Ayahuasca

24 de mayo de 2012

Nosotros somos la conciencia

Para algunas personas, llegar a comprender que nosotros somos la conciencia puede ser algo muy abstracto. Para los que lo entienden, no es nada abstracto. Se convierte en tu experiencia vital. Si a ti te parece abstracto, te propongo algo muy sencillo: intenta darte cuenta de qué parte de ti ha estado siempre ahí a lo largo de toda tu vida. Independientemente de lo viejo o lo joven que seas, observa cómo han ido cambiando las cosas a lo largo de tu vida: tu cuerpo ha cambiado, tu mente ha cambiado, tu personalidad ha cambiado. Todo esto ha estado fluyendo a lo largo de los años. Pero en todo este tiempo, desde que adquiriste el lenguaje, siempre te has referido a ti mismo como "yo": "Yo soy esto. Yo creo esto. Yo pienso esto. Yo creo eso. Yo quiero esto. Yo quiero eso". Mientras que todo lo demás ha cambiado y sigue cambiando, el "yo" al que haces referencia ha seguido siempre ahí. Cuando dices "yo", es el mismo "yo" de cuando tenías cinco años. Lo exterior ha cambiado. Los pensamientos han cambiado. El cuerpo ha cambiado. Las sensaciones han cambiado. Pero el "yo" no ha cambiado. Existe un conocimiento, a nivel de intuición, que sigue siendo el mismo de siempre, y te refieres a él cada vez que dices "yo". Sin apenas darte cuenta, ésa es tu parte divina. Es la parte sagrada. Es tu naturaleza esencial. Pero ese "yo" no tiene forma. Su naturaleza es la conciencia o el espíritu. Así que cualquiera puede darse cuanta por sí mismo, y en su interior, de que esta sensación del "yo" ha estado ahí todo el tiempo.

Pero este "yo" no es lo que la mente piensa. (...)

Nadie puede forzar este vislumbre de comprensión en el ser. Ocurre de forma espontánea. Por sí mismo. Pero lo que podemos hacer es cultivar el terreno y crear las condiciones necesarias para que se pueda producir este vislumbre de comprensión. Podemos abrir la mente a posibilidades más profundas y podemos empezar a investigar personalmente qué somos verdaderamente.

Cuando despertemos a nuestra verdadera naturaleza, este despertar tal vez dure un instante o un rato, o quizá sea permanente. Sea lo que sea, será perfecto y estará bien. Tú eres quien tú eres. Sea cual sea tu experiencia, no puedes perder lo que eres. Aunque experimentes una determinada apertura, te des cuenta de tu verdadera naturaleza y luego parezca que la olvidas, en realidad no habrás perdido nada. Por consiguiente te invito a descansar más profundamente, a no aferrarte a ninguna visión o experiencia, a no intentar apegarte a ella, sino a reconocer la realidad subyacente, aquella que no cambia nunca. Ramana Maharshi tenía un dicho: "Permite que llegue lo que tenga que llegar; permite que se vaya lo que tenga que irse. Descubre lo que permanece".


(Meditación auténtica. Adyashanti)  

15 de mayo de 2012

La trascendencia como evitación

La iluminación no es una garantía de que tu vida vaya a ir como tienes planeado. Tu existencia será mucho mejor de lo que era, pero eso no significa que vaya a ir por donde tú quieres. Al final, todo tiene que ver con la verdad, con ser sincero en todos los aspectos, en todos los niveles de nuestro ser.

La iluminación no es simplemente un escape o una trascendencia. Desde ese estado de ser podemos afrontar nuestra vida y nuestras relaciones tal como son. La vida misma no es sino relación. Es la relación del Uno con el Uno, del Espíritu con el Espíritu. Y después está la apariencia de esa relación, la danza de la relación, la danza de la vida.

Si tratas de esconderte de algo -si estás en una relación decepcionante, o en un trabajo tremendamente insatisfactorio, y eliges no lidiar con ello- la consecuencia de esa negación es que no estarás verdaderamente liberado. Nunca podrás estar completamente libre, porque cualquier área en la que elijamos mantenernos inconscientes acabará teniendo un impacto en nosotros, y también en los demás.

