Ayahuasca

Mostrando entradas con la etiqueta Buda.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buda.. Mostrar todas las entradas

21 de diciembre de 2014

El aburrimiento - Chogyam Trungpa

El aburrimiento presenta varias facetas. Por un lado, tiene el sentido de que no ocurre nada y de que, en consecuencia, esperamos que suceda algo. Pero también es posible llegar a apreciar el aburrimiento y disfrutar de él. Sin embargo, para trascender la actitud frívola de querer sustituír el aburrimiento por otra cosa, debemos cultivar primeramente cierta disciplina. El trabajo sobre la respiración. El mero hecho de prestar atención a la respiración es algo muy monótono y poco espectacular. No nos abre el tercer ojo ni los chakras ni nada por el estilo, sino que nos convierte en algo similar a la estatua de un buda abandonado en medio del desierto. No ocurre nada, absolutamente nada.

Es extraño pero cuando nos damos cuenta de que no está pasando nada, también empezamos a ver que está sucediendo algo muy digno donde la frivolidad y la prisa no tienen cabida. 

Sabemos que el Buda se sometió a muchas prácticas hinduistas de meditación. Se chamuscó la piel con fuego. Abordó la energía del tantra mediante meditaciones de todas clases. Se presionó los ojos y vio una luz neurológica y se apretó los oídos y escuchó un zumbido también neurológico, aunque supuestamente yóguico. Hizo todo tipo de experimentos y, a la postre, se dio cuenta de que todos esos fenómenos no eran sino trucos que no tenían nada que ver con el verdadero samadhi o meditación. Es posible que el Buda fuese un cero a la izquierda como estudiante de yoga o que le faltara imaginación en ese terreno. Sea como fuere, emulamos su nulidad.

A medida que fue madurando su actitud hacia la práctica, el Buda se dio cuenta de que tales artificios no son más que imposturas neuróticas. Así que decidió atender únicamente a lo simple y lo real y estudiar la relación existente entre su mente y su cuerpo, pero también a relación que mantenía con la estera de hierba que le servía de asiento y con el árbol Bodhi bajo el que se cobijaba. Examinó su relación con todas las cosas de manera muy simple y directa. Aunque eso no tenía nada de particular ni le procuró emociones fuertes ni hizo que su mente se iluminase súbitamente, en cambio, sí que resultó profundamente tranquilizador. En el momento en el el Buda alcanzó la realización, alguien le preguntó: 

-¿Cuáles son tus credenciales? ¿Cómo podemos saber que realmente has alcanzado la realización?
-Esta tierra sólida puede dar fe de ello. Esta tierra sólida, esta misma tierra, es mi testigo -respondió el Buda tocando el suelo con su mano.





27 de julio de 2014

NOSOTROS SOMOS LA TIERRA

La Tierra está, en este mismo instante, fuera de ti, dentro de ti y también debajo de ti. La Tierra está en todas partes. Solemos pensar en ella únicamente como el fundamento que hay bajo nuestros pies, pero lo cierto es que el agua, el mar y el cielo y todo lo que nos rodea viene de la Tierra. Todo lo que existe, tanto fuera como dentro de nosotros, procede de la Tierra. Es fácil soslayar que el planeta en que vivimos nos ha proporcionado todos los ingredientes que componen nuestro cuerpo. El agua de nuestra carne, nuestros huesos y todas las células microscópicas que hay en nuestro interior forman parte de la Tierra y provienen de ella. La Tierra no es tan solo el entorno en que vivimos. Nosotros somos la Tierra y siempre la llevamos con nosotros.

Si entendemos esto, no tendremos dificultades en admitir que la Tierra está viva. Nosotros somos una manifestación viva y palpitante de este hermoso y generoso planeta. Y, en el momento en que nos damos cuenta de ello, nuestra relación con la Tierra empieza a cambiar, porque ya no la vemos con la misma indiferencia que antes y empezamos a tratarla con más cuidado. Entonces nos enamoramos de ella y, cuando nos enamoramos de alguien o de algo, se desvanece toda separación. En tal caso hacemos, por la persona amada, todo lo que está en nuestra mano, lo que nos proporciona mucha alegría y satisfacción. Esa es la relación que cada uno de nosotros puede establecer con la Tierra. Esa es la relación que, si queremos sobrevivir, cada uno de nosotros debe establecer con la Tierra.


(Un Canto de amor a la Tierra. Thich Nhat Hanh)

http://editorialkairos.com/catalogo/un-canto-de-amor-a-la-tierra


14 de agosto de 2012

El despertar en el plano de la mente - Adyashanti


¿Qué significa experimentar la no división en la mente? Todos sabemos cómo es estar divididos en nuestra mente, que nuestros pensamientos estén en  conflicto entre sí, que una parte de la mente diga: “Debería hacer esto”, y la otra parte diga: “No lo debería hacer”. Tener una mente dividida es tener una mente en conflicto consigo misma.

La mayoría de nuestras mentes se hallan en un gran conflicto. Nuestras pautas de pensamiento van y vienen entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo correcto y lo equivocado, lo santo y lo profano, lo que merece la pena y lo que no, e incluso entre lo iluminado y lo no iluminado.

A medida que despertamos vemos que en la estructura del pensamiento nada es una verdad definitiva. No me malinterpretes, no estoy diciendo que la mente no tenga valor o que sea algo malo. La mente, que no es otra cosa que los pensamientos, es una herramienta como todas las demás, tal como un martillo, una sierra o un ordenador lo son.

