Ayahuasca

27 de junio de 2020

Las perturbaciones mentales - Gueshe Kelsang Gyatso

Todos los seres buscan la felicidad y desean evitar el sufrimiento, pero muy pocos saben identificar las verdaderas causas de estos estados mentales. Esperamos encontrar la felicidad en los objetos externos y pensamos que si tuviéramos la casa y el coche apropiados, un trabajo bien remunerado y buenos amigos, seríamos felices. Dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a cambiar el mundo externo para satisfacer nuestros deseos. Aunque intentamos rodearnos de amigos y posesiones que nos animen y nos hagan sentirnos cómodos y seguros, seguimos sin disfrutar de felicidad duradera. Incluso cuando logramos nuestros objetivos, deseamos algo más. Aunque hayamos encontrado una casa perfecta, al cabo de unos meses la cocina nos parece pequeña, necesitamos otro dormitorio o un jardín más grande y empezamos a pensar de nuevo en mudarnos. Es posible que nos enamoremos de una persona y queramos compartir nuestra vida con ella. Al principio nos parecerá maravillosa, pero pronto empezaremos a advertir sus defectos, nuestro amor disminuirá y buscaremos otro compañero que llene nuestro vacío.

A lo largo de la historia, los seres humanos nos hemos esforzado por mejorar nuestras condiciones externas, pero aun así no somos más felices que nuestros antepasados. Es cierto que se ha producido un gran progreso material en numerosos países, que la tecnología es cada vez más sofisticada y que el conocimiento del mundo físico ha aumentado considerablemente. Hemos descubierto multitud de fenómenos y podemos realizar actividades que antes eran inimaginables. Parece que el mundo está mejorando, pero si lo analizamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que ahora tenemos más problemas que nunca. Hemos inventado armas de destrucción masiva y contaminado el medio ambiente, y nuevas enfermedades aparecen sin cesar. Incluso los placeres más básicos, como comer o tomar el sol, se están convirtiendo en un peligro.

Como resultado de buscar la felicidad fuera de nosotros, destruimos el planeta, nuestra vida se vuelve cada vez más complicada y estamos siempre insatisfechos. Por lo tanto, ha llegado el momento de buscar la felicidad en otro lugar. Debido a que la felicidad es un estado mental, debemos buscarla en nuestra mente, no en los objetos externos. Si mantenemos una mente pacífica y tranquila, seremos felices en todo momento. De lo contrario, con una mente insatisfecha, por mucho que alteremos las circunstancias externas, cambiando de casa o de compañero, jamás encontraremos la verdadera felicidad. 

Debemos esforzarnos por transformar nuestra mente. El primer paso para ello es reconocer los estados mentales que producen felicidad y los que causan sufrimiento. En budismo, los estados mentales que producen felicidad se llaman mentes virtuosas, y los que perturban nuestra paz y causan sufrimiento, perturbaciones mentales o engaños. Existen numerosos engaños, como el apego, el odio, los celos, el orgullo, la avaricia y la ignorancia. Son enemigos internos porque nos roban la felicidad y su función es perjudicarnos.

Las perturbaciones mentales son percepciones distorsionadas de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea, y el modo en que perciben los fenómenos no se corresponde con la realidad. Todos los engaños actúan del mismo modo, proyectando una versión distorsionada de la realidad y haciéndonos reaccionar como si esta proyección fuera cierta. Podría decirse que sufrimos alucinaciones. Puesto que nuestra mente está bajo la influencia de perturbaciones mentales sutiles en todo momento, no es de extrañar que nos sintamos frustrados tan a menudo. Es como si persiguiéramos un espejismo que nos decepciona constantemente al no proporcionarnos la satisfacción que esperamos.

(Introducción, pp. 3-5) Ocho pasos hacia la felicidad. Gueshe Kelsang Gyatso.

(GK Gyatso es un erudito kadampa y maestro de meditación nacido en Tibet y residente en UK .Autor de numerosas obras , unifica la antigua sabiduría budista con el modo de vida contemporáneo). 

