Ayahuasca

13 de agosto de 2018

SÉ NIEVE FUNDIDA

Totalmente consciente, y sin motivo alguno, vienes a verme.
¿Hay alguien aquí?, pregunto.
La luna. La luna llena está dentro de tu casa.

Mis amigos y yo salimos corriendo a la calle.
Estoy aquí dentro, dice una voz desde la casa, pero nosotros no estamos atentos.

Estamos mirando al cielo.
Mi ruiseñor querido solloza en el jardín como un borracho.
Las tórtolas se dispersan con quietos lamentos: ¿Dónde?, ¿dónde?
Pensando:  Ya ha regresado el adiestro ladrón.
De hecho, el ladrón en persona está ahí, entre ellos, gritando:
Sí, el adiestro ladrón está entre esta multitud.
Nadie le presta atención.

Oh, siempre estoy contigo quiere decir que cuando buscas a Dios,
Dios está en la mirada de tus ojos,
En el pensamiento de mirar, más cerca de ti que tú mismo
O que las cosas que te han sucedido.
No hay necesidad de dirigirse afuera.

Sé nieve fundida.
Lava a tu yo de ti mismo.

Una flor blanca brota en el silencio.
Que tu lengua se convierta en esa flor.

(La esencia de Rumi. Coleman Barks)

11 de julio de 2018

RECONOCER NUESTROS DEFECTOS EN EL ESPEJO DEL DHARMA

La razón principal de que no estimemos a los demás es que estamos tan preocupados por nosotros mismos, que no nos queda espacio en la mente para pensar en ellos. Si deseamos apreciar a los demás, debemos reducir nuestra obsesión por nosotros mismos. ¿Por qué nos consideramos tan importantes? Porque estamos habituados a generar la mente de estimación propia. Desde tiempo sin principio nos hemos aferrado a un yo con existencia verdadera. Este aferramiento al yo es el origen de la estimación propia, que piensa de forma instintiva: “Soy más importante que los demás”. Para los seres ordinarios, aferrarse al yo y estimarse a uno mismo son las dos caras de una misma moneda: el auto-aferramiento se aferra a un yo con existencia inherente, mientras la estimación propia lo quiere y protege como si fuera algo muy valioso. Esto ocurre porque estamos tan familiarizados con nuestra estimación propia, que en ningún momento nos olvidamos de nuestro bienestar, ni siquiera mientras dormimos.

Puesto que nos consideramos más importantes que los demás, exageramos nuestra buenas cualidades y creamos una visión distorsionada de nosotros mismos. Cualquier circunstancia sirve para alimentar nuestro orgullo, como tener un cuerpo atractivo, posesiones, conocimientos, experiencia o una posición social elevada. Cuando tenemos una buena idea, pensamos: “¡Qué inteligente soy!” y si viajamos al extranjero nos consideramos personas interesantes. Incluso nos enorgullecemos de comportamientos de los cuales deberíamos avergonzarnos, como tener habilidad para engañar a los demás, o de cualidades imaginarias. En cambio, nos resulta muy difícil reconocer nuestros errores. Dedicamos mucho tiempo a contemplar nuestras buenas cualidades, reales o imaginarias, y nos olvidamos de nuestros defectos. En realidad, nuestra mente está llena de perturbaciones mentales, pero no las reconocemos e incluso nos engañamos a nosotros mismos negándonos a admitir que tenemos estas mentes. Es como limpiar la casa escondiendo la suciedad bajo la alfombra.

A menudo nos resulta tan doloroso aceptar nuestras faltas, que preferimos buscar excusas antes que cambiar la concepción elevada que tenemos de nosotros mismos. Una de las maneras más comunes de no reconocer nuestros defectos es echando la culpa a los demás. En lugar de responsabilizarnos de nuestras acciones y esforzarnos por mejorar nuestra conducta, discutimos con los demás e insistimos en que son ellos quienes deben cambiar. Debido a la excesiva importancia que nos concedemos a nosotros mismos, criticamos a los demás, lo que nos causa multitud de problemas. Al no aceptar nuestros defectos, los demás nos los señalan, y entonces pensamos que son injustos con nosotros. En lugar de observar nuestro comportamiento para comprobar si sus críticas son justificadas, nuestra estimación propia nos hace ponernos a la defensiva y buscar defectos en ellos.