Hemos olvidado que la mente es una herramienta útil y poderosa. Todo empieza en ella. Cada coche que conduces, cada edificio, centro comercial, todo ello comenzó como un pensamiento en la mente de alguien.

Pero la conciencia humana no considera que la mente sea sólo una herramienta. Lo que ha ocurrido es que la mente ha usurpado la realidad. Se ha convertido en su propia realidad hasta tal punto que los seres humanos encontramos nuestro sentido de identidad –quienes creemos ser, nuestra autoimagen- en nuestro proceso de pensamiento.

En y por sí mismo, un pensamiento sólo es un pensamiento. No es intrínsecamente verdadero. Puedes pensar en un vaso de agua, pero si tienes sed, no te puedes beber el pensamiento. En nuestra conciencia humana, muchos pensamientos sólo piensan sobre otros pensamientos.

A medida que despertamos en el plano de la mente, empezamos a percibir desde más allá de ella. Nos damos cuenta de que la mente misma está vacía de realidad. Ver que la mente está vacía de realidad resulta radical. Es radical ver que todo nuestro sentido de identidad y el mundo mismo son creados por la mente. Esto es como un terremoto; el yo que percibimos que somos no tiene realidad.

Supone la destrucción de todo tu mundo. Y esto es algo que nunca podemos prever. Lo que se destruye es toda nuestra visión del mundo: todas las maneras en que estamos condicionados, todas nuestras estructuras de creencia y las de la humanidad… Todas estas estructuras y condicionamientos participan en la creación de este mundo particular, de este consenso que han acordado los seres humanos, de este considerar que las cosas son verdaderas… como “el mundo tiene que ser de una manera en particular”.

Cuando despertamos en el plano de la mente, empezamos a pensar: “Dios mío, mi manera de ver el mundo era totalmente imaginaria; literalmente estaba hecha de sueños”. No importa que te veas como iluminado o no, como bueno o malo, digno o indigno. La no división mental hace que todas esas estructuras del ego sean barridas completamente.

Buda dijo que todos los dharmas están vacíos.

Suelo decir que a la gente que no se equivoque: la iluminación es un proceso destructivo. No tiene nada que ver con ser mejor, ni con ser más o menos feliz. La iluminación es el desmoronamiento de la no verdad. Es mirar más allá de la fachada del fingimiento, la completa erradicación de todo lo que imaginábamos que era verdad. Es algo radical. No esperábamos ver que todo lo que considerábamos verdadero en realidad forma parte del estado onírico y mantiene dicho estado.

No existen los pensamientos iluminados. Ver esto puede ser un gran shock para el sistema. De hecho, la mayoría de nosotros nos protegemos de esta verdad. Decimos que queremos la verdad, pero ¿la queremos realmente? Decimos que deseamos ver la realidad, pero cuando aparece, es muy diferente de lo que habíamos pensado. No encaja en nuestro contexto ni en nuestras imágenes. Convierte nuestro mundo en escombros.

Cuando todo está dicho y hecho, no nos queda nada. Tenemos la manos totalmente vacías, no tenemos nada a lo que agarrarnos. No hay concepto, no hay estructura de pensamiento en la que puedas descansar. No podemos ver las cosas en su verdadera naturaleza hasta que dejamos de verlas en su naturaleza falsa.

El final de tu mundo. Adyashanti.

3 de mayo de 2012

LA SINCERIDAD ES LA CLAVE

Lo más importante no es que trates de convencer a nadie de la verdad que ves. Lo verdaderamente importante es que seas sincero contigo mismo. Si puedes ser sincero contigo mismo, puedes serlo con cualquiera. No resulta realmente útil centrarse por completo en ser sincero con los demás. Aunque eso es necesario , el lugar por el que tienes que empezar eres tú mismo: ¿Puedes ser totalmente sincero contigo mismo? ¿Puedes ir a ese lugar que está más allá de la culpa, más allá del juicio, más allá del “debería” o del “no debería”? ¿Puedes ir a ese lugar interno tan sincero que no se retira de las partes de ti que aún no están en conflicto? ¿No usarás la percepción de la verdad para esconderte de alguna parte de ti aún no liberada?

En realidad es una cuestión de sinceridad. Como he dicho, esto no es programa para mejorarse a uno mismo. Cuando descubres el nivel de sinceridad y honestidad que estoy describiendo, descubres que esta sinceridad y honestidad son manifestaciones de la naturaleza absoluta del ser. Inicialmente, ser así de sincero contigo mismo puede no resultar fácil. Es posible que veas cosas de ti que no quieres ver. Es posible que veas partes que contrasten agudamente con toda tu realización. No obstante, hacia ahí va el despertar; el despertar va hacia lo que todavía no está despierto y entra en ello. La sinceridad es lo que permite que ocurre ese movimiento, y ocurre si eres real contigo mismo.

Un gran maestro zen, Huang Po, dijo que no eres más grande por ser un Buda, y que no eres menos por ser un ser humano. Lo que quería decir era que un Buda y un ser humano no están separados; no son diferentes. Aunque despertamos del estado de sueño y de la ilusión de ser simplemente un humano, seguiremos retornando, por así decirlo, hasta que veamos que nuestra naturaleza humana y nuestra naturaleza divina son una: un ser, una expresión, una verdad.

La sinceridad es la clave. Tienes que estar dispuesto, tienes que querer verlo todo. Cuando quieras verlo todo, lo verás todo.


Texto extraído del libro El final de tu mundo  (pags.78-79) de Adyashanti. Ed. Sirio.