Ayahuasca

3 de diciembre de 2013

El Nacimiento de mi tristeza / Cuando nació mi alegría (Gibran Jalil Gibran)

EL NACIMIENTO DE MI TRISTEZA

Cuando nació mi Tristeza, la atendí con mil cuidados, y la mimé con amorosa ternura.
Así creció mi Tristeza, fuerte, hermosa y llena de múltiples y maravillosas gracias.
Los dos nos amábamos, mi Tristeza y yo amábamos al mundo que nos rodeaba. Mi querida tristeza era, de noble y bondadoso corazón, y el mío también lo era, cuando estaba lleno de tristeza.
Cuando platicabamos, mi tristeza y yo, los días nos resultaban alados y nuestras noches se engalanaban de sueños, porque mi tristeza era elocuente, y yo a mi vez era de lengua elocuente con ella.
Cuando cantábamos juntos, mi Tristeza y yo, los vecinos se sentaban a la ventana para escucharnos; ya que nuestros cantos eran tan profundos como el mar, y nuestras melodías se llenaban de lejanos y extraños recuerdos.
Cuando caminábamos juntos, mi tristeza y yo, la gente nos miraba amablemente, y murmuraban con mucha delicadeza y dulzura
Tampoco faltó quien nos envidiara, pues mi tristeza era muy noble, y yo sentía mucho orgullo de mi Tristeza.
Pero un día murió mi Tristeza, y como cualquier ser viviente me quedé solo, muy solo con mis reflexiones.
Ahora, cuando hablo, las palabras suenan pesadas en mis oídos. cuando canto, ya no escuchan mis vecinos en sus ventanas mis cantos. Cuando camino solo por la calle, nadie me mira ya.
Sólo en mis sueños escucho voces que me dicen compadecidamente: "Mirad; allí yace el hombre al que se le murió la tristeza".

CUANDO NACIÓ MI ALEGRÍA

Cuando nació mi alegría, la alcé en mis brazos amorosos y dije: "¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Hoy me subí con ella a la azotea de mi casa y grite: Ha nacido mi Alegría; vengan a contemplarla, vean este sonriente ser que se alegra bajo el sol".
Y ningún vecino acudió a ver mi Alegría, y me sorprendió mucho. Así todos los días, durante siente noches pproclamé el nacimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, y nadie quiso escucharme, y nos encontramos solos, mi Alegría y yo, sin nadie que nos visitara.
Después, mi Alegría palideció y se enfermó de hastío, por que yo sólo gozaba de su belleza, y sólo mis labios besaban sus labios. Y mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.
Ahora sólo recuerdo mi muerta Alegría al recordar a mi Tristeza también muerta.
Pero el recuerdo es sólo una hoja de Otoño que suavemente susurra un instante fugaz en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.


Gibran, Khalil

26 de noviembre de 2013

La propia verdad

El Buda no elogió a los que creían en otras personas. No alabó a quienes dependían de las palabras de otros y estaban eufóricos o deprimidos por ellas. Después de comprender las enseñanzas de alguien, no hemos de apegarnos a ellas, porque son las palabras de otro. Aunque sean correctas, lo son para esa persona. Si no las interiorizamos y hacemos que sean correctas en nuestro propio corazón, nunca llegarán a serlo para nosotros y las dudas nunca cesarán de surgir. “¿Es correcto? ¿Tiene el maestro razón? ¿Está equivocado?”, pensaremos. Lo cual significa que no hemos practicado hasta el punto de comprender.

Si alguien dice que algo es correcto, no le creas. Y si dice que incorrecto, tampoco le creas. “Correcto” e “incorrecto” no son más que palabras dichas por otro. Sea cual sea la enseñanza que escuches, interiorízala y practica para comprender su verdad, en el momento presente.
La misma práctica será distinta para diferentes personas, porque cada una tiene distintos grados de sabiduría. Vamos a ver a maestros e intentamos comprender su forma de actuar. Observamos sus métodos y su conducta, pero al hacerlo sólo nos estamos fijando en las cosas exteriores. Lo que podamos ver de su práctica sólo es su aspecto exterior. Si los abordamos de esta forma, nuestras dudas seguirán existiendo. “¿Por qué este maestro practica de este modo? ¿Por qué aquel otro emplea ese método? ¿Por qué uno enseña muchas cosas miestras que el otro apenas enseña?” Todas esas preguntas pueden realmente confundirte. 


