Ayahuasca

18 de octubre de 2013

LA DESAPARICION DEL PASADO (Adyashanti)

Si te pones a examinar de verdad lo que sucede cuando no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás pensando en ti mismo, puede que veas que ya no estás separado, que ya no eres “otro”; y en esos momentos advertirás que desaparece todo tu pasado. A algunos les puede asustar comprobar que, cuando no están pensando en su pasado, este literalmente no está.

Pero ¿acaso no resulta muy evidente? Lo que ha pasado, aunque haya sido hace un segundo, ya no está pasando ahora ni volverá a pasar nunca. Lo que pasó hace un minutos, o hace una semana, o hace un mes, terminó casi tan pronto como pasó. Pero nosotros lo grabamos en nuestra mente, claro está. Nuestras mentes son semejantes a una grabadora, en el sentido de que graban el pasado y lo vuelven a reproducir en el presente. Pero lo que está reproduciendo la mente no es el pasado real mismo, sino una representación mental del pasado. Cuando dejamos de pensar, lo único que hay es el ahora. Para que existe el ayer tienes que evocar una idea del ayer; y cuando recordamos el ayer, cuando recordamos un momento del pasado, llegamos a creernos que existe de verdad. Peor todavía: ¡nos creemos que recordamos el pasado con exactitud! Pero todos los estudios que se han realizado sobre la memoria y sobre la exactitud con que recordamos los hechos pasados nos muestran que nuestras mentes empiezan a distorsionar el pasado casi desde el primer momento.

Si queremos encontrar un camino que nos lleve más allá del sufrimiento, tendremos que estudiar este sentido del yo que, en realidad, no es más que una colección de recuerdos que se proyectan, primero, en el momento presente, y después en el futuro. Tendremos que empezar a advertir que lo que pensamos que somos, en realidad no es más que eso, un pensamiento. Es imaginación. Ni nuestros pensamientos ni nuestra imaginación nos pueden decir quiénes somos.

El fin del sufrimiento. Adyashanti.

14 de octubre de 2013

LO QUE BUDA ENCONTRO

El príncipe Siddhartha se sentó en un trozo de hierba kusha bajo un árbol ficus religiosa, investigando y meditando sobre la naturaleza humana. Sin ayuda de herramienta científica alguna llegó a darse cuenta, tras un largo tiempo en estado contemplativo, que toda forma, incluyendo carne y huesos, todas nuestras emociones y percepciones, están juntas, es decir, que todas son producto de una o más cosas juntas, acercándose. Cuando cualquier par de componentes o más se juntan, emerge un nuevo fenómeno: los clavos y la madera se convierten en mesa, el agua y las hojas devienen té, el miedo, la devoción, y el salvador o la salvadora se convierten en Dios. El producto final no tiene una existencia independiente de sus partes. Creer que realmente existe la independencia es la gran decepción. Mientras tanto, las partes han sufrido una transformación. Sólo por encontrarse, sus caracteres han cambiado y, juntos, se convierten en otra cosa: son componentes “compuestos”.

Se dio cuenta de que esto es aplicable no sólo a la experiencia humana, sino también a toda la materia, al mundo entero, al universo, porque todo es interdependiente, todo está sujeto a cambio. No existe un solo componente de la creación en un estado autónomo, permanente, puro. Ni tan siquiera el libro que estás sosteniendo, o los átomos, o incluso los dioses. Sólo que algo exista al alcance de nuestra mente, incluso en nuestra imaginación, como un hombre de cuatro brazos, hasta él depende de la existencia de algo más. Así fue como Siddhartha descubrió que la impermanencia no significa muerte, como solemos pensar, significa cambio. Cualquier cosa que cambia en relación con otra cosa: incluso el cambio más sutil está sujeto a las leyes de la impermanencia.

Con estas certezas Siddhartha encontró al menos una vía para comprender y profundizar en el sufrimiento de la mortalidad. Aceptó que el cambio es inevitable y que la muerte es simplemente una parte del ciclo. Además, se dio cuenta de que no existía un poder omnipotente que pudiese dar marcha atrás a este camino hacia la muerte. No había pues esperanza que pudiese atraparle de nuevo. Si no existe una esperanza ciega, no puede haber decepción. Si uno sabe que todo es impermanente, uno no se aferra, si no te aferras, no piensas en términos de tener o carecer, y por tanto, vives plenamente.