Otra razón de que no apreciemos a los demás es que nos fijamos en sus faltas y no en sus buenas cualidades. Por desgracia, tenemos gran habilidad para descubrir los defectos de los demás y señalarlos, analizarlos e incluso se podría decir para meditar en ellos. Debido a esta actitud crítica, si discrepamos con nuestros amigos en alguna ocasión, en lugar de comprender su punto de vista, pensamos en las razones por las que están equivocados. Al fijarnos solo en sus defectos, nos enfadamos y les guardamos rencor, y en lugar de sentir aprecio por ellos, deseamos perjudicarlos y criticarlos. De esta manera, pequeños desacuerdos pueden convertirse en conflictos que se prolongan durante meses. 

No es beneficioso pensar en nuestras buenas cualidades y buscar defectos en los demás. Lo único que conseguiremos será considerarnos más importantes que ellos, aumentar nuestro orgullo y faltarles el respeto. 

Es absurdo pensar que somos más importantes que los demás y fijarnos sólo en nuestras buenas cualidades. Con ello no aumentarán nuestras virtudes ni se reducirán nuestros defectos, y tampoco conseguiremos que los demás compartan la opinión favorable que tenemos de nosotros mismos.

Si, en cambio, reconocemos las buenas cualidades de los demás, nuestro orgullo irá disminuyendo hasta que, al final, los consideraremos más importantes que nosotros. Entonces, sentiremos amor y compasión hacia ellos y realizaremos acciones virtuosas de manera natural. Si contemplamos las virtudes de los demás solo obtendremos beneficios. Por lo tanto, mientras los seres ordinarios se fijan en los defectos de los demás, los Bodhisatvas reconocen sus buenas cualidades.

Algunas personas afirman que su problema es que carecen de autoestima, y que debemos fijarnos solo en nuestras buenas cualidades para adquirir confianza en nosotros mismos. No obstante, aunque es cierto que para progresar en en el camino espiritual debemos confiar en nuestro potencial y aumentar nuestras virtudes, también hemos de reconocer nuestros defectos. Si somos sinceros con nosotros mismos, reconoceremos que nuestra mente está llena de engaños, como el odio, el apego y la ignorancia. Estas perturbaciones no desaparecerán por sí mismas por mucho que lo deseemos. La única manera es aceptando su existencia y esforzándonos por eliminarlas. 

Una de las funciones del Dharma es actuar como un espejo en el que podemos ver reflejados nuestros defectos. Por ejemplo, cuando nos enfademos, en lugar de buscar excusas, debemos pensar: “El odio es un veneno mental. No me ayuda ni me aporta ningún beneficio, sino que solo sirve para perjudicarme”. También podemos utilizar el espejo del Dharma para distinguir entre el amor y el apego. El amor nos proporciona felicidad mientras que el apego solo nos causa más sufrimiento. 

Aunque hemos de ser conscientes de nuestros defectos, no debemos dejarnos desanimar por ellos. Es posible que nos enfademos con facilidad, pero ello no significa que el odio forme parte inherente de nosotros. Cuando reconocemos nuestras perturbaciones mentales, no debemos identificarnos con ellas pensando: “Soy un inútil y un egoísta” o “estoy siempre enfadado”, sino identificarnos con nuestro potencial puro, cultivar la sabiduría y esforzarnos por eliminar los engaños. 



Gueshe Kelsang Gyatso. Ocho pasos hacia la felicidad. 

11 de mayo de 2018

Oración de las etapas del camino - Gueshe Kelsang Gyatso

Bendecidme para que comprenda
que generar fe sincera en el bondadoso maestro espiritual
fuente de toda virtud, es la raíz del camino.
Y así le siga siempre con gran devoción.

Bendecidme para que comprenda
que este excelente renacimiento humano dotado de libertad
es muy valioso y difícil de conseguir.
Y así dedique el día y la noche a extraer su esencia.

Mi cuerpo es frágil como una burbuja en el agua,
rápidamente decae y se destruye.
Y así como la sombra siempre sigue al cuerpo,
el resultado de mis acciones proseguirá a la muerte.

Con este entendimiento firme en la memoria
bendecidme para que, con extrema cautela,
evite siempre la mínima acción indebida
y acumule virtud en abundancia.

