Ayahuasca

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11 de julio de 2018

RECONOCER NUESTROS DEFECTOS EN EL ESPEJO DEL DHARMA

La razón principal de que no estimemos a los demás es que estamos tan preocupados por nosotros mismos, que no nos queda espacio en la mente para pensar en ellos. Si deseamos apreciar a los demás, debemos reducir nuestra obsesión por nosotros mismos. ¿Por qué nos consideramos tan importantes? Porque estamos habituados a generar la mente de estimación propia. Desde tiempo sin principio nos hemos aferrado a un yo con existencia verdadera. Este aferramiento al yo es el origen de la estimación propia, que piensa de forma instintiva: “Soy más importante que los demás”. Para los seres ordinarios, aferrarse al yo y estimarse a uno mismo son las dos caras de una misma moneda: el auto-aferramiento se aferra a un yo con existencia inherente, mientras la estimación propia lo quiere y protege como si fuera algo muy valioso. Esto ocurre porque estamos tan familiarizados con nuestra estimación propia, que en ningún momento nos olvidamos de nuestro bienestar, ni siquiera mientras dormimos.

Puesto que nos consideramos más importantes que los demás, exageramos nuestra buenas cualidades y creamos una visión distorsionada de nosotros mismos. Cualquier circunstancia sirve para alimentar nuestro orgullo, como tener un cuerpo atractivo, posesiones, conocimientos, experiencia o una posición social elevada. Cuando tenemos una buena idea, pensamos: “¡Qué inteligente soy!” y si viajamos al extranjero nos consideramos personas interesantes. Incluso nos enorgullecemos de comportamientos de los cuales deberíamos avergonzarnos, como tener habilidad para engañar a los demás, o de cualidades imaginarias. En cambio, nos resulta muy difícil reconocer nuestros errores. Dedicamos mucho tiempo a contemplar nuestras buenas cualidades, reales o imaginarias, y nos olvidamos de nuestros defectos. En realidad, nuestra mente está llena de perturbaciones mentales, pero no las reconocemos e incluso nos engañamos a nosotros mismos negándonos a admitir que tenemos estas mentes. Es como limpiar la casa escondiendo la suciedad bajo la alfombra.

A menudo nos resulta tan doloroso aceptar nuestras faltas, que preferimos buscar excusas antes que cambiar la concepción elevada que tenemos de nosotros mismos. Una de las maneras más comunes de no reconocer nuestros defectos es echando la culpa a los demás. En lugar de responsabilizarnos de nuestras acciones y esforzarnos por mejorar nuestra conducta, discutimos con los demás e insistimos en que son ellos quienes deben cambiar. Debido a la excesiva importancia que nos concedemos a nosotros mismos, criticamos a los demás, lo que nos causa multitud de problemas. Al no aceptar nuestros defectos, los demás nos los señalan, y entonces pensamos que son injustos con nosotros. En lugar de observar nuestro comportamiento para comprobar si sus críticas son justificadas, nuestra estimación propia nos hace ponernos a la defensiva y buscar defectos en ellos.

Otra razón de que no apreciemos a los demás es que nos fijamos en sus faltas y no en sus buenas cualidades. Por desgracia, tenemos gran habilidad para descubrir los defectos de los demás y señalarlos, analizarlos e incluso se podría decir para meditar en ellos. Debido a esta actitud crítica, si discrepamos con nuestros amigos en alguna ocasión, en lugar de comprender su punto de vista, pensamos en las razones por las que están equivocados. Al fijarnos solo en sus defectos, nos enfadamos y les guardamos rencor, y en lugar de sentir aprecio por ellos, deseamos perjudicarlos y criticarlos. De esta manera, pequeños desacuerdos pueden convertirse en conflictos que se prolongan durante meses. 

No es beneficioso pensar en nuestras buenas cualidades y buscar defectos en los demás. Lo único que conseguiremos será considerarnos más importantes que ellos, aumentar nuestro orgullo y faltarles el respeto. 