El despertar de la ilusión de permanencia de Siddhartha nos da un motivo para referirnos a él como el Buda, el que está Despierto. Ahora, 2500 años después, vemos que lo que él descubrió y enseñó es un tesoro impagable que ha inspirado a millones de personas. Por otro lado, si Siddhartha estuviese aquí, hoy, estaría más que desilusionado,  pues, para la mayor parte de la humanidad, sus descubrimientos no existen. Eso no quiere decir que la ciencia haya logrado refutar lo que él descubrió, no: nadie ha podido convertirse en inmortal. Todos debemos morir en algún momento, como lo hacen 250000 personas, según se estima, cada día. Personas cercanas han muerto, y morirán. Sin embargo, todavía nos alarmamos y entristecemos cuando algún allegado muere, y seguimos buscando la fuente de la juventud o la fórmula secreta para una larga vida. Viajes al supermercado Bio, biberones de DMDAE y Retinol, clases de yoga-power, ginseng Koreano, cirugía estética, inyecciones de colágeno y cremas hidratantes….todo evidencia clara de que compartimos en secreto el deseo de inmortalidad del Emperador Qin.

El príncipe Siddhartha ya no necesitaba ni deseaba el elixir de la inmortalidad. Tomando conciencia de que todo está junto, que la deconstrucción es el infinito, y de que ninguna parte de sus componentes en toda la creación existe como un estado independiente, permanente y puro, se liberó. Todo lo que se junta (que ahora entendemos como todo), junto con su impermanencia, está unido, atado, en uno, como el agua y un cubo de hielo. Cuando añadimos cubitos de hielo a una bebida, obtenemos ambos. De igual modo, cuando Siddhartha observaba a un paseante, hasta al que parecía más sano, lo veía al mismo tiempo viviendo y desintegrándose. Pueden pensar que quizás no suena divertido vivir así, sin embargo puede ser una buena experiencia ver ambos lados. Podría satisfacerle sobremanera. No es como la montaña rusa de la esperanza y decepción, que sube y baja sin fin. Cuando ves las cosas así, empiezan a disolverse a tu alrededor. Se transforma tu percepción de los fenómenos, por ponerlo de alguna manera se ven más claros. Resulta tan fácil ver cómo la gente cae en la trampa de la montaña rusa que naturalmente sientes compasión. Una de las razones por las que tienes tanta compasión es porque la impermanencia es tan obvia, que resulta que ni la ven.

(Versión de María Eulalia Valls Martínez del fragmento de What makes you not a buddhist , de Dzongsar Jamyang Khyentse)


12 de octubre de 2013

WHAT ABOUT LOVE?

One might think that not all emotions are suffering -what about love, joy, creative inspiration, devotion, ecstasy, peace, union, fulfillment, relief? We believe that emotion is necessary for poetry, songs and art. Our definition of “suffering” isn´t fixed, and it is limited. Siddartha´s definition of “suffering” is much more vast and yet much more specific and clear.

Some kinds of suffering, such as aggression, jealousy and headaches, have an obvious negative quality, while others are more subtly painful. For Siddhartha, anything that has a quality of uncertainty and unpredictability is suffering. For instance, love may be pleasant and fulfilling, but it doesn´t spring independently out of the blue. It depends on someone or something, and therefore is unpredictable. At the very least, one is dependent on the object of love and, in a sense, always on a leash. And the additional hidden conditions are uncountable. For this reason it is also futile to blame our parents for our unhappy childhood or to blame ourselves for our parent´s disharmony, because we are not aware of the many hidden dependent conditions involved in these situations.

Broadly speaking, as long as one is in control, one is happy, and as long as someone else holds the leash, one is unhappy. Therefore the definition of “happiness” is when one has full control, freedom, rights, leisure, no obstacles, no leash. That means the freedom to choose and the freedom not to choose, the freedom to be active or to be leisurely.