Encontrar el camino correcto no depende de estas cosas, sino de cada uno de nosotros. Podemos tomar a otros como buenos ejemplos, pero hemos de mirar con más profundidad en nuestro interior para eliminar las dudas. Así fue como el Buda enseñó a aquel anciano a contemplar el momento presente, a no dejar que la mente se distrajera con el pasado o con el futuro.
De modo que él se dedicó a observar su mente en cualquier situación. Fueran cuales fueran las condiciones en las que se encontrara, no le importaba, lo veía todo como inseguro, como impermanente. El Buda no le enseñó más que esto y él, al ponerlo en práctica, logró comprender el Dharma. 


La rueda del samsara, la ronda de la existencia, da vueltas sin cesar, pero no es necesario que gires con ella. Gira en círculos. ¿Acaso deseas intentar seguirla? Va muy rápida. Si una rueda gira a gran velocidad, puedes permanecer en el centro y dejar que gire a tu alrededor. Una lagartija quizá intente correr tras ella, pero tú puedes mantenerte en el centro y ver cómo la lagartija pasa una y otra vez frente a ti mientras gira la rueda sin haber de perseguirla.


Todo llega, todo pasa. Ajahn Chah.

 

15 de noviembre de 2013

Manjushri

Cuentan que había una vez, en las faldas de las más altas cumbres del mundo, un hermoso valle que era la envidia de los dioses. Para que nadie comparase su belleza con la divinidad lo hicieron inundar con un gran lago. Pero cuando vivió el Bodhisatva Manjunshri pegó un tajo con su espada fabulosa abriendo una brecha de desagüe, y una vez vaciado el lago inmenso fundó en el paradisíaco la ciudad de Katmandú, la que contiene todas las bellezas, promoviendo la construcción de una estupa con la mirada de Buda hacia los cuatro puntos cardinales.
A Manjushri suele evocársele sentado en la posición de loto, con una espada flamígera en una mano y unos libros en la otra. Esa espada simboliza la sabiduría que permite tajar los impedimentos del engañoso mundo que nos muestran los sentidos.
Manjushri fue un discípulo de Buda que, habiendo alcanzado el estado de iluminación, postpuso su entrada en el Nirvana para ayudar a los demás y para promover el conocimiento entre aquellos que desearan progresar en esa vía espiritual.



(Información proveniente de
http://www.viajarcon.es/historiaarte/3-katmandu-nepal.html?showall=1

22 de octubre de 2013

Cera

Cuando te veo a ti y cómo eres,
Cierro los ojos a los demás.
Para tu sello de Salomón todo mi cuerpo
Se convierte en cera. Espero a ser luz.
Dejo de opinar sobre cualquier materia.
Me convierto en la flauta de caña para tu aliento.

Estabas dentro de mi mano
Pero yo seguía intentando coger algo.
Yo estaba dentro de tu mano, pero seguía poniendo preguntas
De las que hacen los que saben muy poco.

Debo de haber sido increíblemente ingenuo o estado borracho o loco
Como para colarme en mi propia casa y robar dinero,
Como para saltar la valla y robar mis propias verduras.
Pero se acabo. Me he librado de ese puño ignorante
Que pellizcaba y retorcía a mi yo secreto.

Me atraviesan el universo y la luz de las estrellas.
Soy la luna creciente que adorna
La puerta de entrada a la feria.

(Rumi)


18 de octubre de 2013

LA DESAPARICION DEL PASADO (Adyashanti)

Si te pones a examinar de verdad lo que sucede cuando no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás separado, que ya no eres “otro”; y en esos momentos advertirás que desaparece todo tu pasado. A algunos les puede asustar comprobar que, cuando no están pensando en su pasado, este literalmente no está.