Es absurdo pensar que somos más importantes que los demás y fijarnos sólo en nuestras buenas cualidades. Con ello no aumentarán nuestras virtudes ni se reducirán nuestros defectos, y tampoco conseguiremos que los demás compartan la opinión favorable que tenemos de nosotros mismos.

Si, en cambio, reconocemos las buenas cualidades de los demás, nuestro orgullo irá disminuyendo hasta que, al final, los consideraremos más importantes que nosotros. Entonces, sentiremos amor y compasión hacia ellos y realizaremos acciones virtuosas de manera natural. Si contemplamos las virtudes de los demás solo obtendremos beneficios. Por lo tanto, mientras los seres ordinarios se fijan en los defectos de los demás, los Bodhisatvas reconocen sus buenas cualidades.

Algunas personas afirman que su problema es que carecen de autoestima, y que debemos fijarnos solo en nuestras buenas cualidades para adquirir confianza en nosotros mismos. No obstante, aunque es cierto que para progresar en en el camino espiritual debemos confiar en nuestro potencial y aumentar nuestras virtudes, también hemos de reconocer nuestros defectos. Si somos sinceros con nosotros mismos, reconoceremos que nuestra mente está llena de engaños, como el odio, el apego y la ignorancia. Estas perturbaciones no desaparecerán por sí mismas por mucho que lo deseemos. La única manera es aceptando su existencia y esforzándonos por eliminarlas. 

Una de las funciones del Dharma es actuar como un espejo en el que podemos ver reflejados nuestros defectos. Por ejemplo, cuando nos enfademos, en lugar de buscar excusas, debemos pensar: “El odio es un veneno mental. No me ayuda ni me aporta ningún beneficio, sino que solo sirve para perjudicarme”. También podemos utilizar el espejo del Dharma para distinguir entre el amor y el apego. El amor nos proporciona felicidad mientras que el apego solo nos causa más sufrimiento. 

Aunque hemos de ser conscientes de nuestros defectos, no debemos dejarnos desanimar por ellos. Es posible que nos enfademos con facilidad, pero ello no significa que el odio forme parte inherente de nosotros. Cuando reconocemos nuestras perturbaciones mentales, no debemos identificarnos con ellas pensando: “Soy un inútil y un egoísta” o “estoy siempre enfadado”, sino identificarnos con nuestro potencial puro, cultivar la sabiduría y esforzarnos por eliminar los engaños. 



Gueshe Kelsang Gyatso. Ocho pasos hacia la felicidad. 

13 de diciembre de 2017

Instructions to Oneself by Patrul Rimpoche

There are three things one should remain attentive to:
one’s benevolent gurus,
the compassionate Buddha,
one’s own mindfulness and awareness.

There are three things to hold in grateful remembrance:
the masters who confer the precepts,
the Dharma that shows the path,
the precepts and vows.

There are three things to set in place:
the mind in the body,
the body in the seat,
and relaxation in the mind.

There are three things to forget instantly:
friends who provoke one’s desire and craving,
enemies who arouse one’s anger and hatred,
drowsiness that obscures one’s mind.

There are three things to be cautious of:
speaking in public,
behaving in solitude,
observing the mind.

There are three things that one should conceal:
the merit of oneself,
the faults of others,
one’s plans for the future.

There are three things that one should not advocate:
one’s fleeting thought of renunciation,
one’s dishonest and insincere behavior,
one’s virtuous deeds.

There are three places where one should not go:
where quarrels and fighting happen,
where large crowds gathers,
places of entertainment.
There are three types of behavior that one should avoid:
teaching the Dharma to people who are not suitable vessels,
talking about one’s experience without being asked,
uttering words that contradict the truth.

There are three things that one should not do:
lose one’s composure before friends,
break one’s promise,
do things in inconsistent ways.

There are three things that one must not do:
become conceited and arrogant,
talk behind others’ backs,
make light of any sentient beings.