There are certain things we can do to bend conditions to our advantage, such as taking vitamins to become strong or drinking a cup of coffee to wake up. But we can´t hold the world still so that it won´t stir up another tsunami. We cant prevent a pigeon from hitting the windshield of our car. A big part of our life revolves around trying to make other people cheerful, primarily so that we can feel comfortable. But we can´t keep another person´s emotions upbeat at all times. We can try, and maybe we´ll even succeed sometimes, but such manipulation requires a great amount of maintenance. It´s not enough to say “I love you” just once in the beginning of a relationship. You have to do the right thing -send flowers, pay attention- until the end. If you fail even once, everything you have built can fall apart. And sometimes, even if you give undivided attention, the object of your attention may misinterpret, not know how to accept, or not be receptive at all.

We might think that we aren´t really suffering, and even if we are, it isn´t so terrible. Many people think, I am OK, I am breathing, I am having breakfast, everything is going as well as can be expected, I am not suffering. But what do they mean? Do they mean this 100 percent? Have they stopped preparing for things to get better? Have they dropped all their insecurities? If such an attitude comes from genuine contentment and appreciation for what they already have, this kind of appreciation is what Siddhartha recommended. But rarely do we ever witness such content; there is always this constant nagging feeling that there is more to life, and this discontent leads to suffering.

Siddhartha´s solution was to develop awareness of the emotions. If you can be aware f emotions as they arise, even a little bit, you restrict their activity; they become like teenagers with a chaperone.

When you begin to notice the damage that emotions can do, awareness develops. When you have awareness, -for example, if you know that you are in the edge of a cliff- you understands the danger before you. You can still go ahead and do as you were doing; walking on a cliff with awareness is not so frightening anymore, in fact is thrilling. The real source of fear is not knowing. Awareness doesn´t prevent you from living, it makes living that much fuller. If you are enjoying a cup of tea and you understand the bitter and the sweet of temporary things, you will really enjoy the cup of tea.

What makes you not a buddhist. Dzongsar Jamyang Khientse.

9 de octubre de 2013

WHAT BUDDHA FOUND

Whithout a single scientific tool, Prince Siddhartha sat on a patch of kusha grass beneath a ficus religiosa tree investigating human nature. After a long time of contemplation, he came to the realization that all form, including our flesh and bones, and all our emotions and all our perceptions, are asembled -they are all the product of two or more things coming together. When any two components or more come together, a new phenomenon emerges -nails and wood become a table; water and leaves become tea; fear, devotion, and a savior become God. This end product doesn´t have an existence independent of its parts. Believing it truly exists independently is the greatest deception. Meanwhile the parts have undergone a change. Just by meeting, their character has changed and, together, they have become something else -they are “compounded”.

He realized that this applies not only to the human experience but to all matter, the entire world, the universe -because everything is interdependent, everything is subject to change. Not one component in all creation exists in an autonomous, permanent, pure state. Not the book you are holding, not atoms, not even the gods. So long as something exists within reach of our mind, even in our imagination, such as a man with four arms, then it depends on the existence of something else. Thus Siddhartha discovered that impermanence does not mean death, as we usually think, it means change. Anything that changes in relation to another thing: even the slightest shift, is subject to the laws of impermanence.

Through these realizations, Siddhartha found a way around the suffering of mortality after all. He accepted that change is inevitable and that death is just a part of this cycle. Furthermore, he realized that there was no almighty power who could reverse the path to death; therefore there was also no hope to trap him. If there is no blind hope, there is also no dissapointment. If one knows that everything is impermanent, one does not grasp, and if one does not grasp, one will not think in terms of having or lacking, and therefore one lives fully.

Siddhartha´s awakening from the illusion of permanence gives us a reason to refer to him as the Buddha, the Awakened One. Now, 2500 years later, we see that what he discovered and taught is a priceless treasure that has inspired millions. On the other hand, if Siddhartha were here today, he would be more than a little dissapointed, because, for the most part, his discoveries lies fallow. That is not to say that modern technology is so great that his findings have been refuted: No one has become immortal. Everyone must die at some point; an estimated 250000 human beings do so every day. People close to us  have died and will die. Yet we are still shocked and saddened when a loved one passes away, and we continue to search the fountain of youth or a secret formula for long life. Trips to the health food store, our bottles of DMDAE and retinol, power yoga classes, Korean ginseng, plastic surgery, collagen injections and moisturizing lotion -these are clear evidence that we secretly share Emperor Qin´s desire for immortality.