5 de septiembre de 2019

En ausencia de lo sagrado

Indígenas americanos, aborígenes del desierto australiano, nativos de las islas del Pacífico, indígenas de las selvas ecuatoriales, inuits del Canadá ártico... en realidad todavía no conozco a ningún grupo de nativos que no llame Madre al planeta. Y todos lo interpretan literalmente. Plantas, animales, la vida entera tal como la conocemos se nutre de su pecho. Hemos germinado en su seno, somos parte de ella, nacemos de ella y volvemos a ella para convertirnos en nueva vida. Muchos autores afirman que las sociedades occidentales temen, detestan, destruyen y también reverencian a los indígenas precisamente porque expresan aquellos aspectos psicológicos personales y culturales que tenemos que reprimir para actuar en el mundo como lo hacemos. ¿Cómo podría existir hoy la Civilización Occidental tal como es si un gran número de sus ciudadanos creyera que los minerales, los árboles y la tierra misma están vivos? ¿Y no sólo que están vivos, sino que son nuestros iguales? Nuestra sociedad desaparecería si de pronto creyera que es sacrílego extraer los minerales de la tierra o comprar o vender terrenos...

Millones de indígenas de todo el mundo, ya vivan en los desiertos, en la selva, en las regiones boreales o en Estados Unidos, comparten la idea de que se oponen a un solo enemigo de múltiples brazos: una sociedad cuyas teorías fundamentales, cuyo pensamiento y cuyo sistema de organización política y económica le permiten saquear tranquilamente el planeta y expulsar a los indígenas de sus territorios ancestrales.

Jerry Mander. En ausencia de lo sagrado.


27 de mayo de 2019

Muy bien, muy bien...

En una aldea de pescadores, una muchacha soltera tuvo un hijo y, tras ser vapuleada, al fin reveló quién era el padre de la criatura: el maestro Zen, que se hallaba meditando todo el día en el templo situado en las afueras de la aldea.

Los padres de la muchacha y un numeroso grupo de vecinos se dirigieron al templo, interrumpieron bruscamente la meditación del Maestro, censuraron su hipocresía y le dijeron que, puesto que él era el padre de la criatura, tenía que hacer frente a su mantenimiento y educación. El Maestro respondió únicamente: "Muy bien, muy bien...".

Cuando se marcharon, regogió del suelo al niño y llegó a un acuerdo económico con una mujer de la aldea para que se ocupara de la criatura, la vistiera y la alimentara.

La reputación del Maestro quedó por los suelos. Ya no se le acercaba nadie a recibir instrucción.

Al cabo de un año de producirse esta situación, la muchacha que había tenido el niño ya no pudo aguantar más y acabó confesando que había mentido. El padre de la criatura era un joven que vivía en la casa de al lado.

Los padres de la muchacha y todos los habitantes de la aldea quedaron avergonzados. Entonces acudieron al Maestro, a pedirle perdón y solicitar que les devolviera el niño. Así lo hizo el Maestro. Y  todo lo que dijo fue: "Muy bien, muy bien..."


El canto del pájaro. A. De Mello.

24 de diciembre de 2018

El samsara, la impermanencia y la muerte

Si contemplamos nuestra vida veremos claramente cuántas tareas sin importancia, a las que llamamos «responsabilidades», se acumulan para llenarla. Un maestro las compara a «hacer la limpieza de la casa en sueños». Nos decimos que queremos dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tenemos tiempo. El mero hecho de levantarnos por la mañana supone una multitud de tareas: abrir la ventana, hacer la cama, ducharse, limpiarse los dientes, dar de comer al perro o al gato, fregar los platos de la noche anterior, descubrir que te has quedado sin azúcar o café, salir a comprarlo, preparar el desayuno... Es una lista interminable. Luego hay que buscar la ropa, elegirla, plancharla, volverla a guardar. ¿Y el cabello? ¿Y el maquillaje? Desvalidos, vemos cómo se nos llenan los días de llamadas telefónicas y proyectos triviales, de responsabilidades y responsabilidades... ¿O no deberíamos llamarlas «irresponsabilidades»?

Parece que nuestra vida nos vive, que posee su propio impulso imprevisible, que se nos lleva; en último término, nos parece que no tenemos elección ni control sobre ella. Naturalmente, esto a veces nos hace sentir mal, tenemos pesadillas y despertamos sudorosos, preguntándonos: «¿Qué estoy haciendo de mi vida?». Pero nuestros temores sólo duran hasta la hora del desayuno; aparece el maletín y volvemos a estar donde empezamos.

La palabra «cuerpo» en tibetano es , que quiere decir «algo que se deja atrás», como el equipaje. Cada vez que decimos , recordamos que sólo somos viajeros refugiados temporalmente en esta vida y este cuerpo.

Me gusta mucho el siguiente consejo de Patrul Rimpoché:

Ten presente el ejemplo de una vaca vieja,
que se da por satisfecha durmiendo en un cobertizo. Tienes que comer, dormir y cagar,
eso es inevitable,
lo demás no es asunto tuyo.