Pero ¿acaso no resulta muy evidente? Lo que ha pasado, aunque haya sido hace un segundo, ya no está pasando ahora ni volverá a pasar nunca. Lo que pasó hace un minutos, o hace una semana, o hace un mes, terminó casi tan pronto como pasó. Pero nosotros lo grabamos en nuestra mente, claro está. Nuestras mentes son semejantes a una grabadora, en el sentido de que graban el pasado y lo vuelven a reproducir en el presente. Pero lo que está reproduciendo la mente no es el pasado real mismo, sino una representación mental del pasado. Cuando dejamos de pensar, lo único que hay es el ahora. Para que existe el ayer tienes que evocar una idea del ayer; y cuando recordamos el ayer, cuando recordamos un momento del pasado, llegamos a creernos que existe de verdad. Peor todavía: ¡nos creemos que recordamos el pasado con exactitud! Pero todos los estudios que se han realizado sobre la memoria y sobre la exactitud con que recordamos los hechos pasados nos muestran que nuestras mentes empiezan a distorsionar el pasado casi desde el primer momento.

Si queremos encontrar un camino que nos lleve más allá del sufrimiento, tendremos que estudiar este sentido del yo que, en realidad, no es más que una colección de recuerdos que se proyectan, primero, en el momento presente, y después en el futuro. Tendremos que empezar a advertir que lo que pensamos que somos, en realidad no es más que eso, un pensamiento. Es imaginación. Ni nuestros pensamientos ni nuestra imaginación nos pueden decir quiénes somos.

El fin del sufrimiento. Adyashanti.

14 de octubre de 2013

LO QUE BUDA ENCONTRO

El príncipe Siddhartha se sentó en un trozo de hierba kusha bajo un árbol ficus religiosa, investigando y meditando sobre la naturaleza humana. Sin ayuda de herramienta científica alguna llegó a darse cuenta, tras un largo tiempo en estado contemplativo, que toda forma, incluyendo carne y huesos, todas nuestras emociones y percepciones, están juntas, es decir, que todas son producto de una o más cosas juntas, acercándose. Cuando cualquier par de componentes o más se juntan, emerge un nuevo fenómeno: los clavos y la madera se convierten en mesa, el agua y las hojas devienen té, el miedo, la devoción, y el salvador o la salvadora se convierten en Dios. El producto final no tiene una existencia independiente de sus partes. Creer que realmente existe la independencia es la gran decepción. Mientras tanto, las partes han sufrido una transformación. Sólo por encontrarse, sus caracteres han cambiado y, juntos, se convierten en otra cosa: son componentes “compuestos”.

Se dio cuenta de que esto es aplicable no sólo a la experiencia humana, sino también a toda la materia, al mundo entero, al universo, porque todo es interdependiente, todo está sujeto a cambio. No existe un solo componente de la creación en un estado autónomo, permanente, puro. Ni tan siquiera el libro que estás sosteniendo, o los átomos, o incluso los dioses. Sólo que algo exista al alcance de nuestra mente, incluso en nuestra imaginación, como un hombre de cuatro brazos, hasta él depende de la existencia de algo más. Así fue como Siddhartha descubrió que la impermanencia no significa muerte, como solemos pensar, significa cambio. Cualquier cosa que cambia en relación con otra cosa: incluso el cambio más sutil está sujeto a las leyes de la impermanencia.

Con estas certezas Siddhartha encontró al menos una vía para comprender y profundizar en el sufrimiento de la mortalidad. Aceptó que el cambio es inevitable y que la muerte es simplemente una parte del ciclo. Además, se dio cuenta de que no existía un poder omnipotente que pudiese dar marcha atrás a este camino hacia la muerte. No había pues esperanza que pudiese atraparle de nuevo. Si no existe una esperanza ciega, no puede haber decepción. Si uno sabe que todo es impermanente, uno no se aferra, si no te aferras, no piensas en términos de tener o carecer, y por tanto, vives plenamente.

El despertar de la ilusión de permanencia de Siddhartha nos da un motivo para referirnos a él como el Buda, el que está Despierto. Ahora, 2500 años después, vemos que lo que él descubrió y enseñó es un tesoro impagable que ha inspirado a millones de personas. Por otro lado, si Siddhartha estuviese aquí, hoy, estaría más que desilusionado,  pues, para la mayor parte de la humanidad, sus descubrimientos no existen. Eso no quiere decir que la ciencia haya logrado refutar lo que él descubrió, no: nadie ha podido convertirse en inmortal. Todos debemos morir en algún momento, como lo hacen 250000 personas, según se estima, cada día. Personas cercanas han muerto, y morirán. Sin embargo, todavía nos alarmamos y entristecemos cuando algún allegado muere, y seguimos buscando la fuente de la juventud o la fórmula secreta para una larga vida. Viajes al supermercado Bio, biberones de DMDAE y Retinol, clases de yoga-power, ginseng Koreano, cirugía estética, inyecciones de colágeno y cremas hidratantes….todo evidencia clara de que compartimos en secreto el deseo de inmortalidad del Emperador Qin.

