sus viejos patrones mentales, mientras que a otros se les va disolviendo en varios días. Lo interesante es que enciende una pequeña luz en tu interior que te permite ver cosas que son urgentes de cambiar. El ayahuasca te puede mostrar las cosas pero es enteramente tu responsabilidad si realizas o no los cambios. (…) Ella te brinda una oportunidad y no hay garantía de nada. Es es, justamente, una de las primeras reglas que debemos aprender. Así como el ayahuasca es en sí misma un compuesto -chacruna y ayahuasca- al mezclar la energía del ayahuasca con tu propia energía se produce una nueva combinación. Por eso, siempre el efecto será distinto para cada uno. Se podrán escribir miles de libros pero ninguno te dirá más que una sola experiencia. Cada uno puede hablar de lo que es el ayahuasca para sí mismo, pero nadie puede hablar de lo que el ayahuasca es en sí misma. Lo más que nos podremos acercar con las palabras es diciendo que es demasiado. Sinchi Sinchi medicina -“demasiada medicina”, cantaban los abuelos.

Entonces, la pregunta es obvia: si es así, ¿para qué tomar esta medicina? La respuesta no se puede dar desde la generalidad. Cada uno la tendrá después de conocerla un poco, cada quién sabrá y sentirá si es bueno tomarla o no.

El camino de no ser

Recuerdo muy bien las primeras ceremonias en el año 1979. Luego de tomar las diez primeras veces, creí que lo comprendía todo. Luego de tomar un año, pensé que entendía el 90% de la cosas. Después de cinco años, creí que, en realidad sólo entendía un 10%. Hoy, después de casi 30 años, estoy convencido de que no sé nada, y recién comprendo algo. Evidentemente, después de tomar ayahuasca todo este tiempo, algo se aprende, y mi conocimiento es mayor que el de años atrás, pero comparativamente no es nada con relación a la intuición de lo infinito.

En este tiempo, todos quieren todo rápido, y este camino no es así. Un sendero sagrado es para toda la vida y te puede costar 30 años simplemente descubrir que no sabes nada. Así que cuando viene gente a pedirme que les enseñe, les pregunto si, realmente, tienen tiempo para aprender, pues muchos se imaginan que esto puede ser asimilado a manera de una técnica y, en pocos meses, estar haciendo ceremonia por todo el mundo y enriquecerse con ellas. Cuando alguien me pide que le enseñe el camino de la medicina y me dice que quiere hacer ceremonias, les digo que, desde el pedido formal hasta poder darles una bendición para hacerlas, pueden pasar muchos años. Entonces, me miran apenados como diciendo “¿por qué tanto?” y van a otro que los inicie como chamanes en tres meses.

Estamos quienes hemos seguido por años las enseñanzas de un maestro -la formación tradicional, ayunos y meses de dieta- y quienes han hecho el curso de tres meses. Sin embargo, la medicina es tan generosa que permite que, a través de estos canales no tan claros, llegue la curación a mucha gente, porque la necesidad es grande. Aún así, es lamentable por aquellos imprudentes, pues no hay papel más ingrato y precario que el del usurpador. El verdadero poder es de la medicina, no del curandero.

El ayahuasca puede ser capaz de curate de las enfermedades más extrañas y complicadas, físicas y mentales, y puede deslumbrarte con las visiones de todo su esplendor, pero el que no conoce puede creer que esa maravilla no proviene de la medicina, sino de la persona que hace la ceremonia.Y si esta no tiene la honestidad de poner las cosas en claro, se vuelve una usurpadora robando el mérito a su verdadero dueño. 

Por otro lado, la miopía de quienes no ven la importancia de pertenecer a una tradición, de sentirse agradecidos y protegidos por estar entroncados en un linaje verdadero, no es sino una expresión típica de la mente occidental, cuyo entendimiento del respeto es prácticamente nulo. Por más ayahuasca que tomen, no cambiarán si no aprenden que la lección número uno se llama respeto. Alguien entrenado en un camino sagrado no arranca una hoja sin pedir permiso, no recoge una piedra sin agradecer, no toma una vida si no es necesario y, si lo es, reza mucho por ella. No se apropia de ritos e instrumentos o canciones sagradas sin haber recibido permiso para ello. El hombre del mundo moderno ignora todas estas cosas, se mueve por la tierra tomando todo lo que quiere, todo lo que puede, sin saber pedir permiso. Todo tiene vida y, por eso, todo es sagrado, las piedras, las plantas, los animales, los humanos. 

Las dos cosas más importantes que hay que aprender en esta vida son pedir permiso y agradecer. El día que podamos recordar, en todo momento, que hasta en nuestra respiración está escondida esta gran enseñanza, habremos logrado la memoria. Sentir que pedimos permiso para existir cuando inhalamos y sentir que damos las gracias por la vida cuando exhalamos. Así de simple, así de simple.