Quiero resaltar esto. Si evitas los aspectos de tu vida que no están en armonía, los aspectos que aún no quieres ver, ese tipo de evitación va a obstaculizar tu despertar espiritual. En las primeras etapas es posible que el efecto no sea muy grande. Pero después, cuando entramos en la apertura más madura de la realización, ya no hay sitio para la negación. Esto es algo con lo que mucha gente no ha contado. Muchos pensamos que la iluminación va a evitarnos tener que lidiar con aquellas partes de nosotros mismos que nos resultan incómodas.

El despertar puede ser la base desde la que nos encontremos con cada persona y situación, desde la que nos relacionemos con todas las circunstancias de la vida. Pero esto requiere de mucha valentía, ser muy intrépido. También exige algo que no dejo de resaltar: una sinceridad muy simple. Este tipo de sinceridad surge de eso que ama la verdad y considera que la verdad es el mayor bien.

No ser muy real, evitar las cosas, reduce nuestra experiencia de quiénes somos. No ser muy sincero con la gente y las situaciones de tu vida es contener la expresión de tu ser. Al final, debemos llegar a ver que la verdad misma es el bien más preciado, que la verdad misma es la mayor expansión y manifestación de amor. En definitiva, el amor y la verdad son idénticos; son como las dos caras de la misma moneda. No puedes tener verdad sin amor, ni amor sin verdad.

El despertar llama a una transformación en nuestra vida interna y externa. Una vez más, no pienses que esta transformación tiene que ver con tener la vida, el trabajo, la pareja, el matrimonio o la amistad perfectos. Esto no tiene que ver con la perfección; tiene que ver con la plenitud, con la totalidad. No se trata de hacer que las cosas sean exactamente tal como las queremos, sino de aceptarlas exactamente como son. Cuando permitimos que las cosas sean, se desarrolla una sensación de armonía. La brecha entre nuestra realización y quienes somos como seres humanos se reduce cada vez más. Empieza a surgir una continuidad sin costuras entre la realización y la expresión, el despertar y su plasmación.

El final de tu mundo. Adyashanti.
 http://www.adyashanti.org/

10 de mayo de 2012

Con el despertar, las apuestas aumentan.

Cuando estamos dormidos, no sabemos lo que hacemos. Simplemente expresamos con acciones nuestra programación más profunda. Pero cuando hemos visto la verdadera naturaleza de las cosas -una vez que el Espíritu ha abierto sus ojos dentro de nosotros- de repente sabemos lo que hacemos. (...) Cuando a pesar de todo, a pesar de saberlo, actuamos desde un lugar de falsedad, es mucho más doloroso que cuando no sabíamos que nuestras acciones no eran verdad. Cuando le decimos a alguien algo que sabemos que no es cierto, se produce una división interna que es mucho más dolorosa que cuando dijimos lo mismo y pensábamos que era verdad.

Con cada escalón que asciendes, tienes menos tendencia a mirar hacia abajo, a actuar de formas que sabes que no son verdad, o a hablar de formas que sabes que no son verdad, a hacer cosas que sabes que no vienen de la verdad. Empiezas a darte cuenta de que cuanto más despertamos, las consecuencias son mayores. Finalmente, los resultados de actuar fuera de la verdad llegan a ser inmensos; la menor acción o conducta que no esté de acuerdo con la verdad puede resultarnos insoportable. (...)

A medida que nos hacemos más conscientes, empezamos a ver que hay consecuencias. Todas las cosas las tienen, y éstas se hacen cada vez mayores cuanto más nos comportamos de maneras que no están en armonía con lo que sabemos que no es verdad. En realidad esto es maravilloso. Es lo que yo llamo la gracia feroz. (...) Sabemos que cuando actuamos desde lo que no es verdad, sólo nos hacemos daño. Ese conocimiento es una gracia.

La realidad siempre es fiel a sí misma. Cuando estás en armonía con ella, experimentas dicha. Por el contrario, en cuanto no estás en armonía con ella, experimentas dolor. Ésta es la ley del universo; así son las cosas. Nadie puede saltarse esa ley. Para mí ese conocimiento es una gracia. La realidad es consistente. Discute con ella, ve en su contra y en cada ocasión sentirás dolor. Te hará daño, hará daño a otros y contribuirá al conflicto general de todos los seres.

Pero esta ferocidad también es preciosa. Nos ayuda a orientarnos cada vez con más profundidad hacia nuestra propia naturaleza. Nos damos cuenta de que comportarnos desde cualquier lugar que no sea nuestra propia naturaleza es destructivo para nosotros y, lo que es igualmente importante, también es destructivo para el mundo y los que nos rodean. Cuanto más entendemos esto, más capaces somos de retomar el curso cuando lo perdemos. 