El príncipe Siddhartha ya no necesitaba ni deseaba el elixir de la inmortalidad. Tomando conciencia de que todo está junto, que la deconstrucción es el infinito, y de que ninguna parte de sus componentes en toda la creación existe como un estado independiente, permanente y puro, se liberó. Todo lo que se junta (que ahora entendemos como todo), junto con su impermanencia, está unido, atado, en uno, como el agua y un cubo de hielo. Cuando añadimos cubitos de hielo a una bebida, obtenemos ambos. De igual modo, cuando Siddhartha observaba a un paseante, hasta al que parecía más sano, lo veía al mismo tiempo viviendo y desintegrándose. Pueden pensar que quizás no suena divertido vivir así, sin embargo puede ser una buena experiencia ver ambos lados. Podría satisfacerle sobremanera. No es como la montaña rusa de la esperanza y decepción, que sube y baja sin fin. Cuando ves las cosas así, empiezan a disolverse a tu alrededor. Se transforma tu percepción de los fenómenos, por ponerlo de alguna manera se ven más claros. Resulta tan fácil ver cómo la gente cae en la trampa de la montaña rusa que naturalmente sientes compasión. Una de las razones por las que tienes tanta compasión es porque la impermanencia es tan obvia, que resulta que ni la ven.

(Versión de María Eulalia Valls Martínez del fragmento de What makes you not a buddhist , de Dzongsar Jamyang Khyentse)


12 de octubre de 2013

WHAT ABOUT LOVE?

One might think that not all emotions are suffering -what about love, joy, creative inspiration, devotion, ecstasy, peace, union, fulfillment, relief? We believe that emotion is necessary for poetry, songs and art. Our definition of “suffering” isn´t fixed, and it is limited. Siddartha´s definition of “suffering” is much more vast and yet much more specific and clear.

Some kinds of suffering, such as aggression, jealousy and headaches, have an obvious negative quality, while others are more subtly painful. For Siddhartha, anything that has a quality of uncertainty and unpredictability is suffering. For instance, love may be pleasant and fulfilling, but it doesn´t spring independently out of the blue. It depends on someone or something, and therefore is unpredictable. At the very least, one is dependent on the object of love and, in a sense, always on a leash. And the additional hidden conditions are uncountable. For this reason it is also futile to blame our parents for our unhappy childhood or to blame ourselves for our parent´s disharmony, because we are not aware of the many hidden dependent conditions involved in these situations.

Broadly speaking, as long as one is in control, one is happy, and as long as someone else holds the leash, one is unhappy. Therefore the definition of “happiness” is when one has full control, freedom, rights, leisure, no obstacles, no leash. That means the freedom to choose and the freedom not to choose, the freedom to be active or to be leisurely.

There are certain things we can do to bend conditions to our advantage, such as taking vitamins to become strong or drinking a cup of coffee to wake up. But we can´t hold the world still so that it won´t stir up another tsunami. We cant prevent a pigeon from hitting the windshield of our car. A big part of our life revolves around trying to make other people cheerful, primarily so that we can feel comfortable. But we can´t keep another person´s emotions upbeat at all times. We can try, and maybe we´ll even succeed sometimes, but such manipulation requires a great amount of maintenance. It´s not enough to say “I love you” just once in the beginning of a relationship. You have to do the right thing -send flowers, pay attention- until the end. If you fail even once, everything you have built can fall apart. And sometimes, even if you give undivided attention, the object of your attention may misinterpret, not know how to accept, or not be receptive at all.

We might think that we aren´t really suffering, and even if we are, it isn´t so terrible. Many people think, I am OK, I am breathing, I am having breakfast, everything is going as well as can be expected, I am not suffering. But what do they mean? Do they mean this 100 percent? Have they stopped preparing for things to get better? Have they dropped all their insecurities? If such an attitude comes from genuine contentment and appreciation for what they already have, this kind of appreciation is what Siddhartha recommended. But rarely do we ever witness such content; there is always this constant nagging feeling that there is more to life, and this discontent leads to suffering.