Tawantinsuyo 5.0 Alonso del Río
puedes comprar el libro en
o escribir a Alonso 


Visita la web de Alonso del Río

Más información sobre el trabajo de Alonso del Río:

En este centro el objetivo de tomar plantas sagradas  es el desarrollo de la consciencia
CONSCIENCIA = RESPONSABILIDAD

“El proceso de desarrollo de la consciencia pasa necesariamente por hacernos responsables de todas nuestras relaciones”

NUESTROS PROYECTOS 

En la actualidad trabajamos desarrollando dos proyectos sin fines de lucro:

1.- La escuela  Wiñaypaq: proyecto de educación intercultural  que busca rescatar los saberes ancestrales de la cultura andina. Actualmente brindamos educación gratuita y de calidad a ochenta niños y niñas de escasos recursos.

2.- Area de Conservacion Bahuaja (Puerto Maldonado, 132 hectáreas):  

Es una iniciativa que busca conservar cien hectáreas  de bosque primario y a la vez desarrollar pilotos que sirvan para demostrar la viabilidad de proyectos que permitan elevar el nivel económico de los pobladores amazónicos ayudando a reducir la presión sobre el bosque. 

Para mas información puedes buscar en nuestra pagina 

¿CÓMO PUEDO AYUDAR?

Ambos proyectos son desarrollados gracias a las donaciones de hermanas y hermanos que resuenan apoyando esta responsabilidad.

1.- Si tienes la posibilidad de hacer una donación escríbenos a sralonso@yahoo.es

2.- Quienes estén interesados en integrarse al equipo, ofrecemos oportunidades de voluntariado en el Area de Conservacion Bahuaja. Buscamos voluntarios que puedan establecerse por lo menos dos semanas. Los interesados pueden escribir a areadeconservacion@gmail.com





   

2 de febrero de 2016

La muerte

No hay lugar en la tierra donde la muerte no pueda encontrarnos, por mucho que volvamos constantemente la cabeza en todas direcciones como si nos halláramos en una tierra extraña y sospechosa. Si hubiese alguna manera de resguardarse de los golpes de la muerte, no soy aquel que no lo haría. Pero es una locura pensar que se pueda conseguir eso. 

Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte, a ellos, a sus esposas, sus hijos, sus amigos, y los sorprende desprevenidos, ¡Qué tormentas de pasión no los abruman entonces, qué llantos, qué furor, qué desesperación!

Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. No sabemos dónde nos espera la muerte así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.



Montaigne


21 de marzo de 2015

La impermanencia - Sogyal Rimpoche

¿Qué es nuestra vida sino una danza de formas efímeras? ¿No está todo cambiando constantemente: las hojas de los árboles en el parque, la luz de la habitación en la que leéis esto, las estaciones, el clima, la hora del día, las personas con las que os cruzáis en la calle? ¿Y qué podemos decir respecto a nosotros? Los amigos con los que crecimos, los lugares favoritos de nuestra infancia, los puntos de vista y opiniones que tan apasionadamente defendíamos antaño: lo hemos dejado todo atrás. 

Las células de nuestro cuerpo mueren, las neuronas de nuestro cerebro se deterioran, e incluso la expresión de nuestra cara se modifica sin cesar en función de nuestro estado de ánimo. Lo que consideramos nuestra personalidad fundamental no es más que un “continuo mental”, sólo eso. Hoy nos sentimos bien porque todo va bien; mañana será lo contrario.

¿Puede haber algo más imprevisible que nuestros pensamientos y emociones? 

Sólo el instante presente, el “ahora”, nos pertenece realmente.

A veces, cuando enseño estas cosas, se me acerca alguien al terminar para decirme: “¡Todo esto me parece evidente! Siempre lo he sabido. Explíqueme algo nuevo”. Entonces le pregunto: “¿Ha comprendido y captado realmente la verdad de la impermanencia? ¿La ha integrado hasta tal punto en todos sus pensamientos, respiraciones y movimientos que su vida ha quedado transformada? Haceos estas dos preguntas: ¿Recuerdo en todo momento que estoy muriendo, al igual que todas las demás personas y cosas también mueren, de modo que trato a todos los seres, en todo momento, con compasión? ¿Mi comprensión de la muerte y de la impermanencia se ha agudizado tanto y se ha vuelto tan apremiante que consagro cada segundo de mi existencia a la búsqueda de la Iluminación? Si podéis responder afirmativamente a estas dos preguntas, entonces sí habéis comprendido realmente la impermanencia".   

El libro tibetano de la vida de y de la muerte. Sogyal Rimpoche.