Prince Siddhartha no longer needed or wanted the elixir of immortality. By realizing that all things are assembled, that deconstruction is infinity, and that not one of the components  in all creation exists in an autonomous, permanent, pure state, he was liberated. Anything that is put together (which we now understand to be everything) and its impermanent nature are bound together as one, just like water and an ice cube. When we put an ice cube in our drink, we get both. Just so, when Siddhartha looked at someone walking around, even the healthiest person, he saw this person as both simultaneously living and disintegrating. You might think this doesn´t sound like a fun way to live, but it can be an amazing ride to see both sides. There might be great satisfaction. It is no like a roller coaster of hope and dissapointment going up and down. Seeing things in this way, they begin to dissolve all around us. Your perception of phenomena transforms, and in a way becomes clearer. It is so easy to see how people get caught up in the roller coaster, and you naturally have compassion for them. One of the reasons you have compassion is that impermanence is so obvious, yet they just don´t see it.


What makes you not a buddhist. Dzongsar Jamyang Khyentse  
 
 
 

15 de agosto de 2013

PARA QUE HE VIVIDO. Bertrand Russel

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo.. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

 Autobiografía. (Prólogo). Bertrand Russel. Ed. Edhasa. 


14 de agosto de 2013

La Gran Corriente - Alan Watts

Parecemos moscas que han caído en un recipiente con miel. Como la vida es dulce, no queremos abandonarla, pero cuanto más participamos en ella, tanto más atrapados, limitados y frustrados nos sentimos. La amamos y la odiamos al mismo tiempo. Nos enamoramos de otros seres y de las posesiones sólo para que nos torture la inquietud que nos producen. El conflicto no es sólo entre nosotros y el universo circundante, sino entre nosotros mismos, pues la naturaleza intratable está tanto en nuestro alrededor como dentro de nosotros. La «vida» exasperante que es a la vez digna de afecto y perecedera, agradable y dolorosa, una bendición y una maldición, es también la vida de nuestros cuerpos. 

Es como si estuviéramos divididos en dos partes. Por un lado esta el «Yo» consciente, a la vez intrigado y desconcertado, la criatura capturada en la trampa. Por otro lado está el «yo», que es una parte de la naturaleza, la carne caprichosa con todas sus limitaciones concurrentes de belleza y frustración. El «Yo» se cree un individuo razonable y critica siempre al «yo» por su perversidad, por tener pasiones que le crean problemas al «Yo», por estar sujeto tan fácilmente a enfermedades dolorosas e irritantes, por tener órganos que se desgastan y apetitos que nunca se pueden satisfacer, diseñados de tal modo que si uno trata de saciarlos plenamente, con una especie de «golpe» definitivo, se enferma. 

Quizá lo más exasperante del «yo», de la naturaleza y el universo, es que nunca se quedan «quietos». Es como una mujer bella a la que nunca cogerán, y cuyo encanto radica en su misma naturaleza huidiza, pues el carácter perecedero y mudable del mundo forma parte de su vivacidad y su encanto. Por este motivo los poetas suelen alcanzar altas cotas de lirismo cuando hablan del cambio, de la «transitoriedad de la vida humana». La belleza de esa poesía radica en algo más que en una nota de nostalgia que produce un nudo en la garganta: 


Ya han terminado nuestras francachelas. Estos actores nuestros,
Como te predije, eran todos ellos espíritus, y,
Se han fundido en el aire, en la atmósfera tenue:
Y, como el tejido infundado de esta visión,
Las torres nimbadas de nubes, los magníficos palacios, Los templos solemnes, el gran globo en sí,
Sí, todo cuanto hereda, se disolverá,
Y, como este insustancial espectáculo desvanecido,
No dejará detrás un solo vestigio.

¿No es, entonces, una extraña incongruencia y una paradoja antinatural que el «Yo» se resista al cambio en «yo» y en el universo circundante? Pues el cambio no es simplemente una fuerza de destrucción. Toda forma es realmente una pauta de movimiento, y todo ser vivo es como el río, el cual, si no fluyen, nunca podría desembocar. La vida y la muerte no son dos fuerzas opuestas, sino simplemente dos maneras de contemplar la misma fuerza, pues el movimiento del cambio es tanto el constructor como el destructor. El cuerpo humano vive porque es un complejo de movimientos, de circulación, respiración y digestión. Resistirse al cambio, tratar de aferrarse a la vida, es, pues, como retener el aliento: si persistes, te matas.