There are three things that one should not do:
give money to the rich,
develop faith in the crafty,
tell secrets to anyone.

There are three things not to observe:
the body of a beautiful woman,
the behavior of a friend,
one’s own merit.

There are three things that should be in conformity:
conversations with friends,
clothes with local customs,
mind with the Dharma.

There are three things that one should ignore
praises from others,
words of a fickle man,
advice from a fool.

There are three things that one should not seek:
the wealth of the rich,
an honorable rank,
gorgeous garments.

There are three things that one should not slander:
those who command respect and support,
the retail goods of others,
one’s benevolent gurus.

There are three kinds of people that one should not praise:
those criticized by all,
self-conceited fools,
simple-minded children.

There are three kinds of people that one should neither praise nor slander:
one’s relatives,
unknown teachers,
any person.

Instructions as such are abundant;
All in all, it is imperative
to observe oneself all the time,
this is the essence of mundane or transmundane knowledge.

As a yogi with pure wisdom,
I have devised these simple instructions to help tame my mind.
They have profound meanings and one should practice them.


I dedicate all merit to all sentient beings, may they be free from suffering, and obtain happiness, and ultimately, to soon become enlightened!



Translated/Taught by Khenpo Sodargye Rinpoche






24 de noviembre de 2014

Nada es permanente, nada es seguro

Hemos de concentrarnos en el Dharma de aquí y ahora, ya que el momento presente es cuando podemos dejar de apegarnos a las cosas y resolver nuestros problemas. Debemos hacerlo en este preciso momento, ahora mismo, porque el momento presente contiene tanto la causa como el resultado. El presente es el fruto del pasado. Y también, la causa del futuro. (…)
El Buda nos enseñó a desprendernos del pasado y del futuro. Al decir desprendernos no me refiero a que hemos de olvidarnos de todo, sino a que permanezcamos en el momento presente, donde el pasado y el futuro se encuentran. La palabra desprendernos es un modo de hablar, lo que significa es que hemos de ser conscientes del presente, en el cual se encuentran las causas y los resultados. Observamos el presente y vemos cómo los fenómenos surgen y desaparecen, surgen y desaparecen sin cesar. 
Aunque yo repita una y otra vez que los fenómenos surgen en el momento presente y que no son ni estables ni seguros, nadie se lo toma en serio. La gente no piensa en ello demasiado. Sea lo que sea lo que ocurra, yo me digo: “¡Oh! Esto no es permanente”, o “Esto no es seguro”. Es sumamente sencillo. Todo cuando ocurre es impermanente e inseguro. Pero al no verlo o comprenderlo, nos confundimos y angustiamos. Tomamos aquello que es impermanente por permanente. Aquello que no es seguro por seguro. Yo no ceso de decirlo, pero la gente no lo capta y vive persiguiendo una cosa tras otra constantemente.
Si de veras has encontrado la paz, permanecerás aquí, en el lugar del que estoy hablando, en el momento presente. Sea lo que sea que surja, ya sea cualquier clase de felicidad o de sufrimiento, verás que no es segura. Esta inseguridad es en sí el Buda, porque la inseguridad es el Dharma, y el Dharma es el Buda. Pero la mayoría de la gente cree que el Buda y el Dharma se encuentran fuera de uno.
Cuando la mente empieza a comprender que no hay nada en el mundo que sea seguro, los problemas originados por el apego y los vivos deseos empiezan a disminuir y a desaparecer. Al comprenderlo, la mente deja de aferrarse a las cosas, ya no se apega a ellas, y acaba poniendo fin al apego. Y cuando el apego desaparece, uno alcanza el Dharma; no hay ningún otro estado que sea más supremo. 
Todas las dudas desaparecerán de esta manera. Se extinguirán a través de este método de practicar en el presente. No hay por qué angustiarse por el pasado, porque ya no existe. Sea lo que sea que ocurriera, ha surgido y ha desaparecido, y ahora ya no existe. También dejamos de preocuparnos por el futuro porque, sea lo que sea lo que ocurra, surgirá y desaparecerá. 