Siddhartha´s solution was to develop awareness of the emotions. If you can be aware f emotions as they arise, even a little bit, you restrict their activity; they become like teenagers with a chaperone.

When you begin to notice the damage that emotions can do, awareness develops. When you have awareness, -for example, if you know that you are in the edge of a cliff- you understands the danger before you. You can still go ahead and do as you were doing; walking on a cliff with awareness is not so frightening anymore, in fact is thrilling. The real source of fear is not knowing. Awareness doesn´t prevent you from living, it makes living that much fuller. If you are enjoying a cup of tea and you understand the bitter and the sweet of temporary things, you will really enjoy the cup of tea.

What makes you not a buddhist. Dzongsar Jamyang Khientse.

9 de octubre de 2013

WHAT BUDDHA FOUND

Whithout a single scientific tool, Prince Siddhartha sat on a patch of kusha grass beneath a ficus religiosa tree investigating human nature. After a long time of contemplation, he came to the realization that all form, including our flesh and bones, and all our emotions and all our perceptions, are asembled -they are all the product of two or more things coming together. When any two components or more come together, a new phenomenon emerges -nails and wood become a table; water and leaves become tea; fear, devotion, and a savior become God. This end product doesn´t have an existence independent of its parts. Believing it truly exists independently is the greatest deception. Meanwhile the parts have undergone a change. Just by meeting, their character has changed and, together, they have become something else -they are “compounded”.

He realized that this applies not only to the human experience but to all matter, the entire world, the universe -because everything is interdependent, everything is subject to change. Not one component in all creation exists in an autonomous, permanent, pure state. Not the book you are holding, not atoms, not even the gods. So long as something exists within reach of our mind, even in our imagination, such as a man with four arms, then it depends on the existence of something else. Thus Siddhartha discovered that impermanence does not mean death, as we usually think, it means change. Anything that changes in relation to another thing: even the slightest shift, is subject to the laws of impermanence.

Through these realizations, Siddhartha found a way around the suffering of mortality after all. He accepted that change is inevitable and that death is just a part of this cycle. Furthermore, he realized that there was no almighty power who could reverse the path to death; therefore there was also no hope to trap him. If there is no blind hope, there is also no dissapointment. If one knows that everything is impermanent, one does not grasp, and if one does not grasp, one will not think in terms of having or lacking, and therefore one lives fully.

Siddhartha´s awakening from the illusion of permanence gives us a reason to refer to him as the Buddha, the Awakened One. Now, 2500 years later, we see that what he discovered and taught is a priceless treasure that has inspired millions. On the other hand, if Siddhartha were here today, he would be more than a little dissapointed, because, for the most part, his discoveries lies fallow. That is not to say that modern technology is so great that his findings have been refuted: No one has become immortal. Everyone must die at some point; an estimated 250000 human beings do so every day. People close to us  have died and will die. Yet we are still shocked and saddened when a loved one passes away, and we continue to search the fountain of youth or a secret formula for long life. Trips to the health food store, our bottles of DMDAE and retinol, power yoga classes, Korean ginseng, plastic surgery, collagen injections and moisturizing lotion -these are clear evidence that we secretly share Emperor Qin´s desire for immortality.

Prince Siddhartha no longer needed or wanted the elixir of immortality. By realizing that all things are assembled, that deconstruction is infinity, and that not one of the components  in all creation exists in an autonomous, permanent, pure state, he was liberated. Anything that is put together (which we now understand to be everything) and its impermanent nature are bound together as one, just like water and an ice cube. When we put an ice cube in our drink, we get both. Just so, when Siddhartha looked at someone walking around, even the healthiest person, he saw this person as both simultaneously living and disintegrating. You might think this doesn´t sound like a fun way to live, but it can be an amazing ride to see both sides. There might be great satisfaction. It is no like a roller coaster of hope and dissapointment going up and down. Seeing things in this way, they begin to dissolve all around us. Your perception of phenomena transforms, and in a way becomes clearer. It is so easy to see how people get caught up in the roller coaster, and you naturally have compassion for them. One of the reasons you have compassion is that impermanence is so obvious, yet they just don´t see it.


What makes you not a buddhist. Dzongsar Jamyang Khyentse