A veces pienso que el mayor logro de la cultura moderna es su brillante manera de vender el samsara y sus distracciones estériles. La sociedad moderna me parece una celebración de todas las cosas que alejan de la verdad, que hacen difícil vivir para la verdad y que inducen a la gente a dudar incluso de su existencia. Y pensar que todo esto surge de una civilización que dice adorar la vida, pero en realidad la priva de todo sentido real; que habla sin cesar de «hacer feliz» a la gente, pero que de hecho obstruye su camino a la fuente de la auténtica alegría.

Este samsara moderno se alimenta de la misma ansiedad y depresión que induce en todos nosotros y que fomenta cuidadosamente con una maquinaria de consumo que necesita mantenernos deseosos para continuar funcionando. El samsara es muy organizado, versátil y refinado; nos asalta con su propaganda desde todos los ángulos y crea a nuestro alrededor un entorno de adicción casi inexpugnable. Cuanto más intentamos escapar, parece que más caemos en las trampas que con tanto ingenio nos tiende. Jikmé Lingpa, maestro tibetano del siglo XVIII, dijo: «Hipnotizados por la variedad misma de las percepciones, los seres vagan perpetuamente errantes por el círculo vicioso del samsara».

Así obsesionados por falsas esperanzas, sueños y ambiciones que prometen felicidad pero sólo conducen a la desdicha, somos como personas que se arrastran por un desierto sin fin, muertas de sed. Y todo lo que este samsara nos ofrece para beber es un vaso de agua salada que intensifica nuestra sed.

Hacer planes para el futuro
es como ir a pescar en un barranco seco;
nada sale jamás como quieres;
renuncia pues a todos tus proyectos y ambiciones. Si has de pensar en algo, que sea
en la incertidumbre de la hora de tu muerte...

Hemos de darnos una sacudida de vez en cuando y preguntarnos seriamente: «¿Y si muriera esta noche? Entonces, ¿qué?». No sabemos si mañana despertaremos, ni dónde. Si después de espirar el aire no podemos volver a inspirar, nos morimos. Así de sencillo.

Que nos tomemos la vida en serio no quiere decir que debamos pasarla toda meditando como si viviéramos en las montañas del Himalaya o en el Tíbet de los antiguos tiempos. En el mundo moderno hemos de trabajar y ganarnos la vida, pero no debemos enredarnos en una existencia «de nueve a cinco» sin prestar ninguna consideración al sentido profundo de la vida. Nuestra tarea consiste en encontrar un equilibrio, encon- trar el camino del medio, aprender a no volcarnos en preocupaciones y actividades accidentales, sino a simplificar nuestra vida cada vez más. La clave para encontrar un equilibrio feliz en la vida moderna es la sencillez.

En el budismo, este es el verdadero sentido de la palabra disciplina. Así pues, la disciplina consiste en hacer lo que es justo o apropiado; es decir, en una época excesivamente complicada, simplificar nuestra vida. Lo que hayamos hecho con nuestras vidas es lo que somos cuando morimos. Y cuenta todo, absolutamente todo.

Cuando se acercaba a la muerte, Buda dijo:

De todas las huellas de pisadas,
la del elefante es suprema;
de todas las meditaciones sobre la presencia mental,
la de la muerte es suprema.

Siempre que perdemos la perspectiva o nos dejamos llevar por la pereza, reflexionar sobre la muerte y la impermanencia nos devuelve de una sacudida a la verdad.

A veces, cuando enseño estas cosas, se me acerca alguien al terminar y me dice: «¡Todo eso es evidente! Siempre lo he sabido. Explíqueme algo nuevo». Entonces le pregunto: «¿Ha comprendido y captado realmente la verdad de la impermanencia? ¿La ha integrado hasta tal punto en todos sus pensamientos, respiraciones y movimientos, que su vida ha quedado transformada? Hágase estas dos preguntas: ¿Recuerdo en todo momento que estoy muriendo, y que todas las demás personas y cosas también mueren, de modo que trato a todos los seres en todo momento con compasión? Mi comprensión de la muerte y de la impermanencia, ¿es tan aguda y urgente que dedico hasta el último segundo a la búsqueda de la Iluminación? Si puede responder "sí" a estas dos preguntas, entonces ha comprendido de verdad la impermanencia».

El libro tibetano de la vida y de la muerte. Sogyal Rimpoche.