Adyashanti. El final de tu mundo





3 de mayo de 2012

LA SINCERIDAD ES LA CLAVE

Lo más importante no es que trates de convencer a nadie de la verdad que ves. Lo verdaderamente importante es que seas sincero contigo mismo. Si puedes ser sincero contigo mismo, puedes serlo con cualquiera. No resulta realmente útil centrarse por completo en ser sincero con los demás. Aunque eso es necesario , el lugar por el que tienes que empezar eres tú mismo: ¿Puedes ser totalmente sincero contigo mismo? ¿Puedes ir a ese lugar que está más allá de la culpa, más allá del juicio, más allá del “debería” o del “no debería”? ¿Puedes ir a ese lugar interno tan sincero que no se retira de las partes de ti que aún no están en conflicto? ¿No usarás la percepción de la verdad para esconderte de alguna parte de ti aún no liberada?

En realidad es una cuestión de sinceridad. Como he dicho, esto no es programa para mejorarse a uno mismo. Cuando descubres el nivel de sinceridad y honestidad que estoy describiendo, descubres que esta sinceridad y honestidad son manifestaciones de la naturaleza absoluta del ser. Inicialmente, ser así de sincero contigo mismo puede no resultar fácil. Es posible que veas cosas de ti que no quieres ver. Es posible que veas partes que contrasten agudamente con toda tu realización. No obstante, hacia ahí va el despertar; el despertar va hacia lo que todavía no está despierto y entra en ello. La sinceridad es lo que permite que ocurre ese movimiento, y ocurre si eres real contigo mismo.

Un gran maestro zen, Huang Po, dijo que no eres más grande por ser un Buda, y que no eres menos por ser un ser humano. Lo que quería decir era que un Buda y un ser humano no están separados; no son diferentes. Aunque despertamos del estado de sueño y de la ilusión de ser simplemente un humano, seguiremos retornando, por así decirlo, hasta que veamos que nuestra naturaleza humana y nuestra naturaleza divina son una: un ser, una expresión, una verdad.

La sinceridad es la clave. Tienes que estar dispuesto, tienes que querer verlo todo. Cuando quieras verlo todo, lo verás todo.


Texto extraído del libro El final de tu mundo  (pags.78-79) de Adyashanti. Ed. Sirio.



27 de abril de 2012

CONTROL (por Adyashanti)

¿Qué pasaría si dejases de controlar y te librases de cualquier urgencia, hasta de la más mínima urgencia de controlar algo, en cualquier parte, incluyendo todo lo que estuviese sucediendo en este preciso instante? Imagina que pudieses deshacerte del control en todos los niveles, por completo. Si fueses capaz de abandonar cualquier control, absolutamente, totalmente, serías un ser libre a nivel espiritual.

Según muchas personas, al hurgar hasta lo más profundo del maquillaje emocional del ser humano descubres que el miedo es la principal emoción que mantiene a la gente separada. En mi experiencia esto no es así. Yo creo que la razón principal de que las personas se experimenten como seres separados es el deseo y la voluntad de controlar. El miedo surge cuando tenemos la sensación de perder el control. O nos asustamos al darnos cuenta de que no tenemos ningún control, y sin embargo seguimos deseándolo.

Cuando hablo de control me refiero a todo. El control más obvio tiene lugar cuando la gente trata de controlarse entre sí. Si te acuerdas de cualquier conversación que hayas mantenido hoy mismo, probablemente encuentres algún elemento de control en ella. Seguramente estabas intentando controlar la mente de alguien para que te entendiera, para que estuviese de acuerdo contigo, para que te escuchase o para que le gustaras. Tal vez no sea así en todas las conversaciones ni con todo el mundo, pero probablemente sí lo sea en unas cuantas.

Me estoy refiriendo a todas las cosas, desde las formas de control y poder más obvias hasta las más sutiles. En estas últimas intentamos modificar la experiencia de este momento concreto. Una de las preguntas más frecuentes que recibo dice algo así: «Adya, he tenido un cierto despertar espiritual, al menos eso creo, y aunque ha sucedido, tengo la sensación de que no es completo. En realidad no me siento totalmente libre. Tal vez me haya despertado a lo que soy y a quién soy, y eso es muy hermoso y profundo, Adya, pero hay algo que no ha terminado de completarse». A esto le sigue: «¿Qué puedo hacer?». Todavía no me he encontrado con ningún caso de este estilo en el que el individuo no esté enfrentándose, principalmente, al problema del control. Ninguno, porque a no ser que nos hayamos liberado del deseo de controlar, todo el mundo gestiona el control de un modo u otro.