Al pensar en nosotros mismos como divididos en «Yo» y «yo», olvidamos fácilmente que la conciencia también vive porque se mueve. Es tanto una parte y un producto de la corriente de cambio como el cuerpo y todo el mundo natural. Si lo consideras cuidadosamente, verás que la conciencia —eso que llamamos «Yo» — es en realidad una corriente de experiencias, sensaciones, pensamientos y sentimientos en constante movimiento, pero debido a que estas experiencias incluyen los recuerdos, tenemos la impresión de que «Yo» es algo sólido e inmóvil, como una tablilla en la que la vida inscribe su crónica. 

No obstante, la «tablilla» se mueve con los dedos que escriben, como el río fluye junto con las ondas del agua, de modo que la memoria es como una crónica escrita en el agua, no una crónica con caracteres grabados, sino con olas a las que otras olas, llamadas sensaciones y hechos, ponen en movimiento. La diferencia entre el «Yo» y «yo» es en gran medida una ilusión de la memoria. En realidad, el «Yo» es de la misma naturaleza que «yo». Forma parte de todo nuestro ser, de la misma manera que la cabeza forma parte del cuerpo. Pero si no se comprende esto, el «Yo» y «yo», la cabeza y el cuerpo, se sentirán en desacuerdo. El «Yo», al no comprender que también forma parte de la corriente de cambio, intentará encontrar sentido al mundo y la experiencia, tratando de fijarlos. 


Tendremos entonces una guerra entre la conciencia y la naturaleza, entre el deseo de permanencia y el hecho del flujo. Esta guerra debe ser totalmente fútil y frustrante —un círculo vicioso— porque es un conflicto entre dos partes de la misma cosa. Debe conducir al pensamiento y la acción en unos círculos cada vez más rápidos que no van a ninguna parte, pues cuando dejamos de ver que nuestra vida es cambio, nos enfrentamos a nosotros mismos y nos volvemos como Ouroboros, la serpiente desorientada, que trata de morderse su propia cola. Ouroboros es el símbolo perenne de todos los círculos viciosos, de todo intento de dividir nuestro ser y hacer que una parte conquiste a la otra.

Por mucho que luchemos, la «fijación» nunca dará sentido al cambio. La única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile. 

Alan Watts. La sabiduria de la inseguridad. Ed. Kairos. 



12 de agosto de 2013

The only price - Adyashanti


Life without a reason, a purpose, a position... the mind is frightened of this because then "my life" is over with, and life lives itself and moves from itself in a totally different dimension. This way of living is just life moving. That's all.
As soon as the mind pulls out an agenda and decides what needs to change, that's unreality. Life doesn't need to decide who's right and who's wrong. Life doesn't need to know the "right" way to go because it's going there anyway. Then you start to get a hint of why the mind, in a deep sense of liberation, tends to get very quiet. It doesn't have its job anymore. It has its usefulness, but it doesn't have its full-time occupation of sustaining an intricately fabricated house of cards. 

This stillness of awareness is all there is. It's all one. This awareness and life are one thing, one movement, one happening, in this moment -- unfolding without reason, without goal, without direction. The ultimate state is ever present and always now. The only thing that makes it difficult to find that state and remain in that state is people wanting to retain their position in space and time. "I want to know where I'm going. I want to know if I've arrived. I want to know who to love and hate. I want to know. I don't really want to be; I want to know. Isn't enlightenment the ultimate state of knowing?" No. It's the ultimate state of being. The price is knowing. 

This is the beautiful thing about the truth: ever-present, always here, totally free, given freely. It's already there. That which is ever-presently awake is free, free for the "being." But the only way that there's total and final absolute homecoming is when the humanness presents itself with the same unconditionality. Every time a human being touches into that unconditionality, it's such peace and fulfillment. 

In your humanity, there's the natural expression of joy and love and compassion and caring and total unattachment. Those qualities instantly transmute into humanness when you touch into emptiness. Emptiness becomes love. That's the human experience of emptiness, that source, that ever-present awakeness. For the humanness to lay itself down -- your mind, your body, your hopes, your dreams, everything -- to lay itself down in the same unconditional manner in which awareness is ever present, only then is there the direct experience of unity, that you and the highest truth are really one thing. It expresses itself through your humanity, through openness, through love. The divine becomes human and the human becomes divine -- not in any "high and mighty" sense, but just in the sense of reality. That's the way it is. 

