Ayahuasca Info

29 de mayo de 2012

El inconsciente - Osho

El inconsciente es nueve veces más grande que el consciente, de modo que todo lo que procede del inconsciente es abrumador: Por eso la gente le tiene miedo a las emociones y los sentimientos. Los contienen,  temen crear caos; y lo hacen, ¡pero el caos es hermoso!

Hay necesidad de orden y también hay necesidad de caos. Cuando se requiere orden, utilizad el orden, la mente consciente, cuando se necesite el caos, emplead el inconsciente y dejad que el caos sea. Una persona completa, una persona total, es aquella capaz de utilizar ambas, que no permite ninguna interferencia del consciente en el inconsciente, ni viceversa. Hay cosas que solo podéis hacer conscientemente. Por ejemplo, si estáis realizando un trabajo aritmético o científico, únicamen­te podéis hacerlo desde el consciente. Pero el amor no es así, ni tampoco lo es la poesía; proceden del inconsciente. De modo que debéis poner a un lado el consciente.

Es el consciente el que intenta contener las cosas porque tiene miedo. Da la impresión de que se acerca algo grande, una ola inmensa, ¿será capaz, de sobrevivir? Intenta evitarlo, trata de mantenerse lejos; quiere escapar, esconderse en alguna parte. Pero eso no está bien. Ese es el motivo por el que la gente se ha vuelto apagada y muerta. Todas las fuen­tes de vida están en el inconsciente.

(Osho)


27 de mayo de 2012

Plantear la pregunta justa

Cuando el despertar de una persona vacila, suele preguntarme: “¿Cómo me mantengo en el estado del despertar?”. Eso es plantear la pregunta equivocada. En la espiritualidad es importante que formulemos las preguntas correctas. Preguntarse cómo permanecer en el estado del despertar es totalmente razonable, pero la pregunta misma surge del estado del sueño. El Espíritu nunca se pregunta a sí mismo: “¿Cómo permanezco dentro de mí mismo?”. Eso sería ridículo. Simplemente no tiene sentido. Lo que sí tiene sentido es cómo te “desiluminas” a ti mismo. ¿A qué sigues apegándote?” ¿Qué sigue resultándote confuso? ¿Qué situaciones de tu vida pueden hacerte creer que las cosas no son verdad y pueden hacerte entrar en la contradicción, en el sufrimiento, en la separación? ¿Qué es lo que tiene el poder de seducir la conciencia para que vuelva al campo gravitatorio del estado onírico? No deberíamos preguntar: “¿Cómo me mantengo despierto?”, sino más bien: “¿Cómo estoy desiluminándome? ¿De qué manera específica estoy volviendo a la ilusión?”

(El final de tu mundo. Adyashanti).


24 de mayo de 2012

Nosotros somos la conciencia

Para algunas personas, llegar a comprender que nosotros somos la conciencia puede ser algo muy abstracto. Para los que lo entienden, no es nada abstracto. Se convierte en tu experiencia vital. Si a ti te parece abstracto, te propongo algo muy sencillo: intenta darte cuenta de qué parte de ti ha estado siempre ahí a lo largo de toda tu vida. Independientemente de lo viejo o lo joven que seas, observa cómo han ido cambiando las cosas a lo largo de tu vida: tu cuerpo ha cambiado, tu mente ha cambiado, tu personalidad ha cambiado. Todo esto ha estado fluyendo a lo largo de los años. Pero en todo este tiempo, desde que adquiriste el lenguaje, siempre te has referido a ti mismo como "yo": "Yo soy esto. Yo creo esto. Yo pienso esto. Yo creo eso. Yo quiero esto. Yo quiero eso". Mientras que todo lo demás ha cambiado y sigue cambiando, el "yo" al que haces referencia ha seguido siempre ahí. Cuando dices "yo", es el mismo "yo" de cuando tenías cinco años. Lo exterior ha cambiado. Los pensamientos han cambiado. El cuerpo ha cambiado. Las sensaciones han cambiado. Pero el "yo" no ha cambiado. Existe un conocimiento, a nivel de intuición, que sigue siendo el mismo de siempre, y te refieres a él cada vez que dices "yo". Sin apenas darte cuenta, ésa es tu parte divina. Es la parte sagrada. Es tu naturaleza esencial. Pero ese "yo" no tiene forma. Su naturaleza es la conciencia o el espíritu. Así que cualquiera puede darse cuanta por sí mismo, y en su interior, de que esta sensación del "yo" ha estado ahí todo el tiempo.

Pero este "yo" no es lo que la mente piensa. (...)