Los placeres del samsara son ilusorios,
no producen satisfacción sino tormentos.
Por ello, bendecidme para que solo me esfuerce
en lograr el gozo sublime de la liberación.

Bendecidme para que, con gran cuidado y atención,
inducido por este pensamiento puro,
mantenga el pratimoksha, la raíz de la doctrina,
como mi práctica esencial.

Al igual que yo, todos los maternales seres 
están hundidos en el océano del samsara,
bendecidme para que me adiestre en la bodhichita,
y pueda liberar pronto a todos los seres.

Pero si sólo cultivo esta mente
sin aplicarme en las tres modalidades,
no alcanzaré nunca la iluminación.
Por ello, bendecidme para que guarde los votos del Bodhisatva,

Pacificando mis distracciones
e investigando el significado real,
bendecidme para que logre la unión 
de la permanencia apacible y la visión superior.

Bendecidme para que, a través del camino común,
me convierta en un recipiente puro
y entre en el camino de los seres afortunado,
el vajrayana, el camino supremo.

Las dos realizaciones dependen 
de mis sagrados votos y promesas.
Bendecidme para que lo entienda con claridad,
y siempre los mantenga aunque mi vida peligre.

Realizando a diario las cuatro sesiones
tal como indican los maestros sagrados,
bendecidme para que pronto alcance 
las dos etapas del camino del tantra.

Que los Guías que me muestran el buen camino
y las amistades que me ayudan tengan larga vida,
y bendecidme para que pacifique por completo 
todos los obstáculos, externos e internos.

Que siempre encuentre maestros perfectos
y disfrute del Dharma sagrado,
y que realizando las etapas del camino
pronto alcance el estado de Vajradhara.


Gueshe Kelsang Gyatso. Ocho pasos hacia el despertar.


Ocho pasos hacia la felicidad: El modo budista de amar 
de Gueshe Kelsang Gyatso y otros 
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2 de marzo de 2018

Comprender que todo cambia - Pema Chodron

Chogyam Trungpa solía hablar de la ansiedad fundamental del ser humano. Esta ansiedad o sensación de vértigo ante la impermanencia no es algo que nos afecte sólo a unos pocos; más bien se trata de un estado que lo domina todo y que compartimos todos los seres humanos. Pero en vez de vernos desalentados por la ambigüedad, la incertidumbre de la vida, ¿por qué no aceptarla y relajarnos con ella? ¿Por qué no decir: "Si, así es como es, esto es lo que significa ser humanos" y decidir que vamos a sentarnos cómodamente y disfrutar del viaje?

Por suerte Buda nos dio muchas instrucciones para hacer justo eso. Entre ellas encontramos la tradición que en el budismo tibetano se conoce como "los tres votos" o "los tres compromisos". Son tres métodos para aceptar lo caótico, lo inestable, lo dinámico, la naturaleza desafiante de nuestra situación como camino hacia el despertar. El primer compromiso, denominado el voto pratimoksha, es la base para la liberación personal. Se trata del compromiso de procurar no infligir daño con nuestras acciones, palabras o pensamientos, un compromiso para mostrar bondad unos con otros. Nos proporciona una estructura en la que aprendemos a trabajar con nuestros pensamientos y emociones y a evitar hablar o actuar empujados por la confusión. El siguiente paso para estar cómodos con ese desarraigo existencial es el compromiso de ayudar a los demás. Este voto, llamado bodhisattva,  consiste en dedicar nuestras vidas a mantener los corazones y las mentes abiertos y en alimentar nuestra compasión a fin de aliviar el sufrimiento del mundo. El tercer compromiso, samaya, estriba en la resolución de aceptar el mundo tal como es, sin prejuicios.

Es un compromiso para ver todo lo que surja ante nosotros, bueno o malo, agradable o doloroso, como una manifestación de energía de la iluminación. De esta manera nos comprometemos a ver todas las cosas como un medio a través del cual podemos aumentar nuestro despertar.

¿Pero qué siginifica la ambigüedad fundamental del ser humano en la vida cotidiana? Por encima de todo comprender que todo cambia. Como escribió Shantideva en el siglo VIII:

Todo lo que poseo y uso
Es como la fugaz visión de un sueño.
Se desvanece en el reino de la memoria;
Y tras desvanecerse, ya no vuelvo a verlo nunca más.