The only price is all of our positions. The only price is that you stop paying a price. 


28 de julio de 2013

¿Cuál es el elemento central en la vida común del hombre? - Osho

¿Cuál es el elemento central en la vida común del hombre? ¿Dios? No. ¿El alma? no ¿La verdad? No. ¿Qué hay en el núcleo del hombre? ¿Qué es lo que más estimula al hombre común, desde su "psicología profunda", un hombre promedio, que nunca medita, nunca busca el alma, nunca realiza un peregrinaje? ¿La devoción?...No. ¿La oración?...No. ¿La liberación?.. No. ¿El nirvana?...No, en absoluto. Si intentamos descubrir el impulso más fuerte del hombre común, si buscamos la fuente de la fuerza vital en el hombre, no encontraremos ni a la devoción ni a Dios: ni la oración ni la sed por conocer. Encontraremos allí algo diferente, algo que está siendo olvidado, que no es enfrentado conscientemente, que nunca es evaluado. ¿Qué es ese algo? ¿Qué encontrarás si diseccionas, analizas el fundamento del hombre, ese "algo" que resplandece en el interior del hombre?

Dejando de lado al hombre y concentrándonos en el reino animal o en el reino vegetal, ¿qué encontraríamos en el núcleo de todo? Observando las actividades de una planta, ¿Qué encontramos allí? ¿Adónde conduce su crecimiento? Toda su energía se dirige a producir una nueva semilla. Todo su ser está ocupado en producir una nueva semilla. ¿Qué está haciendo un pájaro? ¿Qué está haciendo un animal? Si observamos profundamente las actividades de la Naturaleza entera, encontraremos un solo proceso ocurriendo en forma entusiasta, y Este es, una "creación continua" - el proceso de procrear, de crear nuevamente diferentes formas de ser. Las flores tienen polen, semillas; los frutos tienen semillas. ¿Cuál es el propósito de la semilla? La semilla crecerá y se volverá una planta, una flor, fruto, semilla y así sucesivamente, y el ciclo se repetirá.... . El proceso de procreación en el "mundo vivo" es eterno. La vida es una fuerza que está ocupada continuamente en regenerarse a sí misma. La vida es creatividad, es un proceso de auto-creación.

Lo mismo es válido en el caso del hombre. A esta pasión, a este proceso, lo hemos bautizado con el nombre de "sexo". También se le llama lujuria. De allí han surgido otros nombres. Se ha transformado en un insulto. Y el acto mismo de desacreditarlo ha contaminado el ambiente.
Y entonces, ¿Qué es esta lujuria, pasión? ¿Cuál es el poder del sexo?

Desde tiempos inmemoriales, las olas del mar vienen, una tras otra, y se estrellan contra la playa. Las olas vienen, se rompen y regresan. Nuevamente vienen, empujan, luchan, se dispersan y regresan. La vida tiene una necesidad interna de progresar, de ir hacia adelante. Estas olas del mar, estas olas de la vida, tienen en sí una inquietud: existe un esfuerzo continuo por lograr algo. ¿Cuál es este propósito? Es un deseo inmenso por lograr una mejor posición. Es una pasión por lograr alturas más elevadas. Detrás de esta energía interminable, la vida lucha por alcanzar una vida grandiosa, una vida mejor.
No hace mucho, sólo unos pocos miles de años, que el hombre apareció en la tierra. Antes de eso, sólo había animales en ella. No hace tanto tiempo que los animales comenzaron a existir. Antes de eso, hubo un tiempo en el cual no había animales, sólo plantas. Y tampoco las plantas han estado en este planeta desde hace mucho. Antes que ellas aparecieran, solo había rocas, montañas, ríos y océanos.