Nadie puede forzar este vislumbre de comprensión en el ser. Ocurre de forma espontánea. Por sí mismo. Pero lo que podemos hacer es cultivar el terreno y crear las condiciones necesarias para que se pueda producir este vislumbre de comprensión. Podemos abrir la mente a posibilidades más profundas y podemos empezar a investigar personalmente qué somos verdaderamente.

Cuando despertemos a nuestra verdadera naturaleza, este despertar tal vez dure un instante o un rato, o quizá sea permanente. Sea lo que sea, será perfecto y estará bien. Tú eres quien tú eres. Sea cual sea tu experiencia, no puedes perder lo que eres. Aunque experimentes una determinada apertura, te des cuenta de tu verdadera naturaleza y luego parezca que la olvidas, en realidad no habrás perdido nada. Por consiguiente te invito a descansar más profundamente, a no aferrarte a ninguna visión o experiencia, a no intentar apegarte a ella, sino a reconocer la realidad subyacente, aquella que no cambia nunca. Ramana Maharshi tenía un dicho: "Permite que llegue lo que tenga que llegar; permite que se vaya lo que tenga que irse. Descubre lo que permanece".


(Meditación auténtica. Adyashanti)  

15 de mayo de 2012

La trascendencia como evitación

La iluminación no es una garantía de que tu vida vaya a ir como tienes planeado. Tu existencia será mucho mejor de lo que era, pero eso no significa que vaya a ir por donde tú quieres. Al final, todo tiene que ver con la verdad, con ser sincero en todos los aspectos, en todos los niveles de nuestro ser.

La iluminación no es simplemente un escape o una trascendencia. Desde ese estado de ser podemos afrontar nuestra vida y nuestras relaciones tal como son. La vida misma no es sino relación. Es la relación del Uno con el Uno, del Espíritu con el Espíritu. Y después está la apariencia de esa relación, la danza de la relación, la danza de la vida.

Si tratas de esconderte de algo -si estás en una relación decepcionante, o en un trabajo tremendamente insatisfactorio, y eliges no lidiar con ello- la consecuencia de esa negación es que no estarás verdaderamente liberado. Nunca podrás estar completamente libre, porque cualquier área en la que elijamos mantenernos inconscientes acabará teniendo un impacto en nosotros, y también en los demás.

Quiero resaltar esto. Si evitas los aspectos de tu vida que no están en armonía, los aspectos que aún no quieres ver, ese tipo de evitación va a obstaculizar tu despertar espiritual. En las primeras etapas es posible que el efecto no sea muy grande. Pero después, cuando entramos en la apertura más madura de la realización, ya no hay sitio para la negación. Esto es algo con lo que mucha gente no ha contado. Muchos pensamos que la iluminación va a evitarnos tener que lidiar con aquellas partes de nosotros mismos que nos resultan incómodas.

El despertar puede ser la base desde la que nos encontremos con cada persona y situación, desde la que nos relacionemos con todas las circunstancias de la vida. Pero esto requiere de mucha valentía, ser muy intrépido. También exige algo que no dejo de resaltar: una sinceridad muy simple. Este tipo de sinceridad surge de eso que ama la verdad y considera que la verdad es el mayor bien.

No ser muy real, evitar las cosas, reduce nuestra experiencia de quiénes somos. No ser muy sincero con la gente y las situaciones de tu vida es contener la expresión de tu ser. Al final, debemos llegar a ver que la verdad misma es el bien más preciado, que la verdad misma es la mayor expansión y manifestación de amor. En definitiva, el amor y la verdad son idénticos; son como las dos caras de la misma moneda. No puedes tener verdad sin amor, ni amor sin verdad.

El despertar llama a una transformación en nuestra vida interna y externa. Una vez más, no pienses que esta transformación tiene que ver con tener la vida, el trabajo, la pareja, el matrimonio o la amistad perfectos. Esto no tiene que ver con la perfección; tiene que ver con la plenitud, con la totalidad. No se trata de hacer que las cosas sean exactamente tal como las queremos, sino de aceptarlas exactamente como son. Cuando permitimos que las cosas sean, se desarrolla una sensación de armonía. La brecha entre nuestra realización y quienes somos como seres humanos se reduce cada vez más. Empieza a surgir una continuidad sin costuras entre la realización y la expresión, el despertar y su plasmación.

El final de tu mundo. Adyashanti.
 http://www.adyashanti.org/

10 de mayo de 2012

Con el despertar, las apuestas aumentan.