Nunca decimos “aquí y ahora”. ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo el presente? Actuamos así porque seguimos estando implicados en las cosas. Seguimos disfrutando de lo mundano sin renunciar a ello. Preferimos dejar la práctica para el “futuro”. La práctica ha de hacerse en el presente, no hemos de esperar a hacerla en el futuro. 
Así es como se adquiere el conocimiento. Vivir en el bosque aporta paz: la mente se calma cuando los ojos no ven y los oídos no escuchan. La mente descansa de ver y de oír. Pero no descansa de las impurezas. Las impurezas siguen estando ahí, pero en esos momentos no aparecen. Es como el agua con sedimentos: cuando se aquieta, se vuelve clara, pero si alguien la agita, se enturbia. 
El samadhi que surge al vivir en un entorno tranquilo es así. Al experimentar este agradable y sereno estado, te sientes feliz, pero la felicidad no es duradera, porque la mente está influida por el deseo de algo que es mudable. Al cabo de un rato, cuando el estado del samadhi haya desaparecido, volverás a ser infeliz. 
Hemos de observar este punto con más detenimiento. Si no somos conscientes de la impermanencia, todo cuando poseemos se convertirá en motivo de sufrimiento cuando lo perdamos. En cambio, si somos conscientes de ella, podremos aprovechar las cosas sin sentirnos abrumados por ellas. Si logras hacerlo, tu mente estará en paz. 
Al practicar de esta forma nuestra mente está viendo constantemente las cosas con claridad. Los fenómenos surgen y desaparecen. Después de desaparecer, vuelven a surgir y luego desaparecen de nuevo. Si nos apegamos a lo que ocurre, sufrimos en ese mismo instante. En cambio, si no nos apegamos, el sufrimiento no llega a surgir. Vemos esta realidad en nuestra propia mente.
Todo cuanto hemos de hacer es observar nuestra mente en el presente. Nos desprendemos del pasado y del futuro para observar solo el presente, y vemos las tres características continuamente y en todo lo que existe. En el andar, hay impermanencia. En el permanecer de pie, hay impermanencia. En el sentarse, hay impermanencia. Esta es la verdad inherente a todo. Si estás buscando algo que sea seguro y permanente, sólo lo encontrarás en la verdad de que todo es impermanente y no de ningún otro modo. Cuando tu visión madura de esta forma, te sientes en paz. 
Aquel que sufre viviendo en soledad es un insensato, y el que sufre viviendo con otros, también lo es. Son como las cagarrutas de las gallinas: si se te pegan a la suela de los zapatos cuando estás solo, apestan. Y si se te pegan cuando estás acompañado, también apestan. Las llevas contigo allí a donde vayas.  
Si somos inteligentes, aunque vivamos rodeados de mucha gente y pensemos que no es un ambiente tranquilo, lo cual es en parte correcto, aprovecharemos la situación para adquirir sabiduría.  Pero si no entendemos las cosas correctamente, careceremos de determinación. Al principio desearemos vivir solos, hasta que nos hartemos. Después creeremos que es mejor vivir con un grupo y seguir una dieta sencilla. Pero al cabo de un tiempo cambiaremos de idea y pensaremos que es mejor consumir un montón de comida. Nuestra mente será como una veleta hasta que no vea con claridad las cosas. 
Al ver que en el mundo no hay nada seguro, comprenderemos que tanto las situaciones de escasez como las de abundancia son pasajeras y dejaremos de apegarnos a ellas. Nos fijaremos en el momento presente, dondequiera que nos encontremos. En este caso, si nos quedamos en el mismo lugar, estará bien. Y si viajamos, también. Todo nos parecerá bien, porque nos habremos concentrado en la práctica de reconocer las cosas tal como son. 
La gente dice: “Ajahn Chah sólo habla de que “no hay nada que sea seguro”. Se hartan de oírmelo decir y huyen de mí. No soportan escucharlo una vez más y se van. Supongo que se van para encontrar un lugar donde las cosas sean seguras. 