Extraído del libro Vivir bellamente. Pema Chödrön. Ed. Gaia. 

1 de marzo de 2018

Cuando las enseñanzas no duales no lo son

Las afirmaciones de morar en una conciencia de unidad se oyen muchísimo en los círculos espirituales modernos; y, ¿cómo no, teniendo en cuenta que estamos profundamente arraigados en una cultura servilmente dedicada a los apaños y "subidones" rápidos, sean espirituales o de otro tipo? Cuando tratamos de convertir un momento de despertar en algo exagerado y excesivo, lo único que que hacemos es crear y reforzar más la misma identidad individual que estamos tan ansiosos por trascender.

Oír enseñanzas que nos dicen que ya somos seres plenamente realizados y no duales que, simplemente, hemos olvidado nuestra verdadera naturaleza puede tranquilizarnos o consolarnos, pero en la mayoría de casos tiende a distraernos del trabajo que verdaderamente necesitamos hacer, el cual incluye enfrentarnos y trabajar con nuestro miedo, nuestra agresividad, nuestra avaricia, nuestra vergüenza o cualquier otra cosa de nosotros mismos de la que hayamos hecho un mal uso o nos hayamos apartado. La sombra central de las enseñanzas "pseudo-no dualistas" es el dualismo no reconocido, cuya característica más común es una aversión a reconocer que necesitamos realizar un trabajo psicológico en profundidad.  Ramana Maharshi habló y actuó desde una perspectiva no dual, simplemente, porque no sabía hacer otra cosa. Pero igual de importante es que no estaba buscando inmunizarse de las cosas más crudas de la vida y que, desde luego, no se entretenía con ingeniosidades del lenguaje o la teoría. Era, de hecho, radicalmente asequible. Es viviendo de verdad -metiéndonos de lleno en las complicaciones de la vida, incluido ese naciente mundo de neurosis y evasiones conocido como "relaciones íntimas"- como aprendemos la radical integridad y totalidad que resulta tan esencial para una adecuada comprensión de nuestra naturaleza no dual.

Si bien las enseñanzas no duales señalan la inutilidad de buscar lo que, en realidad, jamás se perdió, omiten puntualizar que dicha búsqueda, generalmente, no se experimenta como inútil hasta que se ha emprendido. De este modo muchos buscadores espirituales que creen en tales enseñanzas quedan desamparados en una tierra de nadie, supuestamente "por encima" de los niveles de desarrollo que creen haber trascendido pero que sólo se han saltado "intelectualmente". Estamos aquí con apariencia de humanos, así que ¡entremos de verdad en ello! Solo cuando nos involucramos verdaderamente podemos ser totalmente conscientes de nuestra relación con Todo Cuanto Existe.

Concluyo con una profunda reverencia a los verdaderos maestros de los no dual, en cuya presencia y amor continuos mis palabras se extienden más allá de sí mismas, y en cuya sabiduría mi arrogancia se evapora, sin dejar mas que Lo Que Realmente Importa, sea cual sea la forma que adopte.



La evasión espiritual. pp 179-181. Dr. Robert Augustus Masters. Ed. Vesica Piscis.

13 de febrero de 2018

La leyenda dice que Bodhidharma había estado meditando en una cueva durante nueve años cuando Huike vino a él para recibir enseñanzas.

Huike dijo a Bodhidharma:
-Mi mente está ansiosa. Por favor, cálmala.
A lo que Bodhidharma respondió:
-Tráeme tu mente y la calmaré.
Huike dijo:
-A pesar de que la he buscado, no la encuentro.
Bodhidharma entonces dijo:
-Así pues, he calmado tu mente.

Mindfulness: Una guía para el despertar espiritual. Joseph Goldstein.


30 de diciembre de 2017

Tao Te Ching - 11

Unimos los radios de una rueda,
pero es el agujero central 
lo que permite que el carro se mueva.

Torneamos la arcilla para hacer una vasija,
pero es el vacío interno
lo que contiene aquello que vertemos en ella.

Hincamos estacas para construir una cabaña,
pero es el espacio interior
lo que la hace habitable.

Trabajamos con el ser,
pero es el no-ser lo que usamos.

