13 de febrero de 2017

La religión del consumismo

“El consumismo ha trabajado muy duro, con la ayuda de la psicología popular («Simplemente, ¡“hazlo!»), para convencer a la gente de que los caprichos son buenos para nosotros, mientras que la frugalidad es una opresión autoimpuesta.

Y ha tenido éxito. Todos somos buenos consumidores. Compramos innumerables productos que en realidad no necesitamos, y que hasta ayer no sabíamos que existieran. Los fabricantes diseñan deliberadamente productos de corta duración e inventan nuevos e innecesarios modelos de productos perfectamente satisfactorios que hemos de comprar con el fin de estar «a la moda». Comprar se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos de la gente, y los bienes de consumo se han convertido en mediadores esenciales en las relaciones entre los miembros de la familia, los cónyuges y los amigos. Las festividades religiosas, como la Navidad, se han convertido en festividades de compras. En Estados Unidos, incluso el “Memorial Day (que originalmente era un día solemne para recordar a los soldados caídos) es ahora una ocasión para ventas especiales. La mayoría de la gente celebra este día yendo de compras, quizá para demostrar que los defensores de la libertad no murieron en vano.

El florecimiento de la ética consumista se manifiesta de manera más clara en el mercado alimentario. Las sociedades agrícolas tradicionales vivían bajo la sombra terrible de la hambruna. En el mundo opulento de hoy en día, uno de los principales problemas de salud es la obesidad, que golpea a los pobres (que se hartan de hamburguesas y pizzas) más que a los ricos (que comen ensaladas orgánicas y batidos de frutas). Cada año la población de Estados Unidos gasta más dinero en dietas que la cantidad que se necesitaría para dar de comer a toda la gente “hambrienta en el resto del mundo. La obesidad es una doble victoria para el consumismo. En lugar de comer poco, lo que conduce a la contracción económica, la gente come demasiado y después compra productos dietéticos, con lo que contribuye doblemente al crecimiento económico.

¿Cómo podemos conciliar la ética consumista con la ética capitalista de la persona de negocios, según la cual no se deben malgastar las ganancias, sino que deben reinvertirse en la producción? Es sencillo. Como en épocas anteriores, en la actualidad existe una división del trabajo entre la élite y las masas. En la Europa medieval, los aristócratas gastaban descuidadamente su dinero en lujos extravagantes, mientras que los campesinos vivían frugalmente, fijándose en cada penique. Hoy en día las tornas han cambiado. Los ricos cuidan mucho de gestionar sus valores e inversiones, mientras que los menos acomodados se endeudan comprando coches y televisores que no necesitan realmente. La ética capitalista y la consumista son dos caras de la misma moneda, una mezcla de dos mandamientos. El supremo mandamiento de los ricos es «¡Invierte!». El supremo mandamiento del resto de la gente es «¡Compra!».

“La ética capitalista-consumista es revolucionaria en otro aspecto. La mayoría de los sistemas éticos anteriores planteaban a la gente un acuerdo muy duro. Se les prometía el paraíso, pero solo si cultivaban la compasión y la tolerancia, superaban los anhelos y la cólera y refrenaban sus intereses egoístas. Para la mayoría, esto era demasiado duro. La historia de la ética es un triste relato de ideales maravillosos que nadie cumple. La mayoría de los cristianos no imitan a Jesucristo, la mayoría de los budistas no siguen las enseñanzas de Buda y la mayoría de los confucianistas habrían provocado a Confucio un berrinche colérico.

En cambio, la mayoría de la gente vive hoy siendo capaz de cumplir con éxito el ideal capitalista-consumista. La nueva ética promete el paraíso a condición de que los ricos sigan siendo avariciosos y pasen su tiempo haciendo más dinero, y que las masas den rienda suelta a sus anhelos y pasiones y compren cada vez más. Esta es la primera religión en la historia cuyos seguidores hacen realmente lo que se les pide que hagan. ¿Y cómo sabemos que realmente obtendremos el paraíso a cambio? Porque lo hemos visto en la televisión.”




Pasaje de: Yuval Noah Harari. “Sapiens.” Compra tu libro en el enlace.




10 de febrero de 2017

Y uno aprende...

Y uno aprende...
después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma.

Y uno aprende
que el amor
no significa recostarse
y una compañía
no significa seguridad.

Y uno empieza a aprender….
que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas
y que uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana
es demasiado inseguro para planes…..
y los futuros tienen una forma
de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende
que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar
que alguien le traiga flores.

Y uno aprende….
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
y que con cada adiós uno aprende.


(Autor desconocido)



Extraído del blog:

lapalabradeltiempo.blogia.com


Dicen que es una versión libre de Borges sobre un texto de Shakespeare: http://ellugardejuan.blogspot.com/2007/11/y-uno-aprende-de-jorge-luis-borges.html