Todo llega, todo pasa. Ajahn Chah.




8 de mayo de 2013

Reconocer nuestros defectos en el espejo del Dharma

La razón principal de que no estimemos a los demás es que estamos tan preocupados por nosotros mismos, que no nos queda espacio en la mente para pensar en ellos. Si deseamos apreciar a los demás, debemos reducir nuestra obsesión por nosotros mismos. ¿Por qué nos consideramos tan importantes? Porque estamos habituados a generar la mente de estimación propia. Desde tiempo sin principio nos hemos aferrado a un yo con existencia verdadera. Este aferramiento al yo es el origen de la estimación propia, que piensa de forma instintiva: “Soy más importante que los demás”. Para los seres ordinarios, aferrarse al yo y estimarse a uno mismo son las dos caras de una misma moneda: el autoaferramiento se aferra a un yo con existencia inherente, mientras la estimación propia lo quiere y protege como si fuera algo muy valioso. Esto ocurre porque estamos tan familiarizados con nuestra estimación propia, que en ningún momento nos olvidamos de nuestro bienestar, ni siquiera mientras dormimos.

Puesto que nos consideramos más importantes que los demás, exageramos nuestra buenas cualidades y creamos una visión distorsionada de nosotros mismos. Cualquier circunstancia sirve para alimentar nuestro orgullo, como tener un cuerpo atractivo, posesiones, conocimientos, experiencia o una posición social elevada. Cuando tenemos una buena idea, pensamos: “¡Qué inteligente soy!” y si viajamos al extranjero no consideramos personas interesantes. Incluso nos enorgullecemos de comportamientos de los cuales deberíamos avergonzarnos, como tener habilidad para engañar a los demás, o de cualidades imaginarias. En cambio, nos resulta muy difícil reconocer nuestros errores. Dedicamos mucho tiempo a contemplar nuestras buenas cualidades, reales o imaginarias, y nos olvidamos de nuestros defectos. En realidad, nuestra mente está llena de perturbaciones mentales, pero no las reconocemos e incluso nos engañamos a nosotros mismos negándonos a admitir que tenemos estas mentes. Es como limpiar la casa escondiendo la suciedad bajo la alfombra.

A menudo nos resulta tan doloroso aceptar nuestras faltas, que preferimos buscar excusas antes que cambiar la concepción elevada que tenemos de nosotros mismos. Una de las maneras más comunes de no reconocer nuestros defectos es echando la culpa a los demás. En lugar de responsabilizarnos de nuestras acciones y esforzarnos por mejorar nuestra conducta, discutimos con los demás e insistimos en que son ellos quienes deben cambiar. Debido a la excesiva importancia que nos concedemos a nosotros mismos, criticamos a los demás, lo que nos causa multitud de problemas. Al no aceptar nuestros defectos, los demás nos los señalan, y entonces pensamos que son injustos con nosotros. En lugar de observar nuestro comportamiento para comprobar si sus críticas son justificadas, nuestra estimación propia nos hace ponernos a la defensiva y buscar defectos en ellos.

Otra razón de que no apreciemos a los demás es que nos fijamos en sus faltas y nos en sus buenas cualidades. Por desgracia, tenemos gran habilidad para descubrir los defectos de los demás y señalarlos, analizarlos e incluso se podría decir para meditar en ellos. Debido a esta actitud crítica, si discrepamos con nuestros amigos en alguna ocasión, en lugar de comprender su punto de vista, pensamos en las razones por las que están equivocados. Al fijarnos solo en sus defectos, nos enfadamos y les guardamos rencor, y en lugar de sentir aprecio por ellos, deseamos perjudicarlos y criticarlos. De esta manera, pequeños desacuerdos pueden convertirse en conflictos que se prolongan durante meses.