 




19 de diciembre de 2018

El Arte de Perder - La Impermanencia

Escribió Shantideva en el siglo VIII:

Todo lo que poseo y uso
Es como la fugaz visión de un sueño.
Se desvanece en el reino de la memoria;
Y tras desvanecerse, ya no vuelvo a verlo nunca más.

(Pema Chodrom)

En nuestra mente los cambios siempre equivalen a pérdida y sufrimiento. Y, cuando se producen, procuramos anestesiarnos en la medida de lo posible. Reflexione sobre esto: la percepción de la impermanencia es, paradójicamente, la única cosa a que podemos aferramos, quizá nuestra única posesión duradera. Siempre que perdemos la perspectiva o nos dejamos llevar por la pereza, reflexionar sobre la muerte y la impermanencia nos devuelve de una sacudida a la verdad:

Lo que ha nacido morirá, lo que se ha recogido se dispersará, lo que se ha acumulado se agotará, lo que se ha construido se derrumbará y lo que ha estado en alto descenderá.

(Sogyal Rimpoche)

Aunque yo repita una y otra vez que los fenómenos surgen en el momento presente y que no son ni estables ni seguros, nadie se lo toma en serio. La gente no piensa en ello demasiado. Sea lo que sea lo que ocurra, yo me digo: “¡Oh! Esto no es permanente”, o “Esto no es seguro”. Es sumamente sencillo. Todo cuando ocurre es impermanente e inseguro. Pero al no verlo o comprenderlo, nos confundimos y angustiamos. Tomamos aquello que es impermanente por permanente. Aquello que no es seguro por seguro. Yo no ceso de decirlo, pero la gente no lo capta y vive persiguiendo una cosa tras otra constantemente.

Hemos de observar este punto con más detenimiento. Si no somos conscientes de la impermanencia, todo cuando poseemos se convertirá en motivo de sufrimiento cuando lo perdamos. En cambio, si somos conscientes de ella, podremos aprovechar las cosas sin sentirnos abrumados por ellas. Si logras hacerlo, tu mente estará en paz. 

Al practicar de esta forma nuestra mente está viendo constantemente las cosas con claridad. Los fenómenos surgen y desaparecen. Después de desaparecer, vuelven a surgir y luego desaparecen de nuevo. Si nos apegamos a lo que ocurre, sufrimos en ese mismo instante. En cambio, si no nos apegamos, el sufrimiento no llega a surgir. Vemos esta realidad en nuestra propia mente. Todo cuanto hemos de hacer es observar nuestra mente en el presente.
(Ajahn Chah)

UN ARTE

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.
Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas, las horas malgastadas.
El arte de perder no es muy difícil.
Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.
Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.

(Elizabeth Bishop)





11 de octubre de 2018

Sobre la ética y los medios de vida - Krishnamurti

INTERLOCUTOR: ¿Cuáles son las bases de un recto medio de vida? ¿Cómo puedo averiguar si mi medio de vida es el apropiado, y cómo he de encontrar un medio de vida correcto en una sociedad básicamente incorrecta?

KRISHNAMURTI: En una sociedad básicamente incorrecta, no puede haber medios de vida correctos. ¿Qué es lo que actualmente sucede en todo el mundo? Cualquiera que sea nuestro medio de vida, nos lleva a la guerra, a la desdicha a la destrucción, lo cual es un hecho obvio. Cualquier cosa que hacemos conduce inevitablemente al conflicto, al deterioro, a la crueldad y al dolor. Por lo tanto, la presente sociedad es básicamente incorrecta; se funda, ¿no es así?, en la envidia, el odio y el deseo de poder, y una sociedad semejante debe por fuerza crear medios de vida incorrectos, tales como el del militar, el policía y el abogado. Por su propia naturaleza, son un factor de desintegración en la sociedad, y cuantos más abogados, policías y militares hay, más evidente resulta el deterioro de la sociedad. Eso es lo que está sucediendo en todo el mundo: hay más militares, más policías, más abogados y, naturalmente, el hombre de negocios va bien con ellos. Todo eso ha de cambiarse a fin de echar los cimientos de esta sociedad correcta; y nosotros pensamos que una tarea semejante es imposible. No lo es, pero somos ustedes y yo quienes tenemos que hacerla. Porque actualmente, cualquier medio de vida que intentamos, o bien crea desdicha para otro, o conduce a la destrucción final de la humanidad, lo cual se muestra en nuestra existencia cotidiana. ¿Cómo puede cambiarse eso? Puede cambiarse sólo cuando ustedes y yo no buscamos poder, no somos envidiosos, no estamos llenos de odio y antagonismo. Cuando ustedes, en su relación mutua, producen esa transformación, entonces están contribuyendo a crear una sociedad nueva, una sociedad compuesta por personas que no se hallan sujetas por la tradición, que no piden nada para sí mismas, que no persiguen el poder; a causa de que son internamente ricas, han encontrado la realidad. Sólo el hombre que busca la realidad puede crear una sociedad nueva; sólo el hombre que ama puede dar origen a una transformación en el mundo.

