Ayahuasca

21 de agosto de 2011

Recuerde el alma dormida...

  Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte             
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,            
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                          
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar            
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

  Nuestras vidas son los ríos       
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                         
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos         
y los ricos.
(...)


(Coplas a la muerte de su padre. Jorge Manrique (1440-1479)

26 de julio de 2011

Todo llega, todo pasa.


“El Buda nació en el bosque. Tras haber nacido en el bosque, estudio el Dharma en él. También enseñó en el bosque, empezando por el sermón sobre la puesta en movimiento de la rueda del Dharma. Y entró en el nirvana en el bosque.
La tradición del bosque es ideal para los que estamos interesados en ella porque nos permite comprender el bosque. Vivir en él no significa que nuestra mente se vuelva salvaje como la de los animales que lo habitan, sino que se eleva y se vuelve noble espiritualmente. Al residir en la ciudad, vivimos entre distracciones y constantes interferencias. En cambio, en el bosque la vida es silenciosa y tranquila. En él podemos contemplar las cosas con claridad y desarrollar la sabiduría. Por eso el silencio y la tranquilidad del bosque son nuestros más fieles amigos y ayudantes. Como esta clase de entorno fomenta la práctica del Dharma, hacemos de él nuestra morada, las montañas y las cuevas son nuestro refugio. 
Al observar los fenómenos naturales que se dan en él, surge la sabiduría en nosotros. Aprendemos de los árboles y de todo lo demás, y los comprendemos, y ello nos produce un estado de gozo. Los sonidos de la naturaleza no perturban nuestra mente. Oír a los pájaros cantar a su antojo nos produce una gran alegría. En el bosque no reaccionamos movidos por ninguna clase de aversión ni tenemos pensamientos dañinos. No hablamos con crueldad ni actuamos agresivamente con nadie ni con nada. Los sonidos del bosque son un deleite para la mente, y aunque oigamos sonidos, ésta permanece en calma”. 
(Todo llega, todo pasa. Enseñanzas sobre la cesación del sufrimientoAjahn Chah). 




11 de abril de 2011

Aquí, todavía. Ram Dass

Una historia china habla acerca de un anciano demasiado débil para trabajar en el jardín o en las tareas del hogar. Permanece sentado en el porche , mirando los campos mientras que su hijo labra la tierra y planta las semillas. Un día su hijo alza la cabeza y piensa: "¿Qué tiene de bueno ahora que es viejo? Todo lo que hace es comer. Tengo esposa e hijos en los que pensar. ¡Es el momento para que se despida de la vida!". Así que prepara una gran caja de madera, la coloca sobre una carretilla , se dirige hacia el porche y le dice al anciano: "Padre, entra". El padre se echa en la caja y el hijo lo cubre con la tapa, y luego se dirige hacia el acantilado. Al borde del precipicio , el hijo escucha unos golpes desde el interior de la caja. "¿Si, padre?", pregunta el hijo. El padre contesta. "¿Por qué no me echas sólo a mí y conservas la caja? Tus hijos la van a necesitar un día".
(Aquí, todavía. Cambiar, envejecer, morir. Ram Dass)