No es beneficioso pensar en nuestras buenas cualidades y buscar defectos en los demás. Lo único que conseguiremos será considerarnos más importantes que ellos, aumentar nuestro orgullo y faltarles el respeto.

Es absurdo pensar que somos más importantes que los demás y fijarnos sólo en nuestras buenas cualidades. Con ello no aumentarán nuestras virtudes ni se reducirán nuestros defectos, y tampoco conseguiremos que los demás compartan la opinión favorable que tenemos de nosotros mismos.

Si, en cambio, reconocemos las buenas cualidades de los demás, nuestro orgullo irá disminuyendo hasta que, al final, los consideraremos más importantes que nosotros. Entonces, sentiremos amor y compasión hacia ellos y realizaremos acciones virtuosas de manera natural. Si contemplamos las virtudes de los demás solo obtendremos beneficios. Por lo tanto, mientras los seres ordinarios se fijan en los defectos de los demás, los Bodhisatvas reconocen sus buenas cualidades.

Algunas personas afirman que su problema es que carecen de autoestima, y que debemos fijarnos solo en nuestras buenas cualidades para adquirir confianza en nosotros mismos. No obstante, aunque es cierto que para progresar en en el camino espiritual debemos confiar en nuestro potencial y aumentar nuestras virtudes, también hemos de reconocer nuestros defectos. Si somos sinceros con nosotros mismos, reconoceremos que nuestra mente está llena de engaños, como el odio, el apego y la ignorancia. Estas perturbaciones no desaparecerán por sí mismas por mucho que lo deseemos. La única manera es aceptando su existencia y esforzándonos por eliminarlas.

Una de las funciones del Dharma es actuar como un espejo en el que podemos ver reflejados nuestros defectos. Por ejemplo, cuando nos enfademos, en lugar de buscar excusas, debemos pensar: “El odio es un veneno mental. No me ayuda ni me aporta ningún beneficio, sino que solo sirve para perjudicarme”. También podemos utilizar el espejo del Dharma para distinguir entre el amor y el apego. El amor nos proporciona felicidad mientras que el apego solo nos causa más sufrimiento.

Aunque hemos de ser conscientes de nuestros defectos, no debemos dejarnos desanimar por ellos. Es posible que nos enfademos con facilidad, pero ello no significa que el odio forme parte inherente de nosotros. Cuando reconocemos nuestras perturbaciones mentales, no debemos identificarnos con ellas pensando: “Soy un inútil y un egoísta” o “estoy siempre enfadado”, sino identificarnos con nuestro potencial puro, cultivar la sabiduría y esforzarnos por eliminar los engaños.

Gueshe Kelsang Gyatso. Ocho pasos hacia la felicidad.
Editorial Tharpa.
 
 