Para resumirlo de forma muy sencilla, la diferencia entre las personas que han tenido iluminaciones espirituales profundas en relación a su verdadera naturaleza y las que están verdaderamente liberadas y se sienten completamente libres es ésta, únicamente: aquellos que están libres y liberados se han deshecho por completo del control. Esto ocurre porque, cuando te deshaces del control, no puedes evitar sentirte liberado y libre. Es como si saltaras de un edificio. No podrías evitar caer hacia abajo; la gravedad te empujaría en esa dirección. Si te liberases por completo del control, terminarías realizándote plenamente.

Por eso te sugiero que te imagines lo que sucedería si no tuvieses absolutamente ningún movimiento de control en tu interior, ningún deseo de control, ninguna idea que controlar (al nivel más obvio o más profundo de tu experiencia). Imagina qué implicaciones tendría una total ausencia de control en tu sistema.

En último término, el deseo de control es nuestra falta de predisposición a despertarnos del todo. (...)

Es un movimiento muy profundo. Una auténtica mutación del núcleo de tu ser. No tiene que ser una revelación, ni un logro espiritual o una realización. Es una mutación fundamental respecto a nuestra forma de existir: vivir sin el deseo de controlar. Cuando llegues al centro del control, lo más probable es que te sientas morir. Casi todo el mundo se siente así porque, en cierto sentido, te vas a morir. Cuando la vida deja de tener control, ni siquiera en el nivel más fundamental, es una muerte. En la mayoría de los casos nuestra vida comenzó a girar en torno al control a la edad de un año, más o menos. Verás que hay niños de tan sólo dos años que intentan controlar a su madre, y ordenan y manipulan a mamá y a papá. Esta urgencia de control, esta especie de sensación biológica de que la supervivencia depende del control aparece a una edad muy temprana.

Es una transformación fundamental. Por eso mismo, aunque tengamos una realización muy profunda de la verdad, en último término la auténtica libertad no llega necesariamente a través de una realización. Evidentemente, casi todo el mundo necesita pasar por una realización profunda de su verdadera naturaleza para poder entregarse de una forma natural y espontánea. Pero ésta sólo se completará a sí misma cuando esa persona deje de controlar ciega e impredeciblemente. En relación a este tema, la gente suele preguntarme: «Pero ¿cómo lo hago?». Y lo único que puedo decir es que el control está en la propia pregunta. El control intenta hacer de las suyas. La pregunta de «cómo» siempre se refiere al control. Tener un cómo tal vez nos resulte útil, pero al fin y al cabo no es más que control. No existe ningún cómo. Limítate a relajarte por completo.

(Capítulo 15 "Control" del libro La Danza del Vacío, de Adyashanti).



Del mismo capítulo, extraigo algún párrafo más, esta vez de la sección en la que le hacen preguntas:

Adyashanti: Es el miedo a la muerte, sí. Para dejar de controlar debemos experimentar la muerte de nuestro yo separado y se trata de una muerte muy profunda. Muy profunda. Evidentemente, esta muerte no es más que una ilusión.

Estudiante: ¿Dejamos de controlar cuando nos morimos?

Adyashanti: No, no del todo. Puedes morir físicamente y seguir conservando el deseo de control en otras dos mil vidas.

Adyashanti: Ocurre cuando el tiempo se acaba. Puede suceder con el paso del tiempo. Puede ser muy gradual o muy repentino. Sólo hay una regla: no existe ninguna regla sobre el modo de evolucionar.

Estudiante: ¿Deberíamos dejar de hacer preguntas?

Adyashanti: No, eso tampoco funcionaría. Implicaría demasiado control.

Estudiante: Pero cuando empiezas a hacer preguntas, estás intentando controlar algo.

Adyashanti: Sí. Pero si dejas de hacer preguntas también estás intentando controlar. Lo mejor que pueden hacer por sí mismos los seres humanos es ser siempre absoluta y totalmente honestos con ellos mismos, manteniendo una total integridad interna. Si tienes una pregunta profunda y real, que es muy importante para ti, hazla. (...)

Estudiante: Si dices que se trata de quién soy, ¿qué sucede cuando el «yo» deja de existir, cuándo te das cuenta de que todo lo que conocías como «yo» no es permanente?