¿Y con qué motivo se hallaba inquieto este mundo de rocas, montañas, ríos y océanos? Estaba luchando por producir plantas. Poco a poco, las plantas aparecieron en la existencia. La fuerza vital se manifestó en una nueva forma. La tierra se cubrió de vegetación. Siguió produciendo vida, procreó. Surgieron las flores, las frutas. Pero las plantas se sentían intranquilas. No se hallaban satisfechas consigo mismas. El impulso interno las llevaba a algo más elevado. Estaban ansiosas de producir al animal... y al ave. Entonces comenzaron a existir los animales y las aves. Ellos ocuparon este planeta por muchísimo tiempo, pero no había ningún hombre a la vista. El hombre estuvo siempre allí, inherente en los animales, esforzándose por romper la barrera para nacer... Y entonces, en su momento, el hombre apareció.

Y ahora, ¿en qué situación se encuentra el hombre? El hombre está esforzándose incesantemente para crear nueva vida. A esta tendencia la hemos llamado sexo; la llamamos "la pasión de la lujuria." ¿Cuál es la dimensión, el significado de esta "lujuria?” Este impulso básico se dirige a crear, a producir nueva vida. No desea terminar consigo misma... Pero, ¿Para qué? ¿Es acaso cierto que desde adentro el hombre está intentando crear un hombre mejor? ¿Una forma de vida más elevada que él mismo? ¿Es acaso cierto que la fuerza de la Vida se halla a la expectativa de un ser que es mucho mejor que el hombre mismo? Sabios, desde Nietzche hasta Aurobindo, de Patanjali a Bertrand Russell, han alimentado un sueño en lo más profundo de sus corazones, un sueño en el cual aparece un hombre superior a sí mismo. ¡Un superhombre! ¿Cómo puede surgir un hombre mejor que el Hombre?

Sin embargo, desde hace miles de años hemos condenado deliberadamente a este impulso de procrear. En vez de aceptarle, le hemos maltratado. Le hemos desacreditado hasta hacerle caer al punto más bajo. Le hemos ocultado y hemos simulado que no está allí, como si no hubiera espacio para Él en la vida, en la disposición de las cosas. Siendo que la verdad del asunto es que no existe nada tan vital como este impulso, al que debiera adjudicársele el lugar que legítimamente le corresponde. Con ocultarle y pisotearle, el hombre no se ha liberado. Al contrario: el hombre se halla ahora en una situación más enredada y peor que antes. La represión ha producido el resultado opuesto.

Alguien está aprendiendo a andar en bicicleta. El camino es grande y ancho. Hay una pequeña roca a un costado del camino. El hombre teme estrellarse contra la roca. Existe una posibilidad en cien de que choque contra esa piedra. Aun un ciego tiene las probabilidades totalmente a su favor en cuanto a pasar sano y salvo. Sin embargo, debido al temor a la roca, cl hombre se concentra solamente en ella. La roca cobra demasiada importancia en su conciencia. El camino se desvanece de su visión. Se halla hipnotizado, y es atraído por esa roca; y finalmente se estrella contra ella. Un novato choca contra aquello, una roca o un poste de energía eléctrico, de lo cual intenta, por todos los medios, salvarse. Y sin embargo, el camino era grande y amplio, ¿cómo se las arregló este hombre para accidentarse?
Según el psicólogo Kouye, una mente promedio se halla gobernada por la "Ley del Efecto Contrario". Nos estrellamos contra aquello que deseamos evitar1 pues el objeto del miedo se transforma en el centro de la conciencia: una precaución. Del mismo modo, el hombre ha estado intentando, durante los últimos cinco mil años, salvarse del sexo, y la consecuencia de ello es que se enfrenta con el sexo, en todas sus formas, en todos los rincones de su vida. La ley del efecto contrario ha capturado el alma del hombre.

¿No te has dado cuenta de que la mente es atraída, es hipnotizada por aquello que intenta eludir? La gente que enseñó al hombre a estar en contra del sexo es totalmente responsable del hecho de que la mente humana está llena de sexo. La sexualidad exacerbada del hombre se debe a enseñanzas pervertidas. Hoy en día, nos sentimos temerosos de hablar acerca del sexo. ¿Por qué sentimos un "temor moral" frente a este tema? Eso se debe a la suposición de que el hombre se volverá más sexual si habla de sexo. Esta idea es totalmente errónea; después de todo, existe una amplia diferencia entre "sexo" y "sexualidad". Nuestra sociedad sólo se verá liberada del fantasma del sexo si desarrollamos el valor necesario para hablar acerca del sexo en forma racional y sana. Sólo podremos trascender el sexo si lo comprendemos en todos sus aspectos.