10 de octubre de 2012

ORACIONES PARA MEDITAR


Refugio
Yo y todos los seres sintientes nos refugiamos en Buda, el Dharma y la Sangha hasta que alcancemos la iluminación. (x3, x7, x100 o más) .
Generación de bodhichita
Que por los méritos que acumule
con la práctica de la generosidad y otras perfecciones,
alcance el estado de Buda
para poder beneficiar a todos los seres sintientes. (x3)
Generación de los cuatro deseos inconmensurables
Que todos los seres sean felices,
que todos los seres se liberen del sufrimiento,
que nadie sea desposeído de su felicidad,
que todos los seres logren ecuanimidad, libres de odio y de apego.
Visualización del campo de méritos
Al igual que la luna llena está circundada de estrellas,
ante mí en el espacio se halla Buda Shakyamuni
rodeado de todos los Budas y Bodhisatvas.
Oración de las siete ramas
Respetuosamente me postro con cuerpo, palabra y mente,
os presento ofrendas materiales e imaginadas,
confieso mis malas acciones del pasado,
y me regocijo de las virtudes de los Seres Superiores y ordinarios.
Por favor, permaneced junto a nosotros hasta el fin del samsara,
y girad la Rueda del Dharma a los seres migratorios.
Dedico todas las virtudes para la gran iluminación.
Ofrecimiento del mandala
Os ofrezco esta base con flores y ungida de incienso,
con el Monte Meru, los cuatro continentes, el sol y la luna,
percibida como una tierra pura de Buda.
Que todos los seres puedan disfrutar de una tierra pura.
Aceptad, por favor, los objetos de mi apego, odio e ignorancia,
mi amigo, enemigo y desconocido, así como mi cuerpo y posesiones,
que sin sentimiento de pérdida os ofrezco.
Y bendecidme para que me libere de los tres venenos mentales.
IDAM GURU RATNA MANDALAKAM NIRIATAYAMI
Oración de las etapas del camino
Bendecidme para que comprenda
que generar fe sincera en el bondadoso maestro espiritual,
fuente de toda virtud, es la raíz del camino.
Y así le siga siempre con gran devoción.
Bendecidme para que comprenda
que este excelente renacimiento humano dotado de libertad
es muy valioso y difícil de conseguir.
Y así dedique el día y la noche a extraer su esencia.
Mi cuerpo es frágil como una burbuja en el agua,
rápidamente decae y se destruye.
Y así como la sombra siempre sigue al cuerpo,
el resultado de mis acciones proseguirá a la muerte.
Con este entendimiento firme en la memoria
bendecidme para que, con extrema cautela,
evite siempre la mínima acción indebida
y acumule virtud en abundancia.
Los placeres del samsara son ilusorios,
no producen satisfacción sino tormentos.
Por ello, bendecidme para que solo me esfuerce
en lograr el gozo sublime de la liberación.
Bendecidme para que, con gran cuidado y atención,
inducido por este pensamiento puro,
mantenga el pratimoksha, la raíz de la doctrina,
como mi práctica esencial.
Al igual que yo, todos los maternales seres
están hundidos en el océano del samsara,
bendecidme para que me adiestre en la bodhichita
y pueda liberar pronto a todos los seres.
Pero si solo cultivo esta mente
sin aplicarme en las tres moralidades,
no alcanzaré la iluminación.
Por ello, bendecidme para que guarde los votos del Bodhisatva.
Pacificando mis distracciones
e investigando el significado real,
bendecidme para que logre la unión
de la permanencia apacible y la visión superior.
Bendecidme para que, a través del camino común,
me convierta en un recipiente puro 
y entre en el camino de los seres afortunados,
el vajrayana, el camino supremo.
Las dos realizaciones dependen
de mis sagrados votos y promesas.
Bendecidme para que lo entienda con claridad,
y siempre los mantenga aunque mi vida peligre.
Realizando a diario las cuatro sesiones
tal como indican los maestros sagrados,
bendecidme para que pronto alcance
las dos etapas del camino del tantra.
Que los Guías que me muestran el buen camino
y las amistades que me ayudan tengan larga vida,
y bendecidme para que pacifique por completo
todos los obstáculos, externos e internos.
Que siempre encuentre maestros perfectos
y disfrute del Dharma sagrado,
y que realizando las etapas del camino
pronto alcance el estado de Vajradhara.
Bendiciones y purificación
De los corazones de todos los seres sagrados fluye un torrente de luz y néctar, que nos bendice y purifica.
Puedes realizar ahora tu contemplación y meditación. Al final de la meditación dedica los méritos con la siguiente oración:
Dedicación
Que gracias a las virtudes que he acumulado
practicando las etapas del camino,
tengan también los demás seres sintientes
la oportunidad de realizar esta práctica.
Que todos los seres sintientes disfruten
de los gozos divinos y humanos,
y pronto alcancen la felicidad última,
cesando toda existencia en el samsara.
Colofón: 
Esta sadhana ha sido recopilada a partir de fuentes tradicionales por el venerable Gueshe Kelsang Gyatso y ha sido traducida bajo su compasiva guía.
http://kadampa.org/es/buddhism/oraciones-para-meditar