Adyashanti: Lo averiguarás. Lo que quiero decir es que te enfrentas a esta paradoja, sorprendentemente hermosa, de que no existe ningún «yo» y de que el «yo» está en todas partes, y las dos cosas son verdad al mismo tiempo. No te podría ocurrir nada más divertido. No existe ningún «yo» y lo único que existe es un gran «yo» que brilla desde todas las cosas. Pero eso no es más que cháchara. Nuestra integridad no nos permite sentirnos satisfechos con la verdad de ninguna otra persona. Desearás saberlo por ti mismo, pues ésa es la única manera posible. Averigua lo que eres por ti mismo.

En este preciso momento se produce un misterio, incluso a nivel de la experiencia. Desde el mismísimo principio, en el centro de ese misterio puedes saborear que no existe ningún yo separado. No puedes descubrir lo que eres y, sin embargo, obviamente estás aquí porque esta nada está percibiendo algo. Tal vez obtengas, desde el principio, una prueba que no haya obtenido la gente que lleva meditando veinte años. Quizás se hayan perdido algo tan sencillo. Este sabor está ya en todo el mundo, y eso mismo es lo más sorprendente. No hay que irse lejos para conseguirlo.



http://jugandoalegremente.blogspot.com.es/2010/07/control-por-adyashanti.html

10 de abril de 2012

FECHAS RETIROS 2012

17-20 mayo miniretiro
22-24 junio miniretiro full
14-20 julio retiro
12-18 agosto retiro
8-17 septiembre
8-17 octubre
7-16 noviembre
6-15 diciembre

LA CASA DE HUÉSPEDES



Este ser humano es una casa de huéspedes. 
Cada mañana hay recién llegados:
Una alegría, una depresión, una mezquindad.
Cierta percepción momentánea constituye
Un visitante inesperado.

¡Acógelos y atiéndelos a todos!
Aunque se trate de una multitud de penas

Que arrasen violentamente
Todos los muebles de tu casa,
Aún así, trátalos a todos con respeto. 

Puede que te estén aclarando el horizonte 
Para un nuevo deleite.
A los pensamientos escabrosos, a la vergüenza, a la malicia, 
E invítalos a pasar.
Da gracias por quienquiera que llegue 
Porque todos han sido enviados
De allende, como guías. 


(Rumi)

3 de abril de 2012

Estar dispuesto a cuestionarlo todo - Adyashanti

Tienes que estar dispuesto a cuestionarlo todo, a detenerte y preguntarte: "¿Sé realmente lo que creo saber, o simplemente he adoptado las creencias y opiniones de otros? ¿Qué es lo que sé realmente, y qué quiero creer o imaginar? ¿Qué es lo que sé con seguridad?".

Esta pregunta -"¿Qué es lo que sé con seguridad?"- es tremendamente poderosa. Cuando entras profundamente en esta pregunta, acabas destruyendo tu mundo. Destruye todo tu sentido de identidad, y eso es lo que tiene que hacer. Llegas a ver que todo lo que creías saber con respecto a ti mismo, todo lo que creías saber con respecto al mundo, se basa en suposiciones, creencias y opiniones, cosas que crees porque te las enseñaron o te dijeron que eran verdad. Hasta que no empecemos a ver esas falsas percepciones como realmente son, la conciencia seguirá aprisionada en el estado onírico.

Asimismo, en cuanto nos permitimos darnos cuenta -"Dios mío, casi no sé nada: no sé quien soy. No sé qué es el mundo. No sé si esto es verdad. No sé si eso es verdad"-, algo dentro de nuestro ser se abre. Cuando estamos dispuestos a entrar en lo desconocido y en su inseguridad inherente, sin volver atrás en busca de protección y comodidad -cuando estamos dispuestos a enfrentarnos al viento que sopla sobre nosotros sin retraernos- finalmente podemos afrontar nuestro verdadero yo.

Plantearte esta pregunta te ayuda a diluir las limitaciones y las ideas, así como la tendencia a adoptar fijaciones, todas las cuales continúan después del despertar.

Entonces, sin importar dónde estés en el camino, lo más importante es la voluntad de alzarte dentro de ti y de plantearte esta pregunta, así como de ser abierto y sincero con respecto a lo que averiguas. Ésa es la columna vertebral de la que dependen todo tu despertar y tu vida después del despertar.



(Adyashanti. El final de tu mundo).