Cuando estamos dormidos, no sabemos lo que hacemos. Simplemente expresamos con acciones nuestra programación más profunda. Pero cuando hemos visto la verdadera naturaleza de las cosas -una vez que el Espíritu ha abierto sus ojos dentro de nosotros- de repente sabemos lo que hacemos. (...) Cuando a pesar de todo, a pesar de saberlo, actuamos desde un lugar de falsedad, es mucho más doloroso que cuando no sabíamos que nuestras acciones no eran verdad. Cuando le decimos a alguien algo que sabemos que no es cierto, se produce una división interna que es mucho más dolorosa que cuando dijimos lo mismo y pensábamos que era verdad.

Con cada escalón que asciendes, tienes menos tendencia a mirar hacia abajo, a actuar de formas que sabes que no son verdad, o a hablar de formas que sabes que no son verdad, a hacer cosas que sabes que no vienen de la verdad. Empiezas a darte cuenta de que cuanto más despertamos, las consecuencias son mayores. Finalmente, los resultados de actuar fuera de la verdad llegan a ser inmensos; la menor acción o conducta que no esté de acuerdo con la verdad puede resultarnos insoportable. (...)

A medida que nos hacemos más conscientes, empezamos a ver que hay consecuencias. Todas las cosas las tienen, y éstas se hacen cada vez mayores cuanto más nos comportamos de maneras que no están en armonía con lo que sabemos que no es verdad. En realidad esto es maravilloso. Es lo que yo llamo la gracia feroz. (...) Sabemos que cuando actuamos desde lo que no es verdad, sólo nos hacemos daño. Ese conocimiento es una gracia.

La realidad siempre es fiel a sí misma. Cuando estás en armonía con ella, experimentas dicha. Por el contrario, en cuanto no estás en armonía con ella, experimentas dolor. Ésta es la ley del universo; así son las cosas. Nadie puede saltarse esa ley. Para mí ese conocimiento es una gracia. La realidad es consistente. Discute con ella, ve en su contra y en cada ocasión sentirás dolor. Te hará daño, hará daño a otros y contribuirá al conflicto general de todos los seres.

Pero esta ferocidad también es preciosa. Nos ayuda a orientarnos cada vez con más profundidad hacia nuestra propia naturaleza. Nos damos cuenta de que comportarnos desde cualquier lugar que no sea nuestra propia naturaleza es destructivo para nosotros y, lo que es igualmente importante, también es destructivo para el mundo y los que nos rodean. Cuanto más entendemos esto, más capaces somos de retomar el curso cuando lo perdemos. 


Adyashanti. El final de tu mundo





3 de mayo de 2012

LA SINCERIDAD ES LA CLAVE

Lo más importante no es que trates de convencer a nadie de la verdad que ves. Lo verdaderamente importante es que seas sincero contigo mismo. Si puedes ser sincero contigo mismo, puedes serlo con cualquiera. No resulta realmente útil centrarse por completo en ser sincero con los demás. Aunque eso es necesario , el lugar por el que tienes que empezar eres tú mismo: ¿Puedes ser totalmente sincero contigo mismo? ¿Puedes ir a ese lugar que está más allá de la culpa, más allá del juicio, más allá del “debería” o del “no debería”? ¿Puedes ir a ese lugar interno tan sincero que no se retira de las partes de ti que aún no están en conflicto? ¿No usarás la percepción de la verdad para esconderte de alguna parte de ti aún no liberada?

En realidad es una cuestión de sinceridad. Como he dicho, esto no es programa para mejorarse a uno mismo. Cuando descubres el nivel de sinceridad y honestidad que estoy describiendo, descubres que esta sinceridad y honestidad son manifestaciones de la naturaleza absoluta del ser. Inicialmente, ser así de sincero contigo mismo puede no resultar fácil. Es posible que veas cosas de ti que no quieres ver. Es posible que veas partes que contrasten agudamente con toda tu realización. No obstante, hacia ahí va el despertar; el despertar va hacia lo que todavía no está despierto y entra en ello. La sinceridad es lo que permite que ocurre ese movimiento, y ocurre si eres real contigo mismo.

Un gran maestro zen, Huang Po, dijo que no eres más grande por ser un Buda, y que no eres menos por ser un ser humano. Lo que quería decir era que un Buda y un ser humano no están separados; no son diferentes. Aunque despertamos del estado de sueño y de la ilusión de ser simplemente un humano, seguiremos retornando, por así decirlo, hasta que veamos que nuestra naturaleza humana y nuestra naturaleza divina son una: un ser, una expresión, una verdad.

La sinceridad es la clave. Tienes que estar dispuesto, tienes que querer verlo todo. Cuando quieras verlo todo, lo verás todo.


Texto extraído del libro El final de tu mundo  (pags.78-79) de Adyashanti. Ed. Sirio.