Sé que ésta no es una respuesta satisfactoria para la persona que desea averiguar cuál es el recto medio de vida en la presente estructura social. Usted tiene que hacer lo mejor que pueda en la presente estructura de la sociedad: puede ser un fotógrafo, un comerciante, un abogado, un policía o lo que fuere. Pero sea consciente de lo que está haciendo, sea inteligente, despierto, sepa bien lo que hace, lo que perpetúa con su acción, reconozca toda la estructura de la sociedad, con su corrupción, su odio, su envidia; y si usted mismo no cede a estas cosas, entonces tal vez pueda contribuir a crear una nueva sociedad. Pero en el momento en que pregunta cuál es el medio de vida correcto, todas estas cuestiones están inevitablemente ahí, ¿verdad? Usted no está satisfecho con su medio de vida; desea ser envidiado, desea tener poder, mayores lujos y comodidades, posición y autoridad; por lo tanto, está creando o manteniendo por fuerza una sociedad que traerá destrucción al hombre, a usted mismo. 

Si ve claramente ese proceso de destrucción en su propio medio de vida, si ve que es el resultado de su propia persecución del medio de vida, entonces, obviamente encontrará el medio correcto de ganar dinero. Pero primero tiene que ver el cuadro de la sociedad tal como es, una sociedad desintegradora, corrupta; y cuando vea eso muy claramente, entonces vendrá su medio de ganarse la vida. Pero primero tiene que ver el cuadro, ver el mundo tal como es, con sus divisiones nacionales, sus crueldades, ambiciones, odios y controles. Entonces, a medida lo vea con mayor claridad, encontrará que surge un medio de ganarse la vida; usted no tiene que buscarlo. Pero la dificultad con la mayoría de nosotros es que tenemos demasiadas responsabilidades: padres, madres, esperan que ganemos dinero y los mantengamos. Y como es difícil conseguir un empleo en nuestra sociedad tal como es actualmente, cualquier ocupación es bienvenida; y así caemos dentro de los mecanismos de la sociedad. Pero aquellos que no están tan obligados, que no tienen necesidad de un trabajo inmediato y, por lo tanto, pueden considerar la totalidad del cuadro, son los responsables. Pero ya lo ve, los que no están comprometidos en lograr un empleo inmediato, se hallan atrapados en alguna otra cosa: se interesan en su expansión personal, en sus comodidades, en sus lujos, en sus diversiones. Tienen tiempo, pero lo dilapidan. Y los que disponen de tiempo son los responsables de cambiar la sociedad; los que no padecen la presión inmediata de ganarse el sustento son los que verdaderamente deberían interesarse en todo este problema de la existencia y no quedar enredados en la mera acción política, en actividades superficiales. Aquellos que disponen de tiempo y del así llamado ocio, deberían buscar la verdad, porque son ellos los que pueden dar origen a una revolución en el mundo, no el hombre cuyo estómago está vacío. Pero, desafortunadamente, los que disponen de tiempo libre no se ocupan de lo eterno. Se ocupan en llenar su tiempo. Así que ellos también son una causa de desdicha y confusión en el mundo. Por lo tanto, aquellos de ustedes que están escuchando, que disponen de un poco de tiempo, deben dedicar pensamiento y consideración a este problema y, por medio de la propia transformación, darán origen a una revolución en el mundo.



Krishnamurti. Sobre la ética y los medios de vida. Edaf Ediciones. 



3 de septiembre de 2018

El compromiso de no hacer daño - Pema Chodron

En su versión más simple, el camino de la liberación empieza evitando hacernos daño a nosotros mismos o a los demás.  Cuando hablas o actúas se produce una reacción en cadena y las emociones de otras personas se ven implicadas en la situación. Cada vez que actúas agresivamente o por necesidad imperiosa, celos, envidia u orgullo, es como tirar una piedra a un estanque y ver cómo se expanden las ondas: todos los que hay a tu alrededor se ven afectados.

Evitar hablar o actuar ralentiza nuestro ritmo y nos permite ver nuestras respuestas habituales de una forma clarísima. Hasta que no vemos nuestras reacciones habituales no podemos saber con precisión qué provoca que nos veamos atrapados y qué nos ayudará a liberarnos.