No podrás liberarte si cierras los ojos frente a un problema. Aquel que cree que el enemigo desaparecerá si cierra los ojos, está loco. En el desierto, el avestruz piensa de la misma manera. Entierra su cabeza en la arena y cree que, puesto que no puede ver al enemigo, el enemigo no está allí. Este tipo de lógica es perdonable en el caso de un avestruz, pero en el caso del hombre, resulta imperdonable. El hombre no se ha comportado mejor que un avestruz en el caso del sexo. Cree que el sexo se desvanecerá si lo ignora, si cierra sus ojos. Si milagros como esos ocurrieran, la vida sería fácil, serìa muy fácil vivir en el mundo. Sin embargo, desgraciadamente, nada desaparece con sólo cerrar los postigos. Al contrario: esta es una prueba de que le tememos, de que su atracción es más poderosa de lo que podemos resistir. Cerramos nuestros ojos porque nos damos cuenta que no podemos reprimirlo. Cerrar los ojos es señal de debilidad, y la humanidad entera es la culpable.
El hombre no sólo ha cerrado abiertamente los ojos frente al sexo, sino que además, con ello se ha involucrado en una cantidad de conflictos internos. Las devastadoras consecuencias de esto son demasiado bien conocidas como para enunciarlas. El noventa y ocho por ciento de los enfermos mentales, los neuróticos, lo están debido a la represión del sexo. La causa del noventa y nueve por ciento de las histerias y enfermedades similares que sufre la mujer, son desórdenes sexuales. La causa principal del miedo, la duda y la ansiedad, la tensión del hombre contemporáneo, es la presión de la pasión, la lujuria. El hombre le ha dado la espalda a una marejada intrínsecamente poderosa. Sin intentar comprenderla, nuestros ojos están cerrados debido al miedo, y las consecuencias de esto han sido demoledoras.

Para comprender esto, el hombre debiera revisar su literatura, el espejo de su mente. Si un hombre de la Luna o Marte viniera aquí y revisara nuestra literatura, leyera nuestros libros y poesía, viera nuestras pinturas... se sorprendería. Se preguntaría por qué todas nuestras artes y literatura giran sólo en torno al sexo. ¿Por qué todas las poesías, novelas, revistas e historias del hombre se hallan saturadas de sexo? ¿Por qué hay una fotografía de una mujer semi desnuda en todas las revistas? ¿Cómo es que todas las películas hechas por el hombre están hiladas en torno a la lujuria y la pasión? Estaría perplejo. ¡Este visitante extraterrestre se preguntaría por qué el hombre sólo piensa en sexo!. Se vería doblemente confundido si se encuentra con un hombre y habla con él, pues éste se esforzará mucho por darle la impresión de que no tiene nada que ver con la existencia del sexo.

Y viceversa: el hombre hablará acerca de Dios, el paraíso, la liberación, etc. No dirá una palabra acerca del sexo, aun cuando todo su ser se halla infectado de ideas respecto al sexo. El extraterrestre quedaría estupefacto al darse cuenta de que el hombre inventa innumerables artificios para satisfacer ese deseo del cual no articula una palabra.

La religión orientada hacia la muerte ha llenado de sexo la mente del hombre.
También hemos pervertido al hombre desde otro ángulo. ¡Y eso en nombre de elevados ideales! Le mostramos el pináculo dorado del celibato, brahmacharya, pero no se entrega ninguna indicación para colocar el pie en el primer peldaño, para comprender la base. En primer lugar, debiéramos aceptar y comprender al sexo, el impulso fundamental, y sólo entonces podríamos esforzamos por trascenderlo, por sublimarlo, que es el modo para alcanzar la etapa del celibato. Sin comprender esta fuerza de vida fundamental en todas sus formas y facetas, todos los esfuerzos por restringirla o suprimirla tornarán al hombre en un loco enfermo e incoherente. No nos concentramos en esta enfermedad principal y hablamos de los altos ideales del celibato. El hombre nunca ha estado tan enfermo, tan neurótico, tan infeliz, tan desgraciado. El hombre está pervertido. Está envenenado desde sus mismas raíces.

 Osho. El libro del sexo.