                                                     (Lao Tzu)




17 de diciembre de 2017

La transitoriedad - Alan Watts

Comprender que no hay seguridad es mucho más que estar de acuerdo con la teoría de que todas las cosas cambian, más incluso que observar la transitoriedad de la vida. La noción de seguridad se basa en la sensación de que hay en nosotros algo que es permanente, algo que se mantiene inmutable a través de los años y los cambios de la vida. 

Nos esforzamos para asegurar la permanencia, la continuidad y la seguridad de ese núcleo duradero, ese centro y alma de nuestro ser que llamamos «Yo», pues creemos que eso constituye el hombre auténtico, el que piensa nuestros pensamientos, el que siente nuestros sentimientos y el que conoce nuestro conocimiento. No comprenderemos realmente que la seguridad es una quimera hasta que nos demos cuenta de que ese «Yo» no existe.

La comprensión tiene lugar a través de la conciencia.

¿Podemos entonces abordar nuestra experiencia, nuestras sensaciones, sentimientos y pensamientos, con toda sencillez, como si nunca los hubiéramos conocido hasta ahora, y, sin prejuicios, observar lo que sucede? Quizá se pregunte usted: «¿Qué experiencias, sensaciones y sentimientos debemos observar?» Y yo responderé: «¿Cuáles puede usted observar?» La respuesta es que debe observar aquellos que tiene ahora. Sin duda esto es bastante evidente, pero con frecuencia las cosas muy evidentes se pasan por alto. Si un sentimiento no está presente, no somos conscientes de él. No hay más experiencia que la presente. Lo que sabemos, aquello de lo que tenemos realmente conciencia, es sólo lo que está sucediendo en este momento, y nada más.

Pero, ¿y los recuerdos? ¿No es evidente  que, mediante el recuerdo, puedo conocer lo que ya pertenece al pasado? Muy bien, recuerde algo, por ejemplo, el incidente de ver a un amigo paseando por la calle. ¿De qué tiene usted conciencia? No está viendo el hecho verdadero del amigo que camina por la calle. No puede acercarse a él y estrecharle la mano, u obtener una  respuesta a una pregunta que se olvidó de formularle en el pasado que usted recuerda. En otras palabras, usted no observa en absoluto el pasado real, sino un rastro del pasado que está en el presente.

Es como ver las huellas de un ave en la arena. Veo las huellas presentes, pero no veo al mismo tiempo al ave que imprimió esas huellas una hora antes. El ave ha volado y no tengo conciencia de ella. Infiero de las huellas que ahí hubo un ave. Inferimos de los recuerdos que ha habido acontecimientos pasados, pero no somos conscientes de ningún acontecimiento pasado. Sólo conocemos el pasado en el presente y como parte
del presente.

Vemos, pues, que nuestra experiencia es por completo momentánea. Desde un punto de vista, cada momento es tan elusivo y tan breve que ni siquiera podemos pensar en él antes de que haya pasado. Desde otro punto de vista, este momento está siempre aquí, ya que el único momento que conocemos es el momento presente, que siempre agoniza, siempre se convierte en pasado con más rapidez de lo que puede concebir la imaginación. No obstante, al mismo tiempo está siempre naciendo, es siempre nuevo, emerge rápidamente de este desconocido absoluto que llamamos el futuro. Pensar en ello casi nos quita la respiración.

Decir que la experiencia es momentánea es tanto como decir que la experiencia y el momento presente son lo mismo. Decir que este momento siempre agoniza o se convierte en pasado, y siempre está naciendo o saliendo de lo desconocido, es decir lo mismo de la experiencia. La experiencia que uno ha tenido se ha desvanecido de un modo irrecuperable, y todo lo que queda de ella es una especie de estela o huella en el presente, que es lo que llamamos memoria. Si bien puede suponerse qué experiencia vendrá a continuación, la verdad es que no lo sabemos. Podría suceder cualquier cosa. Pero la experiencia que tiene lugar ahora es, por así decirlo, un niño recién nacido que se desvanece incluso antes de que pueda empezar a crecer.

Hay un relato chino sobre alguien que se presentó ante un gran sabio y le dijo: «No tengo paz de espíritu; por favor, pacifícamelo». El sabio le respondió: «Tráeme tu mente (tu “Yo”) y lo pacificaré». El hombre replicó: «Durante todos estosaños he buscado mi espíritu, pero no puedo encontrarlo». «Entonces está pacificado!», respondió el sabio.

Alan Watts. Mensaje para una era de ansiedad.