Si partes de la visión de que eres bueno en tu esencia en vez de la que dice que tu esencia tiene algún defecto, al hablar o actuar, al evitar algunas cosas, empezarás a tener una comprensión creciente de que no eres una mala persona que necesita mejorar, sino que realmente eres una buena persona con hábitos que te están causando mucho sufrimiento pero que son susceptibles de cambiar.

Todos llevamos con nosotros toneladas de viejas costumbres, pero, por suerte para nosotros, hay posibilidad de eliminarlas. Conseguir evitarlas es algo muy poderoso porque nos da la oportunidad de reconocer cuándo nos vemos atrapados.

Cada vez que no nos abstenemos de reaccionar o actuamos sin reflexionar, estamos reforzando las viejas costumbres. Estamos manteniendo en funcionamiento todo el mecanismo del sufrimiento. Pero cuando nos abstenemos de reaccionar nos estamos permitiendo sentir la incertidumbre subyacente, esa energía tensa e inquieta, sin intentar escapar de ella. Las vías de escape están ahí, pero nosotros no las estamos utilizando. No estamos intentando erradicar los pensamientos, nos estamos entrenando para no vernos enredados en ellos. "No creas todo lo que piensas" es la idea básica en este caso.

Empezamos a ver cómo nos protegemos contra el dolor con una armadura y cómo esa armadura también nos aleja del dolor de otras personas (y también de su parte bella).  Nuestra armadura no está hecha más que de hábitos y miedos y sentimos que podemos dejar que todo eso se suelte.

La ciencia está demostrando que cada vez que nos abstenemos de reaccionar mecánicamente sin reprimirnos se establecen nuevas conexiones neuronales en el cerebro. Al no lanzarnos a las antiguas vías de escape nos estamos predisponiendo a nuevas formas de vernos a nosotros mismos, a una nueva forma de relacionarnos con el mundo misteriosamente impredecible en que vivimos.

Este compromiso es muy simple: hablamos o actuamos con el fin de escapar o no. Es muy importante empezar con este enfoque tan directo: no hablar o actuar para evadirnos. Punto.

SOBRE HABLAR DE FORMA  CONSIDERADA

Consciente de sufrimiento que provoca hablar desconsideradamente, yo hago el voto de cultivar la forma de hablar más correcta. Sabiendo que las palabras pueden provocar felicidad o sufrimiento, haré todo lo que pueda para no mentir ni cotillear ni criticar, para no utilizar  palabras duras o vanas y para no decir cosas que provoquen la división o el odio. Aspiro a decir siempre la verdad.

En su obra, La práctica del bodisatva, Shantideva enumera todas las formas que se le ocurren de expresar cómo es estar a punto de hablar o de actuar de forma neurótica. Y en todos los casos nos recomienda no hacerlo. Cuando surgen pensamientos de deseo o apetencias, o queremos hablar o actuar agresivamente. El consejo de Shantideva es:

Cuando la mente está llena de farsas
Y de orgullo y altiva arrogancia,
Cuando queremos mostrar al mundo los defectos ocultos de otros,
Sacar a la luz las antiguas disensiones o actuar con falsedad,
Cuando lo que queremos son halagos hacia nosotros,
Críticas para difamar a otros,
O utilizar un lenguaje duro para provocar una trifulca,
Es cuando debemos mostrarnos como un tronco de madera.

Tal vez tú quieras caerle bien a todo el mundo. O quedar por encima de otra persona. O simplemente te apetece cotillear. O estás impaciente. O estás deseando provocar una pelea. Tal vez te veas tentado a lanzarte a "un discurso altivo e insolente" o al cinismo, el sarcasmo y la condescendencia. Si reconoces lo que ocurre y evitas hacerlo, eso abrirá un espacio en tu mente. Aferrándote a tu forma de ver las cosas y a tus opiniones, pensando que siempre tienes razón y poniéndote por encima de los demás sólo conseguirás estar perpetuamente atrapado. Seguirás haciendo que la gente se sienta furiosa o inferior y te mantendrás luchando en batallas innecesarias. ¿Y cuál es el remedio? Examínate, dice Shantideva. Mira exactamente lo que estás haciendo. "Fíjate en tus pensamientos dañinos y en cada lucha inútil y aplica los remedios necesarios para mantener la mente tranquila".



(Extraído de Vivir bellamente... en la incertidumbre y el cambio. Pema Chödrön.)